Flavia sostuvo la sonrisa hasta que las cámaras dejaron de apuntarla.
Esperó mientras Josefina alejaba a los periodistas con la promesa de ofrecer una declaración al día siguiente, mientras Carolina enseñaba a Elena el anillo inexistente que ya imaginaba y mientras Gabriel respondía a las felicitaciones sin confirmar una fecha que jamás habían discutido.
Solo cuando la puerta de una sala privada se cerró detrás de ellos, Flavia dejó de fingir.
—Desmiéntalo.
Gabriel permaneció junto a la puerta, con una mano todavía sobre el picaporte. La serenidad que había mantenido frente a los invitados desapareció al encontrarse con la mirada de Flavia.
—Si lo desmiento esta noche, Pablo habrá ganado —respondió, avanzando hacia ella—. Dirá que inventamos el compromiso para impedir que hablara.
—No inventamos nada. Usted lo inventó —lo corrigió Flavia. El tono bajo no disimulaba la furia que le tensaba la mandíbula—. Firmamos un acuerdo donde se establece que ninguno puede tomar decisiones por el otro. Dos días después, me convierte en su prometida delante de una sala llena de periodistas.
—Pablo estaba acusándola de utilizar a mi hija.
—Y usted decidió protegerme haciendo exactamente lo que habíamos prohibido.
Gabriel se detuvo frente a ella. Flavia conservaba las manos cerradas a los costados, como si temiera utilizarlas para expresar lo que la voz apenas contenía.
—Necesitaba detenerlo —afirmó él—. Si desmentía la relación, confirmaba sus acusaciones. Si permanecía en silencio, permitía que continuara humillándola.
—Podría haberme apartado de las cámaras, pedirle a seguridad que sacara a Pablo o responder sin anunciar una boda.
—Los periodistas ya estaban grabando. Sacarlo habría parecido un intento de censurarlo y cualquier respuesta se habría convertido en su palabra contra la de él.
Flavia dio un paso hacia Gabriel.
—Eso no le concedía el derecho de comprometerme.
—Lo sé.
La admisión frenó la respuesta que ella tenía preparada. Gabriel no intentó justificar la ruptura del acuerdo ni disfrazarla de un gesto heroico. La observaba con el peso de una decisión cuyas consecuencias acababa de comprender.
—Entonces saldremos y aclararemos que actuó bajo presión —exigió Flavia, recuperando la firmeza—. Diremos que quiso proteger la campaña, que no existe ningún compromiso y que el beso fue parte de una reacción equivocada.
Los ojos de Gabriel descendieron un instante hacia sus labios. El movimiento fue breve, pero Flavia lo advirtió y la memoria del beso regresó con una intensidad inoportuna.
—El beso no pareció una reacción equivocada —señaló él, volviendo a mirarla.
—Eso no cambia lo que fue.
—Usted respondió.
Flavia apoyó las manos sobre el respaldo de una silla, necesitando aferrarse a algo que no fuera él.
—Porque teníamos veinte cámaras alrededor y su hija estaba mirándonos. No convierta mi reacción en una autorización retroactiva.
Gabriel apretó los labios. La dureza que había aparecido en su expresión cedió ante la precisión del reproche.
—Tiene razón. No debí hacerlo sin consultarla.
—Tampoco habría podido consultarme en medio de aquel escándalo.
—No —reconoció él, pasándose una mano por la nuca—. Pero eso no significa que usted deba soportar las consecuencias como si hubiera participado en la decisión.
Flavia lo contempló en silencio. Seguía furiosa, aunque aquella respuesta impedía que la discusión descendiera a una sucesión de acusaciones inútiles.
—Necesito que lo corrija —insistió—. No mañana, cuando hayan escrito diez versiones. Esta noche.
La puerta se abrió antes de que Gabriel pudiera responder. Josefina entró con la tableta entre las manos y cerró tras ella.
—Antes de que alguno de los dos haga una declaración, necesitan ver esto.
—No existe nada que pueda convertir ese compromiso en una buena idea —replicó Flavia, sin apartarse de la silla.
Josefina colocó la pantalla sobre la mesa. Las cifras se actualizaban cada pocos segundos.
—Las donaciones se multiplicaron desde el anuncio. La campaña recibió en veinte minutos más aportes que durante los últimos tres días.
Gabriel se inclinó para revisar los datos.
—¿Por un compromiso?
—Por la historia completa —explicó Josefina, deslizando el dedo por la pantalla—. La gente vio a Pablo atacando a Flavia, vio a Carolina defendiéndola y después escuchó tu anuncio. Ahora interpretan que mantuvieron la relación en reserva para proteger a la niña.
Flavia soltó el respaldo de la silla.
—Es una mentira construida sobre otra mentira.
—Estoy describiendo lo que ocurre, no celebrándolo —aclaró Josefina. Un nuevo mensaje apareció en la parte superior de la pantalla y ella lo abrió—. Tres revistas quieren negociar la exclusiva de la boda. Dos programas ofrecen entrevistas conjuntas. También preguntaron si Valdés Eventos organizará la ceremonia.