Valeria permaneció en silencio unos segundos, tratando de asimilar la propuesta.
—¿Habla en serio? —preguntó con desconfianza.
Alexander la miró fijamente.
—Completamente.
—¿Y por qué yo?
—Porque no pareces interesada en mi dinero… y porque fuiste la única persona que se atrevió a llevarme la contraria hoy.
Valeria cruzó los brazos.
—Eso no responde mi pregunta.
Una leve sonrisa apareció en el rostro de Alexander.
—Precisamente por eso.
En ese momento, un automóvil negro se detuvo frente a ellos.
Del asiento del conductor bajó un hombre de traje.
—Señor Montenegro, llegamos tarde a la reunión.
—Cinco minutos, Sebastián.
Sebastián Rivas saludó a Valeria con una sonrisa.
—Mucho gusto.
—Igualmente…
Alexander sacó una tarjeta de presentación y se la entregó.
—Ven mañana a las nueve de la mañana a mi empresa. Escucharás los detalles y, si no te convence, podrás irte sin ningún compromiso.
Valeria observó la elegante tarjeta.
Montenegro Enterprises
Aquello parecía demasiado bueno para ser verdad.
—Lo pensaré.
—Eso espero.
Alexander subió al automóvil y se marchó.
Esa noche, Valeria llegó a casa.
Su hermana menor, Daniela, notó enseguida que estaba distraída.
—¿Qué pasó? Tienes cara de haber visto un fantasma.
Valeria dejó la mochila sobre el sofá.
—Creo que un millonario quiere contratarme…
—¿Para qué?
Valeria respiró hondo.
—Para fingir que soy su novia.
Daniela abrió los ojos con sorpresa.
—¡¿Qué?!
Después de escuchar toda la historia, comenzó a caminar de un lado a otro.
—Suena como una locura…
—Eso mismo pensé.
—Pero también podría ayudarte a resolver nuestros problemas económicos.
Valeria bajó la mirada.
No le gustaba mentir.
Pero tampoco quería que su familia siguiera preocupándose por las deudas.
Esa noche casi no pudo dormir.
A la mañana siguiente, decidió presentarse en Montenegro Enterprises.
El edificio era enorme y elegante.
Al entrar, todos los empleados parecían muy ocupados.
Una recepcionista la recibió amablemente.
—¿Tiene una cita?
—Sí. Con el señor Alexander Montenegro.
La recepcionista sonrió.
—La estaba esperando.
Minutos después, Valeria entró a la amplia oficina del CEO.
Alexander estaba de pie frente a un enorme ventanal con vista a la ciudad.
Sobre su escritorio había un documento.
—Llegaste.
—Solo vine a escuchar la propuesta.
Alexander tomó el documento y lo deslizó hacia ella.
—Este es el contrato.
Valeria comenzó a leer.
El acuerdo duraría seis meses.
Debería acompañarlo a reuniones familiares, eventos empresariales y entrevistas cuando fuera necesario.
A cambio, recibiría una cantidad de dinero que jamás había imaginado ganar.
Valeria levantó lentamente la vista.
—¿Todo esto… por fingir ser tu novia?
Alexander asintió.
—Solo hay una condición más.
—¿Cuál?
Alexander la miró con seriedad.
—Nadie puede descubrir que todo es una mentira.
Continuará…