Una novia falsa para el Ceo

Capítulo 3: Reglas del Juego

Valeria volvió a leer el contrato una vez más.

Seis meses.

Una enorme cantidad de dinero.

Y una sola condición: que nadie descubriera que todo era una farsa.

—¿Y si alguien sospecha? —preguntó.

Alexander respondió con tranquilidad.

—Entonces tendremos que actuar mejor.

Valeria dejó el contrato sobre el escritorio.

—Esto sigue pareciéndome una locura.

—Lo es —admitió Alexander—. Pero ambos obtendremos algo a cambio.

En ese momento, Sebastián entró con una carpeta en la mano.

—Disculpen la interrupción. La junta con los inversionistas comenzará en veinte minutos.

Al ver a Valeria, sonrió.

—¿Así que aceptó venir?

—Todavía no —respondió ella.

Sebastián dejó la carpeta sobre el escritorio.

—Solo diré una cosa: el señor Montenegro nunca pide ayuda. Si llegó a hacerlo, es porque realmente la necesita.

Alexander lo miró de reojo.

—Gracias por el comentario… creo.

Sebastián soltó una risa y salió de la oficina.

Valeria permaneció pensativa.

Finalmente tomó la pluma.

Firmó.

Alexander hizo lo mismo.

—Bienvenida al equipo.

—No soy tu empleada.

—Tienes razón.

Él extendió la mano.

—Bienvenida… mi novia falsa.

Valeria estrechó su mano con cierta inseguridad.

Las reglas

Alexander sacó una hoja con una lista.

—Estas son las reglas.

1.-Nunca revelar el contrato.

2.-Llamarnos por nuestros nombres en público.

3.-Asistir juntos a todos los eventos importantes.

4.-No mentirnos entre nosotros.

5.-Si alguno quiere terminar el acuerdo antes de tiempo, deberá avisar con una semana de anticipación.

Valeria levantó una ceja.

—¿Solo cinco reglas?

—Hay una sexta…

—¿Cuál?

Alexander sonrió por primera vez.

—No enamorarse.

Valeria soltó una pequeña carcajada.

—Eso será lo más fácil de cumplir.

Alexander respondió con una sonrisa confiada.

—Eso dices ahora.

La primera misión

Antes de que Valeria pudiera hacer más preguntas, el teléfono de Alexander sonó.

—¿Sí, abuela?

La voz de Elena Montenegro se escuchó con claridad.

—Alexander, esta noche cenarán conmigo. Quiero conocer a esa maravillosa novia de la que todos hablan.

Alexander miró a Valeria.

—Ahí está nuestra primera prueba.

Valeria tragó saliva.

—¿Esta noche?

—Esta noche.

Él tomó un pequeño estuche de terciopelo de un cajón.

Lo abrió.

Dentro había un hermoso anillo.

—No es un compromiso real —aclaró—. Solo ayudará a que nuestra historia sea más increíble.

Valeria observó la joya, sorprendida.

—¿También tengo que usar esto?

—Solo mientras estemos frente a mi familia.

Alexander tomó el anillo y, con delicadeza, lo colocó en la mano de Valeria.

Por un instante, ambos quedaron en silencio.

Ninguno esperaba que un gesto tan simple hiciera que sus corazones latieran un poco más rápido.

Esa misma noche, tendrían que convencer a la exigente familia Montenegro de que estaban profundamente enamorados.

Pero ninguno imaginaba que, entre los invitados a la cena, habría alguien dispuesto a desenmascararlos.

Continuará…




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