Una Novia para mi Papá

Capítulo 15 —Lo que quedó pendiente

Gabriel salió del quirófano exhausto.

La cirugía se había prolongado más de lo previsto y todavía sentía la tensión acumulada en los hombros cuando revisó el teléfono. Encontró varias llamadas perdidas de la escuela de Carolina y una de Flavia. Debajo aparecía un mensaje enviado cuarenta minutos antes.

Carolina está bien. Estoy con ella. Cuando salga, llámeme.

La aclaración debería haberlo tranquilizado, pero la cantidad de llamadas mantenía abierta una alarma difícil de ignorar. Marcó el número de Flavia mientras caminaba hacia el vestuario.

—¿Qué ocurrió? —preguntó apenas ella atendió. La urgencia de su voz reveló que el mensaje no había bastado.

—Nada grave. Había una reunión importante en la escuela y necesitaban que Carolina estuviera acompañada por un adulto —explicó Flavia. El murmullo de varias conversaciones se escuchaba a su alrededor—. Intentaron comunicarse con usted, pero estaba operando.

Gabriel cerró los ojos un instante.

—No sabía que había una reunión.

—Yo tampoco. La maestra me llamó porque Carolina le dio mi número y dijo que podía venir en su lugar.

El silencio de Gabriel cambió de naturaleza. La preocupación inmediata cedió espacio a una reflexión más incómoda.

—Carolina sabía que yo no podría atender

—Sí, sabía que estaba en una cirugía —respondió Flavia, bajando la voz—. Supongo que por eso pidió que me llamaran.

Gabriel se quitó el gorro quirúrgico y lo arrojó en el recipiente correspondiente.

—Voy hacia la escuela.

—La reunión está terminando. No necesita venir corriendo.

—Ya terminó mi cirugía y quiero saber qué información intentaron comunicarme —replicó. Antes de cortar, su tono perdió parte de la rigidez—. Gracias por haber ido.

Flavia miró a Carolina, sentada a pocos metros, y vio la forma en que la niña fingía ordenar unos cuadernos para escuchar la conversación.

—Hablaremos cuando llegue —contestó.

Gabriel apareció cuando la maestra respondía las últimas preguntas. Todavía llevaba la camisa arrugada debajo del abrigo y el cansancio marcaba sombras bajo sus ojos, pero avanzó por el salón con la atención puesta exclusivamente en Carolina.

La niña permanecía junto a Flavia. Sus manos descansaban sobre la mesa, cerca de las páginas donde ella había tomado notas durante la reunión.

—Papá, viniste —dijo Carolina. La sorpresa le iluminó el rostro antes de que recordara que no debía mostrarse demasiado entusiasmada.

—Vine en cuanto pude —respondió Gabriel. Se inclinó para besarle la frente y mantuvo una mano sobre su hombro mientras comprobaba que estaba bien—. Encontré varias llamadas de la escuela al salir del quirófano.

La maestra se acercó y le explicó lo ocurrido. Gabriel la escuchó sin interrumpir, aunque su mirada regresaba una y otra vez a su hija.

—La señorita Valdés llegó enseguida —añadió la mujer, señalando las hojas sobre la mesa—. Pudimos comunicarle todos los cambios y responder algunas de sus preguntas.

—Flavia es la prometida de mi papá —aclaró Carolina, como si temiera que alguien pudiera reducir su presencia a la de una dsimple conocida.

Gabriel dirigió una mirada breve hacia Flavia. Ella recogió los documentos sin reaccionar ante el título que había utilizado la niña.

—Me presenté de esa manera porque fue así como la escuela recibió mi nombre —explicó cuando la maestra se alejó—. No parecía el mejor momento para ofrecer aclaraciones.

—Hizo lo correcto —respondió él. No había reproche en su expresión, solo un cansancio que volvía más evidentes sus emociones—. ¿Tomó alguna decisión?

—Ninguna. Me limité a escuchar, preguntar lo necesario y pedir que también le enviaran la información. Hay asuntos que deberá evaluar usted.

Flavia le entregó las páginas. Gabriel revisó las notas y descubrió varias preguntas escritas al margen. Ella había separado los cambios generales de aquellos que podían afectar directamente a Carolina. También había marcado cada punto que requería autorización de los padres.

—Hizo más de lo que habría podido hacer yo —reconoció. Sus dedos se detuvieron sobre una observación relacionada con Carolina—. Gracias por venir.

Flavia miró la silla que había ocupado durante la reunión.

—Vine porque Carolina necesitaba a alguien. No podía dejarla sentada frente a un lugar vacío.

La niña buscó la mano de Flavia y entrelazó los dedos con los suyos. Gabriel observó el gesto. Dos días atrás, Carolina había guardado todos los dibujos y evitaba acercarse a ella. Ahora volvía a sujetarla como si aquella presencia hubiera reparado algo que él todavía no comprendía por completo.

—Regresemos a casa —propuso, guardando las hojas—. Tenemos una conversación pendiente.

Carolina no soltó la mano de Flavia hasta llegar al estacionamiento.

Durante el trayecto, permaneció en el asiento trasero con la mochila sobre las piernas. Flavia viajaba junto a Gabriel porque él había insistido en llevarla. Ninguno habló del asunto hasta que estuvieron lejos de la escuela.



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En el texto hay: romance, padresoltero, relacion falsa

Editado: 12.09.2026

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