Una Niñera para Tres

EPÍLOGO

Epílogo

La primavera siguiente

Aaron

¡Papá estaba tan nervioso!, y aún así me sonreía fingiendo calma; precisamente él, que no podía con sus nervios, se empeñaba en calmar los míos.

—Tranquilo, papá –susurré a su lado–, es lo que te mereces, disfrútalo.

Tío Noah y yo oficiábamos de “caballeros de honor”, y estábamos a su lado, en el altar montado en los jardines del hotel Canyon Crest, con vistas al Gran Cañón, esperando la entrada de la novia.

Si bien los tres vestíamos igual -traje celeste cielo con un ramillete de pequeñas flores blancas en el bolsillo superior de la chaqueta- mi padre destacaba por su elegancia. Se lo veía radiante, nervioso y feliz, todo al mismo tiempo, y yo me sentía inmensamente feliz por él.

Él al fin había encontrado a su alma gemela, y sin embargo había tenido la gentileza de consultar mi opinión y mis sentimientos antes de elegir su propio camino a la felicidad,

Si había alguien en el mundo que más la mereciera, ése era mi padre, un hombre bueno y generoso, un padre excelente, y estaba seguro de que sería un marido ejemplar.

Y la que en pocos minutos se convertiría en su esposa, se había convertido en mi mejor amiga, mi apoyo y mi confidente.

No podría haberle pedido al universo una familia mejor.

* * *

Noah

Mi hermano era un manojo de nervios. Lo comprendía de cabo a rabo: estaba a punto de desposar a la que seguramente era la única mujer en el mundo que valía la pena.

Y, a decir verdad, él la merecía.

Esa joven que había conquistado el corazón de todos desde que entró en nuestra casa, con esa sencillez y esa belleza poderosa, estaba predestinada a mi hermano.

Él había sufrido mucho, jamás ninguna mujer había reconocido cuánto valía y por eso, cuando Grace llegó a su vida, lo encontró solo, entregado a su labor de padre y a su trabajo en la empresa, con una amante escondida como escape a su hombría, pero con un corazón solitario y acorazado.

—Tranquilo, hermano –le dije bajo, acomodando su corbata–. Cuando te vea va a correr a tu lado por si alguien pretende secuestrarte. Hoy estás irresistible.

Ethan, acostumbrado a mis bromas, me miró con desconfianza. Pero esta vez hablaba en serio.

Él siempre había cuidado de todos, era hora de que se ocupara de su propia vida y su propia felicidad. Después de todo, no es tan común como dicen encontrar al alma gemela, por eso lo apoyé y lo seguiré apoyando en este nuevo camino que hoy iniciaba, porque estaba seguro de que Grace era la suya.

* * *

Ethan

Tras la entrada de Hazel y June, las “damas de honor” de Grace, el violinista inició una melodía suave a la que se sumó el murmullo de los pocos invitados. Entonces supe que ella venía.

La vi a la distancia, bellísima, radiante; enfundada en ese vestido blanco cuya sencillez volvió a resultarme embriagadora.

Noah apretó con fuerza mi hombro para ayudarme a calmar el temblor de mi cuerpo, en tanto yo respiraba hondo en un intento por calmar mi corazón que amenazaba con salirse de mi pecho.

Precedida por mis hijas, que traían en sus manos, con absoluta seriedad, los cojines con los anillos, Grace caminaba lento de la mano de su madre.

Inició su camino con gesto nervioso -sabía el motivo: nunca le había gustado llamar la atención y tampoco había descubierto aún que le era imposible pasar desapercibida-, pero cuando su mirada se encontró con la mía, apuró su andar con paso decidido y una sonrisa en sus labios.

Cuando llegó a mí y tomó mi mano, recuperé la calma, porque ella era mi certeza, era mi mar y era mi ancla, tomado de su mano me sentía seguro y completo.

* * *

Grace

Los jardines del hotel habían sido decorados con elegancia y sencillez por mis amigas y mi madre, con sedas y rosas blancas y lavandas. El altar, el pasillo flanqueado por las sillas para invitados, los pétalos en el camino, cada detalle, habían tenido su toque de buen gusto y me habían encantado.

Sin embargo, cuando esa tarde inicié mi camino hacia el altar y todos voltearon a verme, me sentí abrumada e incómoda. Apreté con fuerza la mano de mi madre y ella me devolvió el apretón con la misma firmeza de siempre, que me decía que estaba a mi lado y que nunca me abandonaría, y así caminé confiada con su apoyo.

Para calmar los nervios, centré mi vista en la distancia, en los tonos dorados y naranjas con que el sol poniente bañaba las paredes rocosas del Gran Cañón. No podíamos haber elegido un mejor lugar para nuestra boda. No obstante, no fue hasta que mi mirada encontró la mirada azul de Ethan que el mundo desapareció, entonces apresuré el paso, sólo quería llegar a él, tomar su mano y decirle cuánto lo amaba y cuánto deseaba recorrer mi vida a su lado.

Lo que el ministro habló durante la ceremonia lo oí como en una nebulosa. Sólo recuerdo con claridad los votos de Ethan:



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En el texto hay: romance, amor, diferencia de edad

Editado: 08.01.2026

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