Una Niñera para Tres

CAPÍTULO 29

Capítulo 29

Ethan

Bajamos juntos del coche y Grace me tomó de la mano. Así subimos las escalinatas del edificio; así tomamos el elevador hasta el quinto piso; así entramos a su apartamento y también así, con sus dedos entrelazados con los míos y en silencio, me condujo hasta su cuarto.

Entonces supe que tenía su permiso.

Le quité lentamente el vestido, rozando con la punta de mis dedos, casi con temor, su piel suave y tibia, y, olvidando por primera vez su edad y la mía, me estremecí como cualquier hombre se estremece ante el roce íntimo de la mujer que ama.

Me despojé con prisa de mi ropa y nos tumbamos en su lecho, sumergiéndonos en una vorágine de besos y caricias largamente reprimidos. No quedó un solo centímetro de su cuerpo que no hubiera recorrido con mis besos, ni un solo secreto suyo que no me fuera revelado. Supe qué la hacía feliz, qué la hacía vibrar, cuál de todas mis caricias le provocaba mayor gozo. Por primera vez en toda mi vida mi propio placer se alimentó del placer de ella, y fue maravilloso.

Cuando ambos acabamos exhaustos después de la explosión y el éxtasis, al entregarme a la calma sintiendo junto a mí el calor de su cuerpo desnudo, la intimidad de su piel pegada a mi piel significó otro nivel de placer, de paz profunda, de plenitud y liberación, dejando de ser “yo” para sentir que éramos “nosotros”.

Desperté cuando la sentí esconder su rostro contra mi pecho.

—Buen día, amor –musité.

Ella se apretujó contra mí y luego se estiró para besarme, y, por supuesto, me halló dispuesto. Después de lo que vivimos esa mañana de domingo, todo mi ser estaba preparado para lo que ella demandara, por lo que volví a comenzar el recorrido de su cuerpo con mis dedos y a excitarme al oír sus suaves gemidos de placer.

—Ya no sigas –protestó mimosa–, debemos levantarnos. Tengo el almuerzo con mis amigas.

—¿Yo puedo ir?

—No, estará Aaron, ¿cómo le explicarías cuando lleguemos juntos?

—Él es hombre. Lo entenderá.

—Sí, pero espera a que se haga a la idea. Además debes almorzar con las niñas.

—Con qué facilidad te deshaces de mí –le dije con un beso.

—No por mucho tiempo. Nos vemos esta noche –musitó sobre mi boca.

* * *

Grace

El almuerzo con mis amigas se sintió diferente, pero no era la reunión la que había cambiado, era yo. Sentía la energía del amor en cada célula de mi cuerpo y me sentía brillar por dentro y por fuera, como si cada poro de mi piel fuera una ventanita a mi luz interior que había ido encendiéndose poco a poco desde que entré a trabajar en la mansión de los Beckett y que había culminado de encenderse esa madrugada.

Hazel y June lo notaron de inmediato y me sonrieron con complicidad.

—Tenemos que hablar –susurró Hazel en tanto Aaron se concentraba en saludar encantado a Sussy.

—Más tarde –le respondí de la misma manera, agregando una sonrisa.

* * *

Esa noche esperé con ansias a que Ethan regresara. El hambre de su piel y de su boca, de sus manos y de su hombría aún no se había saciado. De hecho, sospechaba que nunca se saciaría, porque tal vez, cuando fuéramos ancianos y el deseo sexual entrara en calma, el contacto de su piel y de sus manos seguiría siendo mi oasis.

Cuando golpeó la puerta abrí de prisa. Estaba tan encantador como siempre, esta vez con ropa casual, de la que solía usar en la intimidad de su hogar y que traía a esta nueva intimidad compartida conmigo.

Volvimos a amarnos con locura, como si quisiéramos recuperar el tiempo perdido entre temores e indecisiones.

¡Y vaya que lo recuperamos! ¡Con creces!

En la mañana del lunes volvimos a despertarnos abrazados piel con piel, exhaustos pero felices. A regañadientes nos levantamos de la cama y compartimos la ducha, con todo lo que ello implicaba, y nos dispusimos a enfrentar la semana laboral como era debido.

Él tenía que ir a la empresa y yo me había comprometido a llevar a las niñas a la escuela, ya que las niñeras que trabajaron después de mí resultaron muchas e inconstantes, y por el momento sólo contaban con Lucy para cuidarlas, pero la pobre también debía ocuparse de las tareas domésticas.

Después de que las dejara en el Northern Institute, comenzaría mi recorrido por todas las instituciones educativas de Flagstaff ofreciendo mis servicios docentes, por si la directora de la preparatoria Pine Hollow olvidaba llamarme.

Mientras preparaba el café para ambos encendí la televisión para escuchar las noticias. Tengo que reconocer que fue la decisión más desafortunada, aunque tarde o temprano nuestras vidas se verían arruinadas de todos modos.

Al oír “teatro Northern Lights” subí el volumen. Era el segmento de “sociedad y espectáculos de Flagstaff”.

La periodista había comenzado con la ponderación del ballet “El Cascanueces” y lo impecable de la presentación. Sin embargo, lo que siguió fue devastador.



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En el texto hay: romance, amor, diferencia de edad

Editado: 05.01.2026

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