Dos días después, Gabriel esperaba a Flavia frente a la entrada del hotel.
No había periodistas cerca del automóvil, pero ambos sabían que aparecerían en cuanto atravesaran las puertas. Flavia miró la mano que él le ofrecía y recordó una de las cláusulas que habían discutido durante horas.
Contacto físico limitado a las apariciones públicas.
—Supongo que esto cuenta como una aparición pública —comentó antes de aceptarla.
—Hay dos fotógrafos detrás del cristal —respondió Gabriel, cerrando los dedos alrededor de los suyos—. Así que intente parecer menos disgustada.
Flavia levantó la mirada hacia él.
—Estoy fingiendo estar enamorada, no haber perdido el criterio.
Gabriel contuvo una respuesta cuando los primeros flashes los alcanzaron. Se acercó lo suficiente para apoyar una mano en la espalda de Flavia y la condujo hacia el salón.
La cena reunía a los principales patrocinadores de la unidad pediátrica, representantes de la clínica y algunos periodistas autorizados. Josefina los recibió cerca de la entrada.
—Llegaron juntos y ninguno intentó huir. Es un comienzo prometedor.
—La noche apenas empieza —advirtió Flavia, observando a los invitados.
Había buscado a Pablo desde que entraron, pero todavía no lo encontraba.
Gabriel mantuvo su mano entrelazada con la de ella mientras avanzaban por el salón. La presentó, ante quienes preguntaron por la relación, utilizó la versión ensayada: habían comenzado a conocerse después de coincidir en el hotel.
La explicación funcionó hasta que una patrocinadora sonrió con curiosidad.
—¿Quién se acercó primero?
Flavia sintió que Gabriel le apretaba discretamente la mano. La respuesta acordada era sencilla: habían conversado durante el evento y descubierto que tenían intereses en común.
Sin embargo, repetirla habría sonado demasiado preparado.
—En realidad fue Carolina, mucho antes del día de la fotografía en cuestión —contestó.
Gabriel volvió el rostro hacia ella.
—¿Su hija hizo de intermediaria? —preguntó la mujer, encantada con la revelación.
—Carolina descubrió que organizo bodas y llegó a la conclusión de que también debía saber conseguir novias. Me ofreció todos sus ahorros para encontrarle una a su padre.
Las personas que los rodeaban rieron. Gabriel conservó una expresión serena, aunque la mirada que dirigió a Flavia prometía una conversación posterior.
—¿Y aceptó el trabajo? —quiso saber otro patrocinador.
—Me negué —reconoció Flavia—. Después de conocer al doctor Santoro, comprendí que ninguna suma sería suficiente para compensar la dificultad.
Las risas aumentaron. Gabriel esperó a que disminuyeran antes de intervenir.
—Su negativa hirió mi orgullo. Tuve que demostrarle que no era un caso perdido.
—Todavía está en período de evaluación —añadió Flavia, siguiendo el juego.
La patrocinadora los contempló con una sonrisa.
—Ahora comprendo por qué Carolina está tan entusiasmada.
Cuando el grupo se alejó, Gabriel se inclinó hacia Flavia.
—Esa no era la historia que habíamos ensayado.
—La suya parecía redactada por un abogado.
—La suya incluye que mi hija intentó comprarme una novia.
—Y no mentí, es más facil así, además todos la encontraron encantadora. Debería agradecerme que no mencionara la prótesis de cadera.
Gabriel la miró de lado. La molestia inicial había cedido ante el resultado: los invitados dejaron de observarlos con sospecha y comenzaron a tratarlos como una pareja real.
—Al menos consiguió que se relajaran —admitió.
—Organizo eventos, doctor. Sé reconocer cuándo una habitación necesita respirar.
La música comenzó poco después de la cena. Varias parejas ocuparon el centro del salón y Josefina les indicó con un gesto que debían hacer lo mismo.
Gabriel llevó a Flavia hacia la pista. Colocó una mano en su cintura y sostuvo la otra a la altura de sus hombros.
—¿También incluyó el baile en el contrato? —preguntó ella mientras comenzaban a moverse.
—Figura entre las actividades sociales razonables.
—Recuerdo haber prohibido las interpretaciones creativas.
—Bailar durante una cena no exige demasiada creatividad.
Flavia estaba a punto de responder cuando Gabriel la acercó. Su cuerpo quedó pegado al de él y la mano masculina se afirmó sobre su cintura.
—Esto sí parece una interpretación creativa —murmuró.
—Hay varias personas observándonos.
—También podrían observarnos con unos centímetros de distancia.
Gabriel bajó la mirada hacia ella. La música, las luces tenues y la cercanía alteraron el ritmo de la respiración de Flavia. Aquella reacción no figuraba en ninguna cláusula.