Una pausa para el amor

Capítulo 1

Terrible confusión.

Ana.

Término la última clase que me tocaba presentar, guardado mis cosas en la mochila.

Estoy ansiosa de llegar a casa para contarle a mi mamá la gran noticia del día.

Espero que se ponga muy feliz por mí, me encuentro en el estacionamiento con Robert, al parecer no esta muy contento que digamo, pero aquí está y es lo importante.

—¿Por qué te demoraste? Llego rato esperando. — su ceño se profundiza más de lo normal.

—Lo siento, podrían haberse ido sin mí. —Sé que él es el hijo del jefe de mi madre, y no estoy en condiciones de exigir que me esperen.

Soy muy consciente de mi posición en este momento.

—Sabes que no puedo y ni quiero preocupar a mi baba, solo por ella, porque no habrá una próxima vez.

—¿Pasa algo Robert? — es cierto que es un gruñón de primera, pero esto ya pasa los límites de su amargura.

—¿Qué estabas haciendo? —contraataca él.

—Estaba en clases.

Él me mira sin poder creer lo que le estoy diciendo, pero es la verdad, podré tener miles de defectos, pero mentir no es una de ellas.

Él asiento, no convencido con lo que le dije, pero tampoco sé que decir para que entienda que no es mentira.

—¿Te quedarás parada ahí siempre? — preguntó, sacándome de mis pensamientos.

Asiento y subo sin decir nada más.

Es algo que he aprendido con el tiempo y es que Robert, no es de lo que demuestran lo que sienten.

Y ese es el problema ahora, desde que tengo uso de razón nos conocemos, pero últimamente está muy extraño y comportamiento del hijo del jefe me está empezando a molestar, pero ¿Qué hago?

Mi mamá es la nana de él, y él la ama como una segunda madre, pero conmigo es todo lo contrario, más callado, más gruñón, más y más… y más mandon.

Vamos en el vehículo con un silencio incómodo, pero puedo sentir su mirada sobre mí. ¿Qué hice para merecer su enojo?

—Dime algo. — que hablara tan de repente, hace que mi cerebro se ponga en alerta y que mi corazón bombee más rápida pareciendo que si no suelta lo que me tiene que decir, me dará un paro cardíaco, pero mi poca valentía hace que sostenga su mirada oscura.

Él me observa como si tratara de averiguar algún enigma secreto y eso solo hace que me empeoró todo lo que ya siento.

—¿Qué hacias con el capitán de equipo de fútbol?

Eso era lo último que imaginaba que me iba a preguntar.

—Yo…

Mi cerebro se niega a funcionar correctamente, y ya ni recuerdo lo que pasó o de lo que hable con Kenneth, solo tengo una pregunta en mente.

—¿Me estabas vigilando?

Mi boca expulsa las palabras antes que me digne a sobre pensar las consecuencias de estas.

—Estas de broma, solo te vi, pero tampoco te quiero cerca de él.

Lo miró incrédulo, no puedo creer que me este prohibido algo, cuando somos nada y yo… quiero.

Corto mis pensamientos, no tengo y ni debo tener ese tipo de pensamiento con él, no con él.

—¿Me estás escuchando, Ana?

—¿Qué decías? —Si las miradas mataran, yo ya estaría enterrada.

Miro como se lleva los dedos a su entre ceja, esperando como si eso fuera ayudarle a darle la paciencia que necesita.

—Te lo dire una última vez. —Me mira de frente y señala con el dedo, como si eso fuera posible frenar algo… —No te quiero ver cerca de ese pelele.

—Pero…— trato de llevarle la contraria, él este año es su último y a mí todavía me falta dos años para terminar.

Solo de recordar eso, hace que un nudo se forme en mi garganta, no quiero, pero es lo que hay.

—¿Por qué estás llorando? —Dice enojado. — No me diga… me niego a que estes enamorada de él.

Mis ojos no se pueden salir de su lugar, ya que mi anatomía no se los permite, pero sino ya estarían afuera, por tantas tonterías que eata diciendo Robert.

—No, solo… — pienso mejor las cosas y decido callar todo lo que muero por gritar sin ser juzgada. —Olvidalo.

Él sostiene mi barbilla y lo siguiente que escucho hace que mi cuerpo tiemble. —Será mejor que me hagas caso, antes que le diga a mis padres que no sigan con tu beca.

Sé que habla con mucha sinceridad y no me toca más que asentir, confirmando que haré lo que él me esta diciendo.

—¿Entendiste?

—Sí, ya no hablaré con él.

No me queda más que acatar sus ordenes, no puedo permitir que mis estudios se vean afectados de esa manera.

Todo porque no hice caso.

Él asiente, no tan satisfecho, que a veces me cuestionó su cambios de humor.




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