¿ Una noche? ¡jamás!

Capítulo 3 ❈Entre las estrellas y el amor❈

Marcellus

El día del abandono

Subo corriendo a la habitación, Magda, la empleada que se encarga de ayudarle a Grace, me llamó desesperada, no comprendí que sucedió, me acababa de ir, me encontraba a cinco minutos de casa. Ella se encuentra en el pasillo intentando calmar el llanto de Astra, jamás la había escuchado a sí en su mes de nacida, es como si le doliera algo.

—¿Qué sucedió? ¿Grace? —Pregunte con rapidez.

—Señor, la señora empaca sus maletas… —Me tenso ¿Qué sucedió? Hace pocos minutos sonreía y se despidió de mí de forma amorosa.

—Dame a Astra, yo la calmo. —La mujer me mira con tristeza.

—Hola mi amor… ya papá está aquí. —Hipea y sus lágrimas me duelen como nunca nada me había dolido antes. —Ya mi estrella. —Besé su frente y sus manitas sostienen mis mejillas, se abraza a mí y una lágrima traicionera se desliza por mi parpado, mi pecho se siente a punto de suprimirse, se siente apretado y un nudo desagradable se forma en mi garganta. —Te amo, siempre estaré para ti, siempre. —Esto hace que mi pequeño destello se calme, cierre los ojos y se refugie en mí.

Ingreso a la habitación y efectivamente Grace empaca sus maletas. Al verme no se inmutó. —Esa chismosa te llamo. —Escupe molesta —No lo impidas… ¡ME LARGO! —Grita y Astra se remueve inquieta. —¡ME LARGO! —Vuelve a gritar ocasionando que mi pequeño destello se despierte y llore con la misma intensidad que lo hacía minutos antes. No dejo de mirar a los ojos a Grace. —Me voy, no nací para ser madre… esa mocosa no deja de llorar, perdí mi figura y no perderé mi carrera. —La observó fijamente con ganas de matarla. —Quédatela, no quiero escucharla más.

—Cierra la boca, la llamas mocosa otra vez y aunque me pese te irás, pero a un hueco de tres metros bajo tierra. —Soy claro… —¿Cómo dices todo esto delante de la niña? —Como si Astra lo entendiera, sus lágrimas comienzan a emerger con más fluidez y Grace se cubre los oídos.

—Cállala Marcellus, cállala me enloquecerá. No la soporto más, lo intenté, pero tú serás un magnífico padre. Te amo, pero a esa niña no. —Si antes sentía dolor en el pecho, ahora mi corazón se agrietó, es su madre. —Sé que no la enviarás a ningún lugar, por eso me voy yo.

—Está bien lárgate, si no amas a tu hija, no puedes amar a nadie. —Meso de a Astra. —Eso sí, no te llevarás nada, todo lo compré yo, tu carrera como cantante no te ha dado ni media moneda, tú no nos abandonas, nosotros te echamos de nuestra vida.

Intente salir, pero ella se acerca impidiendo que avance.

—Es mi hija, ándate con cuidado amorcito, quizás un día amanezca deprimida y me dé por pedir la custodia de Astra, dudo que un juez permita que Astra se quede contigo al enterarse de tu próximo viaje, será un año en la que estarás en la maldita luna, es que hasta ese nombre me exaspera, debió llamarse Ángela o Hannah, pero no, tu obsesión por los malditos planetas y estrellas se vieron reflejados en los nombres de tu hija.

Ansió rodear mis manos y en su cuello, estoy doblemente decepcionado.

—Te daré una cantidad considerable —Le gusta el dinero, siempre ha sido así. No me queda más remedio que bajar la guardia —Solo lárgate, estarás muerta para Astra y para el mundo entero, solo déjame en paz, tú querías que financiará tu proyecto patético de ser artista, ahora te daré el dinero suficiente para que te mueras de verdad. No quiero saber nunca más de ti, no sé cómo me enamoré de una persona como tú.

Esto lo dije con asco, me siento tan indignado ¿Qué mujer desprecia de este modo a un ser que salió de su vientre? Fueron nueve meses en su barriga. —Bien, firma el cheque y me iré.

—Voy al despacho. —Camino fuera, se la entregó a Magda.

—Ve a la habitación de Astra cierra con seguro y no salgas hasta que vaya por ti ¿Ok? —Asiente la mujer con rostro de terror, no puedo arriesgarme, Astra es mi nena y nadie la dañara. La escolto hasta la habitación. Busco el cheque y sin más lo firmo, le agrego una cantidad de cinco cifras. Es demasiado, pero esa mujer no es digna de mi hija. 

Mientras lo hago mi pulso tiembla y mi corazón palpita con desenfreno, nunca más confiere en una mujer, todas son interesadas y egoístas. —¿Listo amor? —La observo, viste un vestido ajustado, se encuentra fajada, lleva sombrero y lentes de sol. Camino hacia ella, me encuentro furioso, ella retrocede chocando con la madera de la puerta, no dude en tomarla por el cuello.

—Ni se te ocurra regresar —Su rostro se torna rojo. —O no sé de qué puedo ser capaz, por mi hija quemaría el mundo entero si fuera necesario. —La solté y cae al suelo, busca respirar, lance el cheque a sus pies y efectivo, me dirijo hasta la puerta.

—Karl, Kurt —Son los gemelos que se encargaban de su seguridad y la de mi hija. —Escolten a Grace hasta la salida, tiene prohibida la entrada a esta casa y escúchenme bien, jamás permitan que se acerque a mi hija. —Me observan extrañados. —No me volví loco, ella lo quiso así, si es posble llevenla al aeropuerto y encargense que tome un vuelo a donde sea, solamente que sea muy lejos de aquí. 

Asienten aún extrañados, sin más, subí a la habitación de Astra. —Abre soy yo. —Dije y al ver a mi pequeña bolita rosa, la llevé a mi pecho. —Que no quede nada en la habitación de Grece, verifica que se haya ido. —Me observa con lástima.




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