Una parada en Colonia Basilia

Capítulo 9

Subieron al Peugeot 307 y Oli hizo un giro en u para poder regresar a la calle principal.

Sintió que Tadeo la observaba en silencio, pero prefirió no corroborarlo. Luego, vio que sacó su celular.

—Creo que subiré varias fotos del pueblo a mi cuenta de Instagram.

—¿Cómo es tu usuario? —le preguntó sintiendo curiosidad—. Quiero ser testigo de la promoción del pueblo.

Tadeo rió y le pidió el usuario de ella para seguirla y así ella también lo tendría.

—No uso mucho las redes sociales —confesó Olivia—. Pero después si me haces acordar, te sigo de vuelta.

—¿Por qué no las usas?

—No sé. No me gusta estar mucho tiempo pendiente del celular. Mis amigos siempre se burlan de que contesto los mensajes tarde.

—Si, he notado eso.

A medida que se acercaban al río, se pudo percibir el cambio en el aire. La brisa era más fresca y había un aroma distintivo de zona costera.

Oli respiró profundo. A pesar de la cotidianeidad que representaba el río en su vida, siempre le generaba una especie de paz interior sentirlo cerca. Observó a su copiloto y pudo notar la cara de sorpresa del joven cuando sus ojos se encontraron con la inmensidad del río.

—Hacía tanto que no veía agua.

—Da mucha paz, ¿no? —dijo Oli y se arrepintió al instante. A veces olvidaba que su amor por la y conexión por la naturaleza no era compartido por todos.

Pero para su sorpresa, recibió una respuesta afirmativa de parte del joven.

—Con mis amigos solemos ir a pescar siempre que podemos. Es lindo desconectar de la ciudad de esa forma.

Dejaron el auto estacionado bajo la sombra de un árbol y emprendieron la caminata hacia uno de los muelles. Los ojos de Tadeo no se despegaban del río y Oli no podía quitar su mirada de la expresión de él. Le parecía fascinante encontrar el mismo amor que ella sentía por ese lugar, en los ojos del joven.

—Lo que deben ser los atardeceres acá… Es un lugar muy lindo. Las fotos que se pueden sacar yo… —Entonces su mirada se encontró de lleno con la de Oli. —¿Qué pasa? ¿Tengo algo?

Ella rio. Se había perdido observando la sorpresa de su rostro que no se percató en que tenía la vista clavada en él.

—Perdón. Es que me encanta ver el modo en que miras todo… —Cuando tomó consciencia de lo que había dicho, se corrigió rápido—. Digo, la forma en que los turistas ven este lugar que es tan rutinario para mi —dijo rápido—. Es una muestra de la magia que pueden tener las cosas comunes y sencillas.

Tadeo sonrió.

—¿Y disfrutas observando la sorpresa en los turistas?

Ella asintió. Hacía tiempo que se había percatado de aquello y adoraba cada vez que podía ser testigo de un acontecimiento así. Le hacía amar más el lugar en donde vivía.

—Sabes que podrías experimentar eso en primera persona, ¿no?

Entonces la paz de la joven desapareció.

—Te gusta romper el clima tranquilo con esos comentarios, ¿no? —se animó a defenderse.

Notó cierto arrepentimiento en el rostro de Tadeo.

—Perdón, es que me sorprende que te limites a ser espectadora de algo que podrías vivir…

Y Olivia también era consciente de eso. Quizás había mucha más magia al vivirlo en primera persona. Pero conocía sus límites. Sabía la cantidad de temores, pensamientos y sensaciones que la frenaban. Por más deseo que hubiera, no tenía el valor de tomar la iniciativa de ir tras ese cambio. Con el tiempo, había aprendido a aceptarlo.

—Es que sé que experimentarlo por mi propia cuenta tiene más riesgo —rio nerviosa.

—En el riesgo está el aprendizaje —le dijo con sinceridad mientras volvía la vista al río.

—Quizás algún día encuentre valor.

Ninguno agregó nada más. Oli no quería seguir tocando ese tema que le ponía los pelos de punta y le alteraba toda la paz que había logrado construir a lo largo del día. Y al parecer, Tadeo respetó su decisión.

Llegaron al muelle y se encontraron con cuatro adultos que estaban esperando para subir al pequeño yate de Raúl, el padre de Igor.

—¡Olivia! —la saludó desde el interior—. Hacía mucho que no venías por acá.

—Es verdad… Hoy vengo a acompañar a un turista desamparado.

—Tadeo, ¿no? —le dijo el hombre extendiendo su mano para estrechar la de él en un saludo—. Waldo me habló de ti ayer. Dice que no te olvides de pasar a verlo antes de irte.

Oli pudo observar cierta sorpresa en el joven quien sonrió y aceptó la invitación.

—No pensaba irme sin agradecerle la ayuda —agregó.

El hombre le sonrió y dijo que iría a preparar el yate para zarpar.

—Parece que te ganaste el cariño de Waldo —le dijo ella cuando quedaron a solas.

—Y él se ganó el mio, sin dudas. Me habló mucho de su historia… Y sobre Marta.

Al escuchar ese nombre, a Oli le dio un sacudón en el corazón. Estaba algo sensible y recordarla la invadió de nostalgia.



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En el texto hay: suenos, amor, pueblo

Editado: 23.08.2024

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