Una Novia para mi Papá

Capítulo 5 —El regreso

Pablo cumplió su promesa a las diez de la mañana.

Flavia lo vio entrar en Valdés Eventos con la misma seguridad con la que había atravesado aquella puerta durante años. Llevaba un traje oscuro, el cabello perfectamente arreglado y una carpeta bajo el brazo. Nada en su apariencia revelaba que había abandonado la empresa llena de deudas ni que había desaparecido pocas semanas antes de casarse con ella.

Se detuvo en medio de la recepción y observó el lugar con una familiaridad que irritó a Flavia.

—Veo que no cambiaste nada —comentó, recorriendo con la mirada los muebles que habían elegido juntos.

—No tuve dinero para hacerlo. Te llevaste hasta lo que estaba destinado a pagarles a los proveedores.

Pablo recibió la acusación sin perder la calma.

—Por eso vine. Necesitamos hablar sobre la empresa.

—Tú y yo ya no tenemos nada de qué hablar.

Flavia permaneció detrás de su escritorio, negándose a retroceder cuando él se acercó. Había imaginado su regreso muchas veces. En algunas versiones le gritaba; en otras, le exigía una explicación. Ahora que lo tenía delante, solo sentía el rechazo de quien reconocía demasiado tarde a la persona que había compartido su vida.

Pablo dejó la carpeta sobre el escritorio.

—Valdés Eventos también me pertenece.

—Renunciaste a esta empresa cuando vaciaste las cuentas y desapareciste.

—Marcharme de la ciudad no modificó legalmente mi posición. Continúo siendo copropietario.

—También continúas siendo responsable de las deudas que dejaste.

—Las deudas pertenecen a la empresa, no a mí.

La respuesta fue pronunciada con tanta naturalidad que Flavia sintió deseos de arrojarle la carpeta a la cara. En cambio, la abrió.

Había contratos, solicitudes de préstamos y documentos relacionados con inversiones que apenas recordaba. Su nombre aparecía junto al de Pablo en varias páginas.

—¿De dónde sacaste esto? —preguntó mientras revisaba las primeras hojas.

—Son documentos de la empresa. Tengo tanto derecho como tú a conservar copias.

Flavia pasó una página y encontró su firma al final de una autorización. La reconoció de inmediato. No era una falsificación.

—Nunca aprobé esta inversión.

—Tu firma indica lo contrario.

—Me dijiste que eran documentos relacionados con nuestra boda.

Pablo se inclinó ligeramente sobre el escritorio.

—Organizábamos nuestra boda y administrábamos una empresa al mismo tiempo. Que no prestaras atención a lo que firmabas no convierte los documentos en ilegales, ni a tu firma en falsa.

El recuerdo llegó con una claridad incómoda. Durante aquellos meses, Pablo solía acercarle carpetas mientras ella atendía llamadas, resolvía problemas con proveedores o revisaba los preparativos de su propia ceremonia. Le señalaba el lugar donde debía firmar y aseguraba que se trataba de trámites rutinarios.

Ella confiaba en el hombre con el que iba a casarse.

—Sabías exactamente lo que hacías —afirmó, cerrando la carpeta—. Utilizaste nuestra boda para conseguir mis firmas.

—Eso será difícil de demostrar.

La seguridad de Pablo no procedía de la inocencia, sino de la certeza de que había preparado cada movimiento. Flavia sostuvo su mirada y comprendió que no había regresado a negociar. Había vuelto porque la fotografía con Gabriel había colocado a Valdés Eventos nuevamente bajo la atención pública.

—¿Por qué ahora? —preguntó—. Cuando la empresa estaba al borde del cierre no te interesaba reclamar tu parte.

—Nunca dejé de interesarme. Solo te concedí tiempo para comprobar que no podías manejarla sola.

—La mantuve funcionando después de que te llevaras el dinero.

—Acumulaste nuevas facturas y una cuota atrasada con el banco.

Flavia sintió que el estómago se le cerraba.

—¿Cómo sabes lo de la cuota?

—Sigo siendo copropietario. Tengo derecho a conocer la situación financiera.

—No respondiste a ningún proveedor, pero conservaste acceso suficiente para vigilar las cuentas.

Pablo enderezó la espalda.

—No vine a discutir sobre el pasado. Te propongo regresar y asumir la administración. Puedo negociar con el banco, reorganizar las deudas y aprovechar la atención que recibiste gracias al doctor Santoro.

—No utilizarás al doctor ni a su hija para promocionar esta empresa.

—No pareció preocuparte demasiado cuando aceptaste posar como una familia.

Flavia empujó la carpeta hacia él.

—La fotografía fue un accidente y lo sabes.

—Los clientes no necesitan saberlo. Están llamando porque creen que conquistaste a uno de los hombres más conocidos de la ciudad. Sería absurdo desperdiciar una oportunidad así.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.