Una novia para mi tío

Capítulo 2

Mariana

 

—¿Cómo te fue Nina? —se abalanza sobre de mí, Pili, mi hermana menor.

—¡Conseguí el empleo! —dije un poco bajoneada.

—¿Y por qué lo dices así?

—No lo sé, el papá de la niña es un pendejo cabrón —recordar su altanería y malos tratos me hacían dar náuseas.

—Bueno, pero solo cuidarás a su hija, no tienes que tratar con él ¿O sí? —mientras escucho la pregunta depilar a mi mente viene la cara de ese hombre, el cual es bastante atractivo, no podía mentir, me gustaba, pero todo lo lindo se le fue cuando me trato mal.

—Eso es lo mejor, que trataré con su esposa —en ese momento me di cuenta de que estaba pensando en un hombre comprometido, como fui tan boba.

—Entonces está todo bien, no te hagas problemas —asiento con una sonrisa falsa ante lo que mi hermana afirmo.

—¿Y mamá? —cambio de tema rápido, ya que no quería seguir hablando de ese hombre.

—No regreso, llamo luego de que te fuiste para avisar que se retrasó su vuelo —mi familia se conformaba por mi madre, Pilar de 20 años, Susana de 14 y Maite de 8, no teníamos padre, puesto que falleció hace muchos años, mi madre trabaja como azafata (recargo) en una importante aerolínea y se la pasa todo el tiempo volando para poder darnos una mejor calidad de vida.

—Entonces cenaremos las cuatro solas, una vez más —me levanto de mi lugar y voy hasta la cocina para preparar la cena.

 

Un día después

 

Mi reloj cucú no sonó, a los tropezones me estaba cambiando y preparando todo para salir a mi primer día laboral.

—¿Cómo estoy? —me detengo a medio pasillo, mi madre estaba apenas despertando, ya que había llegado en la madrugada de su trabajo.

—¿A dónde vas? —sabía que mi respuesta, no le va a gustar, pero ni modo, ya tenía empleo.

—Entre como babysitter de una importante familia, más preciso de la familia Romanov.

—¿Qué? Te dije que no tenías que hacerlo, tu deber es estudiar Mariana —me dice en tono serio, pero no había vuelta atrás.

—No voy a renunciar ahora, además solo cuidaré una niña y la paga es buena, no te preocupes —me acerqué a ella y le di un beso en su mejilla, para luego salir de volada o iba a llegar más tarde de lo que ya iba.

Mientras corría hasta la estación de tren, escuchaba música en mis audífonos, no quería llegar tarde, y tampoco estresarme, por eso la música era mi salvación, la ponía cada vez que necesitaba relajarme.

Media hora después llegue al importante barrio privado en donde vivía la familia Romanov, toque el timbre y enseguida me dejaron pasar.

—Buenos días, señorita… —se queda mudo el hombre que me abrió la puerta de esta casa.

—Hola, sí, me llamo Mariana, soy la nueva babysitter de Dulce —me presento rápido.

—Por favor pase —señala dentro la sala e ingreso.

—Muchas gracias, señor —le respondí de manera cordila.

—Por favor tome asiento, la señorita Dulce está durmiendo.

—¿Y qué hago? Se supone que debo cuidarla.

—No sabría decirle, soy el mayordomo, pero tranquila que el joven Jonás no tarda en llegar, seguro él le dirá que hacer, con permiso, tengo labores pendientes.

Al escuchar aquel nombre se me revolvieron las tripas.

La casa es grande y muy lujosa, en una esquina de la sala había una chimenea con varios cuadros encima.

Me acerqué hasta ellos y noté que en varias había dos hombres iguales, lo que me lleva a una conclusión.

—¡Son gemelos! —dije en vos alta, mientras levanto el cuadro.

—Que genia, adivinaste —soy sorprendida y sin darme cuenta dejo caer el cuadro, los vidrios estallan de inmediato en la porcelana del piso.

—¡Juro que fue sin querer! —dije aterrorizada al ver los vidrios esparcidos en el suelo.

—¿Me quieres matar? —exclama enojado.

—¿Qué? —le consulto confundida.

—No, nada, ven conmigo antes de que hagas algo peor que esto —me dice y toma mi mano, de inmediato me suelto, ya que sentí una leve corriente eléctrica.

Caminé en silencio detrás de él, a cada paso que daba notaba lo grande y sexi que es, seguro tiene muchas mujeres detrás de él, pensé.

—¿Vas a seguir acosándome con la mirada?

—Eh… no entiendo de que habla, señor Romanov —siento calor en mis mejillas, seguro estaba más colorada que un tomate.

—Olvídalo y ese cuadro que rompiste, será descontado de tu sueldo.

—¿Por qué?

—Tú lo tiraste, no yo y no te quejes, ahora apúrate que Dulce no tarda en despertarse y debo irme.

Le iba a responder, pero me callé, ya que estábamos en la habitación de la niña, lo supe por el color rosado, el cual predomina en la habitación.

—¡Tío! —exclama la niña y se cuelga en sus brazos —¿Qué haces aquí? —le consulta y luego me mira a mí.

—Me mando Beth, porque tu papá salió de viaje con la abuela Ekaterina, pero tranquila que te traje una amiga —le dice y ella sonríe enseguida.

—¡Hola! Me llamo Dulce —me dice la niña y me acerco.

—¡Qué bonito nombre! yo soy Mariana, pero todos mis amigos me dicen Nina.

—¿Quieres ser mi amiga Nina?

—Claro que si Dulce.

—¡Qué bueno que te cayó bien Nina! —escuchar mi apodo en su boca me gusto, pero nadie le dio permiso de llamarme así.

—Lo siento, señor Romanov, pero solo soy Nina para mis amigos, para usted Mariana.

—Creo que es hora de irme, no se olvide de cuidar bien a Dulce, Marina —me desafía con la mirada y se la dejo pasar, ya habrá tiempo de cobrármelas.

 




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