Una Novia para mi Papá

Capítulo 16 —A puerta cerrada

La mentira ya no servía.

Flavia lo comprendió mientras observaba el teléfono sobre la mesa, después de que Pablo terminara la llamada. Habían conseguido marcarle un límite, pero eso no reparaba la confusión de Carolina ni borraba la forma en que los había mirado al descubrir que su supuesto compromiso tenía una fecha de vencimiento.

Gabriel cerró la computadora y dirigió la vista hacia el comedor. Carolina continuaba haciendo sus tareas, ajena a la decisión que comenzaba a instalarse entre los adultos.

—Tenemos que contarle la verdad —dijo Flavia. Sus manos permanecieron apoyadas sobre el respaldo de una silla—. Toda la verdad, sin explicaciones a medias.

Gabriel tardó en responder. Había pasado los últimos días intentando proteger a su hija de las consecuencias de aquel acuerdo, pero cada intento había añadido una contradicción nueva.

—Eso significa terminar con la relación pública —señaló. No parecía oponerse, sino calcular el alcance de lo que debían hacer—. Una vez que Carolina lo sepa, no podemos pedirle que finja delante de los demás.

—Tampoco podemos exigirle que conviva con una mentira sin entenderla. Ya empezó a buscar respuestas por su cuenta y Pablo aprovechó esa confusión para acercarse a ella.

Gabriel volvió la mirada hacia el comedor. Carolina escribía inclinada sobre un cuaderno, con la lengua asomando apenas entre los labios mientras se concentraba.

—Hablaré con Josefina mañana —decidió—. Prepararemos una ruptura para los patrocinadores y separaremos la gala de nuestra relación.

Flavia sintió una presión incómoda en el pecho. Aquello era exactamente lo que había pedido desde el principio: terminar con la farsa antes de que causara más daño. Sin embargo, imaginar la ruptura pública, las preguntas de la prensa y el regreso definitivo a una vida donde Gabriel y Carolina no ocupaban ningún lugar le produjo un vacío que prefirió no examinar.

—Valdés Eventos continuará trabajando en la gala mientras la clínica mantenga el contrato —aclaró. Necesitaba comprobar que la decisión no destruiría también la única oportunidad de salvar su empresa.

—El contrato no depende de nuestra relación —respondió Gabriel. La firmeza con que lo aseguró no dejaba espacio para represalias ni favores—. La clínica la contrató para organizar el evento y usted continuará haciéndolo.

—Las donaciones sí aumentaron por la historia que presentamos.

—Encontraré otra forma de conservar a los patrocinadores.

Flavia inclinó la cabeza. Gabriel había aceptado perder la ventaja pública sin utilizarla como argumento para continuar engañando a Carolina.

—Entonces estamos de acuerdo —concluyó—. Se lo contamos hoy y mañana comenzamos a terminar con todo.

La palabra terminar quedó suspendida entre ellos. Gabriel la recibió sin cambiar de expresión, aunque sus dedos se cerraron alrededor del borde de la mesa.

—Será lo mejor para Carolina —afirmó.

Ninguno añadió que también sería lo más sencillo para ambos. Sin cenas fingidas, sin fotografías, sin contacto físico pactado y sin momentos capaces de confundirse con algo verdadero. Gabriel regresaría a la vida segura que había construido después de Laura. Flavia podría concentrarse en recuperar su empresa sin preguntarse por qué aquel hombre comenzaba a irritarla menos de lo conveniente.

Gabriel llamó a Carolina.

La niña apareció con el cuaderno sujeto contra el pecho. Miró a uno y otro antes de sentarse en el sofá.

—¿Hice algo mal en la escuela? —preguntó. Sus piernas quedaron juntas y las puntas de sus zapatos apenas tocaban el suelo.

—No se trata de la escuela —respondió Gabriel. Ocupó el sillón frente a ella, mientras Flavia se sentaba a su lado—. Tenemos que explicarte algo que debimos contarte antes.

Carolina dejó el cuaderno sobre sus rodillas. No parecía asustada. Solo atenta.

Gabriel tomó aire. Estaba acostumbrado a comunicar diagnósticos difíciles, explicar riesgos quirúrgicos y responder preguntas de familias aterradas. Ninguna de aquellas conversaciones lo había preparado para admitir ante su hija que le había mentido.

—Cuando conociste a Flavia, alguien tomó una fotografía y muchas personas creyeron que ella y yo teníamos una relación —comenzó. Mantuvo la voz serena, aunque no apartó los ojos del rostro de Carolina—. Esa noticia ayudó a que más gente se interesara en la gala de la unidad pediátrica.

—También hizo que atacaran a Flavia y dijeran que estaba utilizándote para llegar a mi —añadió él, corrigiéndose antes de presentar únicamente la parte conveniente—. En vez de aclarar la verdad, aceptamos comportarnos como pareja durante ocho semanas.

Carolina escuchó sin interrumpir. La ausencia de sorpresa inquietó a Flavia.

—Firmamos un acuerdo —continuó ella—. Tu padre contrataría a Valdés Eventos para organizar la gala y nosotros apareceríamos juntos hasta que terminara la campaña. Después le diríamos a todos que la relación no había funcionado.

—Pero no eran novios —dijo Carolina. No formuló una pregunta. Lo afirmó con la tranquilidad de quien acababa de confirmar una sospecha.



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En el texto hay: romance, padresoltero, relacion falsa

Editado: 12.09.2026

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