Una Niñera para Tres

CAPÍTULO 33

Capítulo 33

Grace

Desperté en los brazos de Ethan y me arrebujé contra su pecho. Necesitaba sentirme protegida aunque fuera por un poco de tiempo más esa mañana, después volvería a pensar en la vida y sus problemas; por el momento, quería permitirme que sus brazos y el calor de su cuerpo fueran todo mi mundo.

Él apretó el abrazo, besó mi coronilla y luego susurró:

—Buen día, amor.

—Un rato más –supliqué.

Él sólo acarició mi pelo y no dijo nada. Siempre me consentía, aún esa mañana que tenía serios compromisos que cumplir en su trabajo.

Permanecimos abrazados por una media hora más hasta que decidí que era hora de liberarlo y permitirle que cumpliera con sus obligaciones.

Después de tomar una ducha, preparé huevos revueltos, tostadas con mantequilla, mermelada y café, y nos sentamos a desayunar juntos en mi pequeña cocina.

—No me dijiste como te fue ayer en las escuelas.

—Sí te dije, me fue bien.

—Pero no te creí, algo en tu voz cambia cuando me mientes.

No quería sumarle preocupaciones, por lo que no sólo no le hablaría de todos los rechazos sino que tampoco de las decisiones que había tomado la tarde anterior. De todos modos él se enteraría llegado el momento.

—Tú no debes preocuparte, ya tienes suficiente con la empresa y tu familia.

Él me miró en silencio, como si quisiera agregar algo pero decidiera que no era el momento.

—Confía en mí –agregué con una sonrisa cargada de amor–, pronto encontraré trabajo.

Esa mañana, al despedirnos, él me tomó entre sus brazos y me dijo quedo antes de besarme:

—Sabes que puedo ayudarte, ¿verdad? Tengo influencias, sobre todo en la escuela de las niñas.

—Lo sé, pero prefiero hacerlo por mi cuenta –repliqué colgándome de su cuello–. No te preocupes por mí y confía en que sabré arreglármelas sola.

Apenas se marchó recibí un mensaje de la Agencia de Niñeras. Esa idea había sido mi opción temporal: cuidar niños por horas antes de tocar fondo con mis ahorros.

La primera opción, trabajar nuevamente para Ethan, la había descartado nada más apareció en mi mente; no quería renunciar a él, había encontrado al hombre capaz de devolverme la confianza y quitarme el aliento, todo en uno, y no iba a dejarlo ir tan fácilmente.

La segunda opción, buscar trabajo en Sedona, la puse en marcha esa misma tarde. Llamé a mamá, le expliqué la situación y le envié los documentos para que presentara por mí en las escuelas.

Sólo restaba esperar.

* * *

Ethan

Grace me escondía algo, pero sabía que debía confiar en ella. Sospechaba que el acoso mediático que había desatado el canal le estaba presentando dificultades, sin embargo ella me había pedido que le tuviera confianza, y eso era exactamente lo que iba a hacer, aunque la preocupación me carcomiera por dentro.

Esa mañana tenía trabajo de campo con Noah: visitaríamos los terrenos próximos al Gran Cañón donde construiríamos cabañas para turistas.

Al llegar a la zona volvió a mí, vívido, el recuerdo de mi primera cita con Grace, y me sentí invadido por sentimientos confusos. Había sido la cita más romántica e intensa de mi vida, había invertido en ella toda mi creatividad y mi esfuerzo, y había terminado con la magia que sólo ella podía crear. Y sin embargo, esa cita había desembocado en un caos que aún no había logrado solucionar.

Tuve que hacer un gran esfuerzo para reconectarme con el proyecto de construcción, mis sentimientos y los problemas amenazaban mi claridad mental para enfocarme en el trabajo.

* * *

—Esta noche no vengas –me dijo bajo Grace, el sábado, mientras mirábamos a las niñas correr por el parque–. Tengo trabajo.

—¿Trabajo? –inquirí con el ceño fruncido.

—Voy a cuidar a dos niños. Sus padres pasarán toda la noche fuera. Creo que será una cita romántica con hotel incluído.

—¿Niños? ¿Por qué, Grace? ¿Por qué no…

—Trabajar para ti, no, Ethan, a menos que terminemos. Tú sabes que no es ético y fomentará las habladurías.

Ciertamente lo sabía. Era consciente de que, en los tiempos que corren, el concepto de “desequilibrio de poder” era tomado muy en serio, por eso la política de nuestra empresa, al igual que de toda empresa que se considere seria, prohibía las relaciones entre jefe y subordinado, y si se daban, se castigaba con el despido de ambas partes. Sin embargo, yo estaba convencido de que lo que teníamos con Grace era diferente, que ella no se había sentido presionada para aceptarme… ¿o sí?...

Esa duda comenzó a molestarme, porque yo había implementado en mi hogar la misma política de la empresa, y se lo había dejado bien en claro a mi hijo, y luego yo mismo no la había respetado. Eso hizo que comenzara a sentirme preocupado y avergonzado.

—Dime, Grace, ¿alguna vez te sentiste presionada por mí? Aquel beso en la piscina… me disculpo por eso… no quería obligarte a nada… sólo…sólo me dejé llevar como un adolescente.



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En el texto hay: romance, amor, diferencia de edad

Editado: 05.01.2026

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