Una Niñera para Tres

CAPÍTULO 32

Capítulo 32

Ethan

—¡¡¡Así que te metiste con la niñera!!! ¡Qué patético, Ethan! –soltó Mildred apenas acepté la llamada.

Tras sentir la vibración de mi móvil y ver que se trataba de ella, primero me había despedido sin prisa de Grace para dejarla descansar en su cuarto -ese cuarto que, desde que ella lo había dejado, nadie más lo había vuelto a ocupar- y después, mientras me dirigía a mi cuarto y viendo que Mildred insistía, había recibido su llamada.

—¿Qué quieres a esta hora?

—¡Me sorprende lo bajo que has caído, Ethan! –insistió ella con evidente intención de molestarme.

—¿Tú hablando de caer bajo?

—Pero ¡con la niñera!

—Grace ya no es nuestra niñera, y cuando lo era se ganaba cada centavo de su salario. Ahora es una excelente profesora de matemáticas, es una mujer inteligente e independiente, algo que tú no tienes ni idea de lo que significa.

»Vuelvo a preguntarte –continué después de una pausa que ella no interrumpió, imaginé que porque estaba rumiando su rabia–: ¿qué quieres a esta hora?

—Dinero. Esta casa es muy pequeña, encontré otra a mi gusto pero al vender ésta tendré que pagar la diferencia.

—¿Y por qué tengo que darte yo el dinero? ¿Tu empresario de Seattle no puede?

—Ese maldito ya tiene una más joven. Y tú tienes a mis hijos… No sé si me entiendes.

—En el divorcio ya se estableció que los chicos quedaban conmigo, como siempre lo hicieron, y si están a mi cargo, ¿por qué tendría que darte dinero?

—Porque en ese momento no protagonizabas un escándalo. Ahora yo podría apelar por la tranquilidad de los niños.

Esa mujer jamás cambiaría. Otra vez iba a aprovecharse de mí y de mi amor por mis hijos para su propio beneficio. Ahora, que lo veo a la distancia, no entiendo cómo pude enamorarme de ella si siempre había sido así: fría y ambiciosa. Para justificarme quise creer que fue porque jamás había conocido a nadie como Grace. Una mujer como ella, tan cálida y diferente, habría eclipsado a todas las chicas de la facultad.

—¿Tú sabes que existe algo llamado “trabajo”, Mildred?

—Argumenta lo que quieras, pero piensa en lo que te dije –dijo por lo bajo, tras lo cual cortó la comunicación.

No tuve un sueño tranquilo, necesitaba los brazos de Grace y la calma de tiempos pasados, por lo que me levanté muy temprano, más cansado de lo que me había acostado, y me preparé para ir a la empresa.

Antes de marcharme fui a ver a Grace.

Encontré la puerta de su cuarto semiabierta por lo que me atreví a abrirla un poco más. Ella me sonrió desde el centro de la cama, pero no estaba sola: a cada lado y abrazadas a ella dormían plácidamente Alice y Lycia.

No pude dejar de pensar que era la madre perfecta para mis hijas, y de desear con todas mis fuerzas que así sea.

* * *

Grace

Ethan me tiró un beso desde la puerta y se marchó. Vestía traje por lo que supuse que iría a la empresa. Miré la hora: las 7; debía despertar a las niñas y ese día decidí que yo las llevaría a la escuela, porque mi vida no podía continuar en suspenso.

Tras dejarlas en el instituto, y sin incidentes con periodistas en el camino, fui a mi apartamento. Primero tomé una ducha, luego elegí un vestido a la rodilla y zapatos bajos, tomé mi carpeta con la documentación que necesitaba y me dispuse a comenzar mi búsqueda de un nuevo trabajo.

A diferencia de lo que había planeado, esa mañana decidí que comenzaría por la preparatoria Pine Hollow, al menos allí me conocían y me habían prometido una suplencia.

* * *

—Buen día, señorita Whitmore –me saludó la directora con una sonrisa que intentaba ser amable pero que a mí me pareció tensa–. Por supuesto que la recuerdo.

—Vengo a dejarle una copia de la Carta de Finalización de Estudios y los Certificados de algunos cursos de capacitación que tengo acreditados.

—Ah, en cuanto a eso… –replicó nerviosa, sin decidirse a recibir mis papeles–. Yo sé que le prometí que la llamaría pero… la situación ha cambiado. En la reunión del Consejo Escolar decidimos buscar otras opciones. En esta institución tratamos de contratar a docentes con perfil bajo, para evitar comentarios y exposición pública que distraigan a los alumnos de lo estrictamente académico, por lo que ya nos hemos comunicado con otra docente más idónea… Lo siento, señorita Whitmore.

Me negué a llorar delante de esa mujer, pero cuando llegué a mi coche di rienda suelta a mi angustia. No sólo me habían rechazado, sino que me habían insultado por la absoluta falta de consideración a mis capacidades. No les importaba si podía llegar a ser una buena docente, sólo les importaba el escándalo que me envolvía como una sombra.

Nunca había odiado a nadie, pero esa mañana odié al Canal 3.

De pronto comencé a comprender la preocupación de Ethan.

¿A ésto se refería cuando habló de que habían afectado mi “proyección profesional”? ¿Él ya sabía lo que iba a suceder? ¿Y qué otros conflictos les esperaban a sus hijos?



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En el texto hay: romance, amor, diferencia de edad

Editado: 05.01.2026

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