Una Novia para mi Papá

Capítulo 12 —El hombre que regresó

El banco le cerró las puertas sin previo aviso.

Flavia intentó realizar el primer pago a uno de los proveedores de la gala y la operación fue rechazada. Pensó que se trataba de un error, volvió a introducir los datos y obtuvo el mismo resultado. La llamada de su contador confirmó que el problema no era técnico.

Pablo había solicitado judicialmente el bloqueo temporal de las cuentas de Valdés Eventos.

—¿Puede hacer algo semejante sin demostrar que el dinero le pertenece? —preguntó Flavia. La presión con que sostenía el teléfono había comenzado a entumecerle los dedos.

—Puede solicitarlo mientras se determina qué parte de los fondos está vinculada con las operaciones que cuestiona —explicó el contador—. Hasta que se demuestre si tiene o no derecho, no podrás disponer de las cuentas.

Flavia miró las facturas distribuidas sobre su escritorio. Había rechazado el adelanto conseguido por Gabriel y ahora no tenía cómo pagar los anticipos exigidos por los proveedores. La gala dependía de un calendario demasiado ajustado como para soportar semejante demora.

Pablo había elegido el momento exacto para golpearla.

—Prepare toda la documentación que necesite —pidió, obligándose a pensar por encima del miedo—. No permitiré que utilice el dinero que robó para demostrar que la empresa le pertenece.

Cuando terminó la llamada, permaneció sentada, con la espalda rígida y la vista fija en la pantalla. Si perdía a los proveedores, no solo incumpliría el contrato con la clínica. También destruiría la oportunidad de recuperar la credibilidad de Valdés Eventos.

Gabriel llegó a su oficina media hora después. La expresión de Flavia y las facturas sin pagar le permitieron comprender la gravedad del problema antes de que ella terminara de explicárselo.

—¿Cuánto necesita? —preguntó, sacando el teléfono del bolsillo.

Flavia se puso de pie antes de que pudiera realizar ninguna llamada.

—No necesito que la clínica me transfiera dinero.

—Le ofrezco pagar desde mi cuenta personal, sus cuentas están bloqueadas y los proveedores exigen anticipos —señaló Gabriel. La preocupación se reflejó en la arruga que se formó entre sus cejas—. No se trata de un problema que pueda dejarse para después.

—Precisamente por eso no aceptaré que lo resuelva con su cuenta personal. Ayer comprendió por qué no puede colocar dinero en mi empresa sin consultarme. No convierta aquella conversación en algo que solo recordó durante unas horas.

Gabriel guardó el teléfono. El gesto no fue de resignación, sino de alguien que acababa de modificar el camino antes de llegar al mismo destino.

—No intentaré pagar sus facturas —aseguró—. Pero la clínica necesita que la gala se realice y sus abogados deben saber que el bloqueo pone en riesgo un contrato vigente.

Flavia lo observó con cautela.

—¿Qué propone?

—Conseguirle una reunión urgente con el equipo legal de la clínica. Ellos pueden revisar el alcance de la medida y ayudarla a responder antes de que pierda a los proveedores. Le ofrecerán alternativas y usted elegirá cuál acepta —respondió Gabriel, sosteniéndole la mirada.

Parte de la tensión abandonó los hombros de Flavia. Utilizar los contactos de Gabriel no significaba entregarle el control. Esta vez no pretendía salvarla, sino colocar herramientas a su alcance.

—Consiga la reunión —aceptó—. Necesito ayuda para defenderme, no un salvador.

—Nunca he tenido vocación para llevar capa —comentó él mientras recuperaba el teléfono—. Dificultaría bastante entrar al quirófano.

La respuesta le arrancó una sonrisa pequeña, pero real. Gabriel la contempló durante un instante antes de llamar a los abogados.

La reunión se realizó aquella misma tarde. Flavia entregó los documentos, explicó la participación de Pablo en las antiguas finanzas de la empresa y salió con una estrategia para cuestionar el bloqueo. No solucionaba la falta de dinero de inmediato, pero impedía que permaneciera paralizada mientras Pablo decidía cuánto daño quería causarle.

El siguiente problema eran los proveedores.

Nicolás Nieves apareció en Valdés Eventos con dos cámaras colgadas al hombro y una carpeta bajo el brazo. Flavia lo había llamado porque necesitaba reorganizar la sesión fotográfica y porque él conocía a buena parte de las empresas contratadas para la gala.

—Conseguí que el equipo de iluminación reserve la fecha durante cuarenta y ocho horas —anunció al entrar—. El servicio de montaje aceptó esperar hasta mañana y el fotógrafo oficial de la clínica, que casualmente soy yo, decidió no cobrarte anticipo.

Flavia rodeó el escritorio y lo abrazó sin detenerse a calcular el gesto.

—No sabes cuánto necesitaba escuchar algo así.

—Puedo repetirlo más despacio si deseas emocionarte otra vez —bromeó Nicolás, estrechándola con un brazo—. Aunque preferiría que no lloraras sobre la cámara. Cuesta más que mi automóvil.

—No pienso llorar. Estoy decidiendo si mereces un café o una estatua.

—Comienza con el café. La estatua puede esperar hasta que recuperes las cuentas.



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En el texto hay: romance, padresoltero, relacion falsa

Editado: 12.09.2026

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