Una Novia para mi Papá

Capítulo 14 —El lugar reservado

El silencio duró dos días.

Carolina no volvió a preguntar qué ocurriría después de la gala. Desayunaba con Gabriel, respondía cuando él se dirigía a ella y permitía que Flavia la saludara cada vez que llegaba a la casa, pero había guardado los dibujos de la boda y ya no buscaba cualquier excusa para permanecer junto a ellos.

Gabriel advirtió la distancia. Flavia también.

Sin embargo, ambos estaban demasiado ocupados para detenerse a observarla con la atención necesaria. La respuesta judicial contra el bloqueo de las cuentas exigía documentos, llamadas y reuniones. La gala se acercaba, algunos proveedores todavía esperaban confirmaciones y Gabriel debía combinar aquellas dificultades con sus obligaciones en la clínica.

Durante la cena, atendió dos llamadas y revisó varias veces el teléfono.

—Mañana tendré una cirugía que puede extenderse buena parte de la tarde —explicó mientras apartaba el plato apenas probado—. Si necesitas algo, debes decírmelo antes de que entre al quirófano.

Carolina levantó la mirada. Aquella era la oportunidad de contarle que al día siguiente los padres debían asistir a la escuela. La maestra había enviado el aviso dos veces y ella llevaba la nota doblada dentro de la mochila.

—No necesito nada —respondió, recuperando el tenedor—. Puedes hacer tu cirugía tranquilo.

Gabriel la observó durante unos segundos. Su hija había dejado de compartir incluso las cosas pequeñas, pero él no encontró en aquel momento la manera de obligarla a confiar.

—Intentaré llegar temprano a casa —prometió. Rozó su cabello al levantarse, aunque Carolina apenas inclinó la cabeza para recibir la caricia.

Flavia tampoco se quedó mucho tiempo. Había pasado por la casa para entregarle a Gabriel unos documentos y revisar con él las nuevas condiciones de los proveedores. Cuando terminó, guardó las carpetas y se acercó a Carolina.

—Mañana estaré casi todo el día en la oficina, pero puedes llamarme si quieres hablar.

La niña sostuvo su mirada. Le habría gustado preguntarle si acudiría a la escuela en caso de necesitarla, pero eso habría arruinado el plan antes de ponerlo en marcha.

—Espero que puedas arreglar lo de la gala —dijo en cambio.

—Lo arreglaremos —aseguró Flavia. La firmeza de su respuesta se debilitó cuando comprendió que Carolina no pensaba despedirse con un abrazo—. Buenas noches.

—Buenas noches, Flavia.

Carolina esperó hasta escuchar la puerta principal. Después terminó de cenar, subió a su habitación y cerró con cuidado.

El oso ocupaba siempre la esquina junto a la ventana. Era casi tan alto como ella cuando permanecía sentado y tenía una de las orejas vencida por los años. Carolina lo arrastró hasta la cama, acomodó las almohadas detrás de su espalda y se sentó frente a él.

No necesitaba imaginar que podía responderle. Le bastaba con saber que nunca la interrumpiría ni intentaría explicarle que los adultos tenían asuntos complicados.

—Ya entendí lo que pasa —le anunció, cruzando las piernas—. Flavia y papá no son novios de verdad.

El oso conservó la misma expresión amable.

—No sé por qué están mintiendo. Quizá sea por la clínica o por la gala. Ellos hablan mucho de contratos cuando creen que no estoy escuchando.

Carolina tomó una de las patas del animal y comenzó a acomodarle el pelo apelmazado.

—Papá dijo que iba a casarse con ella delante de todos, pero después no sabe qué va a pasar. Las personas que quieren casarse sí saben que son novios. No tienen que esperar a que termine una gala para decidirlo.

Decirlo en voz alta volvió más real la conclusión que llevaba dos días formando. Le dolía saber que la boda no existía, pero ya no sentía la misma confusión del primer momento. Había observado a los dos con atención y comprendido algo que ellos parecían ignorar.

—Todavía no son novios —corrigió, levantando un dedo ante el oso—. Eso no significa que nunca vayan a serlo.

Acercó el animal hasta apoyar la frente contra la suya.

—Papá sonríe cuando mira a Flavia y cree que nadie lo ve. No sonríe mucho, así que cuenta más. También se pone raro cuando Nicolás la abraza. Dice que no le importa, pero después habla demasiado serio.

Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.

—Flavia también lo mira. A veces se enoja con él, pero ya no parece que quiera arrojarle algo. Eso es un avance.

Carolina soltó al oso y se acomodó contra las almohadas. No pretendía obligarlos a casarse al día siguiente. A sus nueve años comprendía que los adultos podían ser más lentos que los niños para reconocer ciertas cosas, especialmente cuando tenían miedo.

Su padre había querido mucho a su madre. Quizá por eso se negaba a mirar de frente cualquier posibilidad nueva. Flavia, en cambio, había confiado en Pablo y había terminado herida. Ninguno querría arriesgarse otra vez sin recibir un pequeño empujón.

—Voy a conseguir que sean novios de verdad —le confió al oso—. Pero tiene que parecer que fue idea de ellos.

Lo devolvió a su esquina y apagó la luz. La nota de la escuela continuaba dentro de la mochila.



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En el texto hay: romance, padresoltero, relacion falsa

Editado: 12.09.2026

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