Una Novia para mi Papá

Capítulo 17 —Todo bajo control

El salón parecía finalmente terminado.

Flavia permaneció en el centro de la pista mientras revisaba la ubicación de las mesas, la distancia entre el escenario y los primeros asientos, y el recorrido que realizarían los invitados desde la recepción. A su alrededor, el personal comprobaba las luces, conectaba las pantallas y terminaba de colocar los elementos decorativos.

La prueba técnica debía confirmar que todo funcionaba antes de aprobar el montaje definitivo.

—La imagen de la pantalla central está demasiado oscura —indicó Flavia, señalando el escenario—. Cuando proyectemos los dibujos de los niños, los colores deben verse con claridad desde el fondo.

Uno de los técnicos modificó los niveles. Flavia retrocedió varios pasos para comprobar el resultado y estuvo a punto de chocar con Gabriel.

—¿Siempre aparece sin hacer ruido? —preguntó, girándose hacia él.

—Entré por la puerta principal —respondió Gabriel. Llevaba el traje que utilizaba en la clínica, aunque se había quitado la corbata y sostenía la chaqueta sobre un brazo—. Supuse que no necesitaba anunciarme con una alarma.

Flavia regresó la atención hacia la pantalla.

Desde que le habían contado la verdad a Carolina, algo se había relajado entre ellos. Ya no necesitaban medir cada palabra dentro de la casa, aunque continuaban representando a la pareja perfecta ante los demás.

—¿Cómo avanza todo? —preguntó mientras examinaba el salón.

—Estará listo.

Una sonrisa breve apareció en el rostro de Gabriel. Flavia la descubrió antes de que él pudiera ocultarla dirigiendo la atención hacia el escenario.

Carolina tenía razón.

Gabriel sonreía cuando la miraba y creía que nadie lo veía. No lo hacía de manera abierta ni frecuente, pero el gesto alteraba por completo la severidad habitual de su rostro.

—Puede dejar de buscar errores —comentó Flavia mientras caminaba hacia las mesas—. Todavía no hemos terminado.

Gabriel la siguió sin apresurarse.

—No estoy buscando errores. Intento comprender cómo consigue dar seis órdenes al mismo tiempo sin que nadie la odie.

—Es una capacidad que debería estudiar. Podría resultarle útil en la clínica.

—En un quirófano nadie discute mis indicaciones.

Flavia se detuvo junto a una mesa y corrigió la posición de uno de los centros decorativos.

—Tal vez porque sus pacientes están anestesiados.

La risa de Gabriel fue baja, casi sorprendida. Ella levantó la vista y lo encontró observándola con una calidez que desapareció apenas sus miradas se cruzaron.

—¿Qué sucede? —preguntó.

—Nada...

La respuesta evitaba explicar demasiado. Flavia estaba a punto de insistir cuando uno de los técnicos la llamó desde el escenario.

Recorrió el salón para revisar el montaje audiovisual. Apenas había subido el primer escalón cuando un sonido seco atravesó el techo.

Después comenzó la alarma.

Los rociadores descargaron agua sobre el salón con tanta violencia que, durante varios segundos, nadie consiguió reaccionar. Las luces parpadearon, las pantallas se apagaron y el personal corrió hacia los equipos.

—¡Desconecten la electricidad! —ordenó Flavia, protegiéndose el rostro con un brazo—. ¡Cubran las consolas y saquen todo lo que todavía pueda salvarse!

El agua le empapó el cabello y la ropa en pocos segundos. Bajó del escenario y avanzó hacia el tablero de control, pero el suelo ya estaba resbaladizo. Uno de sus zapatos perdió apoyo y su cuerpo se inclinó hacia atrás.

Gabriel alcanzó a sujetarla por la cintura antes de que golpeara contra la estructura metálica.

El impulso los llevó contra una pared. Flavia quedó atrapada entre su cuerpo y la superficie, con las manos aferradas a su camisa. Gabriel la sostenía con tanta fuerza que el contacto anuló durante unos segundos la alarma, el agua y las voces del personal.

—¿Se golpeó? —preguntó, acercándose para que pudiera escucharlo por encima del estruendo.

Gabriel recorrió su rostro con la mirada y después bajó hasta sus hombros, comprobando que no estuviera herida. Cuando volvió a mirarla, una sonrisa lenta alteró la tensión de sus facciones.

—Parece que la historia vuelve a repetirse.

Flavia comprendió la referencia. La primera vez que se habían visto, Gabriel también había evitado que terminara en el suelo.

—Así fue como nos conocimos —añadió él, sin aflojar la mano que mantenía alrededor de su cintura.

Ella lo contempló en silencio. El agua le corría por el rostro, pero la cercanía de Gabriel le provocaba un calor que nada tenía que ver con la temperatura del salón.

—Empiezo a sospechar que espera a que me caiga para aparecer —comentó, permitiendo que una sonrisa asomara en sus labios.

—Empiezo a sospechar que se cae cuando sabe que estoy cerca.

—Tiene una opinión demasiado elevada de sus reflejos, doctor Santoro.



#58 en Detective
#58 en Novela negra
#63 en Otros
#36 en Humor

En el texto hay: romance, padresoltero, relacion falsa

Editado: 12.09.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.