Una pausa para el amor

Capítulo 6: El Rastreo

La parsimonia con la que Alexander manejaba su vida empresarial se desmoronó por completo el tercer martes de octubre. No podía concentrarse. Los informes de expansión de Bismarck Industries sobre su escritorio de roble parecían borrosos; en su mente solo se repetía el silencio sepulcral de la mansión y la mirada de Elena, que cada noche regresaba más distante, más indomable y con una cortesía fría que lo estaba volviendo loco.

A las tres de la tarde, Alexander tomó el teléfono de la línea privada de su despacho. Su rostro estaba rígido y la mandíbula sumamente tensa.

—"Hans", llamó a su jefe de seguridad con su voz barítono, grave y profunda. —"Quiero la ubicación GPS exacta del dispositivo de mi esposa. Ahora mismo".

—"Entendido, señor Von Bismarck. Demorará un minuto milimétrico", respondió la voz al otro lado de la línea.

Alexander colgó, se levantó de su asiento e irguió su masiva anatomía de un metro con noventa y dos. Caminó hacia el espejo de su baño privado, se ajustó el nudo de su corbata de seda y se colocó el saco de su impecable traje de sastre gris oscuro. Sentía una extraña e invisible opresión en el pecho musculoso. Sus celos posesivos, mezclados con la arrogancia de quien siempre lo ha controlado todo, le dictaban que Elena debía estar gastando su fortuna en alguna boutique sofisticada de la avenida Kurfürstendamm para llamar su atención.

El teléfono vibró. Hans había enviado las coordenadas. Al abrir el mapa en su pantalla, Alexander parpadeó, desconcertado. La señal parpadeaba en el corazón de Mitte, exactamente sobre los terrenos de la Universidad Humboldt de Berlín.

—"¿Qué demonios haces en una universidad pública, Elena?", murmuró de forma sumamente ronca a puerta cerrada.

El Descenso del Magnate

Sin perder un segundo, Alexander bajó a la entrada de la residencia, donde su camioneta blindada negra ya lo esperaba con el motor en marcha. El viaje por las calles de Berlín fue un tormento ruidoso de pensamientos para el magnate. Recordaba a Elena a los 17 años, la joven tímida y estudiosa a la que solo había querido llevarse a la cama por el capricho de conquistarla, y cómo el matrimonio por compromiso los había encadenado, robándole la juventud a ambos. Él había usado esa frustración para castigarla con su desamor durante doce años, pero verla romper la rutina de la mansión sin su autorización milimétrica lo hacía sentir desarmado.

La camioneta se detuvo frente a la imponente fachada de piedra de la universidad pública. Alexander descendió con total sofisticación, atrayendo de inmediato las miradas de los estudiantes jóvenes que caminaban por el campus. Con sus pasos largos y firmes, se adentró en los pasillos ruidosos, guiándose por la señal del teléfono.

El Impacto de Alta Velocidad

El rastro lo llevó hasta la cafetería del campus, un lugar amplio y rústico, lleno de mesas de madera y olor a café destilado. Alexander se detuvo en seco bajo el umbral de la puerta, y su mirada azul siberiana se congeló ante la escena.

Cerca del gran ventanal, Elena estaba sentada rodeada de tres estudiantes universitarios mucho más jóvenes. Vestía una sencilla gabardina color crema que acentuaba su hermosa silueta, y su largo cabello castaño caía suelto con una delicadeza que a Alexander le cortó la respiración. Pero lo que le asestó un impacto directo al orgullo fue ver la amabilidad profunda y sincera con la que ella sonreía mientras señalaba un cuaderno lleno de gráficos matemáticos.

A su lado, un joven de chaqueta de mezclilla sostenía al pequeño Leon, de 4 años, en sus brazos de forma cariñosa, mientras el niño reía y jugaba con los bolígrafos del estudiante. Elena no lucía como la madre sumisa y apagada de la mansión; se veía joven, hermosa, indomable y provista de una brillantez intelectual que eclipsaba a todos en la mesa.

Alexander sintió que una furia primitiva y unos celos puros le recorrían la anatomía rígida. El hombre más poderoso de Alemania entendió, en ese ruidoso segundo de silencio, que su esposa había escapado de su jaula de oro y que el intelecto de la "nerd" de la universidad estaba listo para reclamar el futuro que él mismo le había arrebatado.




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