Una Niñera para Tres

CAPÍTULO 35

Capítulo 35

Grace

—Chicas, hoy no iré a almorzar –escribí en el grupo de WhatsApp que tenía con mis amigas.

—Wow! Ten cuidado Grace –respondió Hazel–. Mira que la actividad intensa te puede traer problemas ja ja

—No le hagas caso –refutó June–. Tú quédate y disfruta de tu hombre

—No es lo que creen! –repliqué agregando el emoji de la mujer con la mano en la cara– Él no está aquí. Y no sé si volverá a estar alguna vez

—Queeeeé?!!! Qué pasó?!!! –exclamó Hazel.

—No lo creo! Tu novio es un divino y tú estás loquita de amor por él! Tienes que explicarnos –agregó June.

—Ahora no. Estoy deprimida. Mañana les cuento –les escribí sin ánimo de hablar del tema que me provocaba tanta angustia.

Ninguna de las dos respondió a eso y, al parecer, se desconectaron del WhatsApp. Media hora después llamaban al portero de mi edificio.

Las atendí en pijama. June traía dos cajas de pizzas y Hazel, por su parte, una bolsa con tres sodas en su mano izquierda mientras con la derecha agitaba en alto una botella de vino tinto.

—¡Para ahogar las penas! –explicó con una sonrisa.

Las tres fuimos a mi cuarto y nos sentamos en mi cama.

—Cuéntanos –comenzó June–. ¿Qué tan grave es?

Les relaté la noche infernal que había tenido, desde el suceso en la casa de los Blackwell hasta mi sinceramiento con Ethan.

—¡¡¡Ese hij…!!! –exclamó Hazel aludiendo a John Blackwell.

—Hiciste bien en contarle todo a Ethan, Grace –dijo June cuando concluí mi relato–. Él es un buen hombre, claro que te iba a entender. ¿Y cuál es el problema?

—No lo sé, es una sensación oscura que me carcome por dentro. Por un lado se me cierra otra opción de trabajo porque los Blackwell ya habrán hecho la denuncia a la Agencia.

»Por el otro… está Ethan… Sin dejar de ser amable y tierno lo vi transformarse, a medida que platicábamos, en el hombre severo y ausente que conocí. Ni siquiera intentó detenerme cuando me marché, y entonces… entonces sentí cómo un enorme hueco se abría dentro de mí.

—Tal vez te pareció, Grace.

—Hazel tiene razón –agregó June–. Estabas muy sensible.

—¿Qué tal si cree que es mi culpa? ¿Que yo provoqué a ese hombre para que hiciera lo que hizo? ¿Que soy igual que su ex, que hasta a su hermano intentó seducir?

No pude evitar que en ese punto las lágrimas volvieran a aparecer y el hueco en mi interior se hiciera más profundo.

—¡Pero no, Grace! ¡No creo que piense eso! –exclamó Hazel abrazándome– ¡De lejos se nota que tú no eres así! ¡Seguro te fuiste a trabajar de jeans y con esas camisetas gigantes tuyas que no dejan ver tus atributos!

Su ocurrencia me arrancó una risa. Mis amigas realmente eran de oro.

—¡Vamos a comer! –dijo June levantándose de pronto y golpeando palmas–. Y a tomar ese rico vino que trajo Hazel.

La seguimos a la cocina y nos sentamos las tres.

—Y más tarde –ordenó June–, cuando nos marchemos, tomarás ese teléfono y llamarás a Ethan. Verás que vendrá corriendo y tendrán el mejor sexo de sus vidas.

–¡Y ojo! –agregó Hazel– ¡Que las reconciliaciones son peligrosas, traen bebés!

Las tres volvimos a reír, y aunque en el fondo de mi corazón aún se escondía el vacío y la incertidumbre, me hicieron olvidar, al menos por unas horas, de que aún tenía muchas ganas de seguir llorando.

* * *

En cuanto mis amigas se marcharon, tomé mi móvil y busqué el número de Ethan.

Me quedé observando la pantalla largo tiempo, como si ese rectángulo iluminado, capaz de conectarme con un leve toque con el hombre que amaba, fuera capaz también de conectarme con una realidad funesta.

Entonces, no me atreví a llamarlo.

A continuación, busqué mi pequeña maleta, le cargué algunas mudas de ropa, tomé mi bolso, mi móvil y mis llaves, y salí de mi apartamento rumbo a la terminal de autobuses.

Necesitaba a mi madre.

* * *

—Estoy afuera –decía el mensaje de Ethan.

—No estoy en casa –le respondí con el corazón en un puño.

De pronto dudé de haber tomado la decisión correcta.

—¿Dónde estás?

—En el autobús, llegando a Sedona.

No respondió. Me quedé leyendo su último mensaje como si pudiera multiplicarse y decirme más de lo que decía, como “¿a qué había ido?”, “¿me echaba de menos como yo a él?”, “¿me amaba aún?”

Llegué a la casa de mi madre cuando caía la noche, y me arrojé a sus brazos.

—¿Qué ocurre, Grace? ¿Qué sucedió con Ethan? –me preguntó con dulzura.

—¿Por qué supones que se trata de él?



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En el texto hay: romance, amor, diferencia de edad

Editado: 05.01.2026

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