Aun recuerdo que hubo una noche en que no podía dormir. El silencio del teatro vacío aún resonaba en mis oídos, como si las notas que había tocado aquella vez no quisieran irse del todo. Esa noche estaba acostada, mirando el techo de mi habitación, me quedé así un buen rato, y sin darme cuenta me quedé dormida.
Y entonces volvió, el pequeño sueño.
Me encontraba en un cuarto con paredes cubiertas de diplomas infantiles, medallas, cintas doradas. MI madre abría la puerta sin tocar.
—Otra vez —decía con voz aguda—. Ese compás salió flojo. Desde el principio.
Yo tenía apenas ocho años, y ya estaba acostumbrada a las exigencias de mi madre, eran como un castigo que no dejaba marcas, pero no la culpo. Mi madre cuando era más joven decidió estudiar música, ya que era su gran sueño, pero la rechazaron un montón de veces, le dijeron que no tenía talento , que se dedicara a otra cosa. Mi madre al escuchar eso, pensó que no era suficiente, que era una buena para nada sin talento, tanto fue la decepción ,que renunció a sus sueños , le cortaron las alas, unas simples palabras.
Y ahí es donde me doy cuenta que tanto poder tienen las palabras , que llegan hasta el punto de desequilibrar tus emociones , tu magia , tu vibra...tus sueños. Por eso mi madre al crecer se dio cuenta que se dejó llevar por sus emociones en ese momento.
Fue tan fuerte su frustración, que tomó la decisión más dura de su vida. Dejar la música para siempre. Mi madre sufrió un buen tiempo , dejó sus sueños , sacó la música de su vida y regresó a su casa con sus padres. Para mis abuelos hacer música no es un trabajo serio, ellos querían que mi mamá sea abogada, ya que mis abuelos lo son , pero mi mamá se rebeló contra ellos y luchó por demostrarles que sí podía , que si lo lograria y que cuando lo hiciera regresaría a casa a demostrarles que estaban equivocados. Pero las cosas no salieron como ella pensaba , y por esa mala experiencia, mi madre no dejaba de repetirme una y otra vez que debo esforzarme más de lo que ya lo hacía.
Una parte tenía razón cuando decía que los sueños para hacerse realidad tienes que trabajar muy duro en ellos para lograrlo. Por eso mi madre siempre se sentaba a mi lado cuando me tocaba ensayar, era como mi sombra, siempre estaba al pendiente de mi cuando solo se trataba de música. Aplaudía cuando sonaba perfecto, pero cuando no... cuando una nota se escapaba del lugar correcto...
_Otra vez, Iris. No te distraigas. Respira. Las grandes no se equivocan.
Desde pequeña ya entendía que la música no era solo melodía, era una prueba. Un examen constante.
_¿Sabes cuántas oportunidades tenía yo a tu edad? Ninguna —decía con esa voz que no gritaba, pero dolía más que un grito—. No me falles. No seas como yo.
Esa frase fue mi carga más pesada ("No seas como yo.")
No entendí hasta muchos años después de que ella no me enseñaba a amar la música. Me enseñaba a temerle. A tocar para no decepcionar. A aferrarme al teclado como si fuera el único camino para que me siguieran queriendo.
Y funcionó, lo logró, fui a recitales, gané muchos premios, me trasladaron a diferentes academias y todos los profesores siempre me decían "niña prodigio". Todos me aplaudían. Menos ella, ¿y por qué? . Ni siquiera yo lo sé...y hasta ahora me lo sigo preguntando.
Por eso, cuando fallaba en el escenario, no era solo por ansiedad. Era una niña de apenas ocho años, temblando frente a su madre. Todo eso era miedo, miedo de fallarle
Pero desde que conozco a Patrik todo ha mejorado “supuestamente”. Y ahora que pienso en el...No, él no es como mi madre, ellos no son iguales . Pero a veces, cuando me mira sin hablar, siento que sí.
Siento que estoy repitiendo la misma historia , entonando para ser amada por alguien y que me mire con admiración y por eso es que sigo viviendo con ese miedo. Se escucha infantil mencionarlo, porque debería olvidarlo...pero no puedo, simplemente no puedo solo hacerlo.
Pero esta vez no quiero, esta vez quiero tocar para mi, quiero tocar a mi manera, voy a romper el molde.
Para que esa niña de ocho años, que solo quería jugar con las teclas, también pueda respirar. Después de haberme recuperado, aquellos sueños quedaron atrás... ya no me causa temor, ya no me molesta. Ahora solo son escenas borrosas de una película vieja que se repite cada noche, como si el pasado intentara recordarme quién fui.
Pero en todo ese dolor, descubrí algo. Descubrí que soy buena en esto, que mi música puede hablar cuando mi voz tiembla, que mis manos cuentan historias que nunca me dejaron contar de niña. Y ahora quiero que el mundo lo sepa.
Quiero volar alto, tan alto, que hasta mi niña interior me aplauda desde el cielo de mi memoria. Y entre semana me la pase entre bocetos y partituras. Gracias al tiempo que me tome, estuve lista para nuestro primer estreno. Un círculo de esculturas abiertas, con mis notas flotando en el aire como si buscara un hogar en cada grieta. Había espectadores que lloraban sin saber por qué. Otros solo cerraban los ojos, y al final, Patrik y yo no dijimos nada, solo nos quedamos de pie, uno al lado del otro. Sin tocarnos, sin mostrarnos como pareja o como artistas.
Solo dos seres humanos que finalmente habían entendido que la belleza más profunda... no está en lo que se crea, sino en lo que se permite ser. Después de nuestro primer estreno sentí por primera vez en mucho tiempo que estaba dejando de fingir. Esta vez no tenía que llenar ningúna idealización , ni para el público, ni para él.
Editado: 09.07.2026