Una Novia para mi Papá

Capítulo 13 —Cuando termine la música

Carolina guardó todos los vestidos.

Lo hizo antes de acostarse, sin romperlos ni arrugarlos. Apiló cada dibujo con cuidado, colocó encima el cuaderno olvidado durante unos minutos en la clínica y después escondió todo en el último cajón del escritorio.

Gabriel la observaba desde la puerta.

Durante el regreso a casa, Carolina no había hablado de las fotografías, de Nicolás ni de la gala. Tampoco le había preguntado si Flavia los acompañaría al día siguiente. Se había limitado a mirar por la ventana y responder que tenía sueño cada vez que él intentaba averiguar qué ocurría.

—¿Ya no te gustan los vestidos? —preguntó Gabriel mientras entraba en la habitación.

—Todavía me gustan —respondió Carolina, empujando el cajón hasta cerrarlo—. Pero no necesito seguir dibujándolos.

Gabriel se sentó en el borde de la cama. Su hija evitó mirarlo mientras ordenaba unos lápices que ya estaban perfectamente alineados.

—Ayer querías diseñar uno diferente cada día.

—Ayer no sabía algunas cosas.

La frase hizo que Gabriel abandonara cualquier intento de restarle importancia a su comportamiento.

—¿Qué cosas descubriste?

Carolina apretó los labios. Después guardó el último lápiz y se metió en la cama.

—No quiero hablar ahora. Dijiste que, cuando alguien tiene sueño, puede decir cosas que no piensa.

Gabriel reconoció sus propias palabras. Las había utilizado más de una vez para posponer una conversación cuando regresaba agotado de la clínica. Carolina acababa de devolvérselas con una precisión que lo dejó sin argumentos.

—También dije que los problemas no desaparecen porque dejemos de hablar de ellos —recordó, acomodándole la manta.

—Entonces seguirá estando mañana.

No había desafío en su voz. Solo una tristeza que le resultaba más preocupante que cualquier rabieta.

Gabriel apagó la lámpara y permaneció junto a ella hasta que cerró los ojos. No insistió. Presionarla podía conseguir una respuesta, pero no necesariamente la verdad.

A la mañana siguiente, Carolina desayunó en silencio. Antes de ir a la escuela, preguntó cuándo se celebraría la gala.

—Dentro de algunas semanas —respondió Gabriel, desconcertado por el interés repentino—. ¿Por qué quieres saberlo?

—Porque después todo será diferente.

La niña recogió su mochila y se marchó antes de que él pudiera detenerla.

Gabriel llamó a Flavia desde el automóvil. Ella atendió después del tercer tono y su voz llegó acompañada por el sonido de papeles.

—Si llama para informarme que descubrió otro gasto innecesario, tendrá que esperar. Estoy revisando las nuevas condiciones de los proveedores.

—Carolina escuchó algo que no debía anoche.

El movimiento al otro lado se interrumpió.

—No lo creo, ¿porque lo pregunta?

—No lo sé, pero guardó todos los dibujos de la boda y esta mañana preguntó cuándo será la gala. Dijo que después todo cambiará.

Flavia cerró los ojos. Recordó el cuaderno olvidado, el pasillo vacío y la conversación con Sofía en la oficina contigua.

—En realidad sí, creo que me escuchó hablando con Sofía —admitió. La culpa le hundió la voz—. Puede haber oído cuando dije que solo estaría con usted hasta la gala.

Gabriel tardó unos segundos en responder.

—Necesitamos hablar con ella.

Flavia apoyó una mano sobre el escritorio.

—Tal vez debería hacerlo usted. Si me ve, podría sentirse todavía más engañada.

—Precisamente por eso tiene que estar presente. No permitiré que cargue sola con una explicación que nos corresponde a ambos.

La respuesta no contenía un reproche. Gabriel no la acusaba de haber hablado en un lugar inadecuado ni pretendía trasladarle la responsabilidad. Aquello hizo que Flavia se sintiera todavía peor.

—Iré cuando regrese de la escuela —decidió—. Pero no podemos contarle la verdad completa.

—Tampoco podemos continuar inventando respuestas cada vez que haga una pregunta.

Cuando Flavia llegó a casa de Gabriel, encontró los dibujos sobre la mesa de la sala. Carolina los había sacado del cajón, pero no estaba trabajando en ellos. Permanecía sentada en el sofá, con las manos escondidas debajo de las piernas.

—Hola, Caro —saludó Flavia mientras dejaba el bolso a un lado.

—Hola.

La palabra apenas abandonó la boca de la niña. Flavia no intentó acercarse ni besarle la mejilla como otras veces. Ocupó el sillón frente a ella y esperó a que Gabriel se sentara a su lado.

—Tu padre me dijo que estás preocupada por algo que escuchaste ayer —comenzó. Sus dedos se entrelazaron sobre el regazo para contener la necesidad de buscar las manos de Carolina—. Quiero que puedas preguntarme lo que necesites.

La niña levantó los ojos.



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En el texto hay: romance, padresoltero, relacion falsa

Editado: 12.09.2026

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