Una Perfecta Imperfección

CAPÍTULO I

La lluvia golpeaba suavemente los ventanales de la mansión mientras yo esperaba a que la pequeña Leni bajara de su habitación; ya íbamos tarde. Miré el reloj por quinta vez en menos de un minuto y solté un suspiro cansado, acomodando el puño de mi camisa mientras la sala permanecía en un silencio casi irritante. Afuera, Noirvelle seguía envuelta en esa lluvia elegante y fría que parecía no abandonar jamás la ciudad.

—Leni —llamé con paciencia limitada—. Tenemos que irnos ahora.

Escuché pequeños pasos apresurados en el segundo piso y, segundos después, apareció corriendo por las escaleras con uno de sus zapatos mal puesto y el cabello ligeramente despeinado.

—Estoy lista —dijo agitada, abrazando una pequeña mochila rosada.

La observé por unos segundos. Definitivamente no estaba lista.

—¿Eso es estar lista para ti?

Bajó la mirada hacia sus zapatos y sonrió apenas.

—Casi lista.

Negué lentamente, acercándome a ella para arrodillarme frente a sus pequeños pies y acomodar la correa del zapato correctamente. Leni permaneció quieta, observándome con esos ojos curiosos que siempre parecían entender más de lo que deberían.

—¿Por qué tengo que ir al colegio todos los días? —comentó de repente—. Rafael dice que ir al colegio no sirve de nada.

—Rafael habla mucho.

Ella soltó una pequeña risa.

—¿Y tú sonríes demasiado poco?

Levanté la mirada hacia ella.

—¿Ahora también eres comediante?

—Tal vez.

Tomé su mochila antes de ponerme de pie nuevamente. Detrás de los enormes ventanales, la tormenta no daba tregua.

El paraguas negro nos protegió del agua mientras caminábamos hacia el auto estacionado frente a la mansión. Leni iba tomada de mi mano, saltando con cuidado entre los pequeños charcos como si aquello fuera algún tipo de juego.

—Si te mojas, no te quejes después —murmuré, abriendo la puerta trasera.

—No me voy a enfermar —respondió al entrar—. Tengo poderes.

—Claro.

El chofer cerró el paraguas apenas subimos y ocupó su lugar al volante.

—Buenos días, señor Volkov.

—Conduce.

Leni se acomodó junto a la ventana, observando las calles húmedas de la ciudad mientras el auto avanzaba entre edificios cubiertos por la neblina y luces blancas reflejadas sobre el pavimento mojado.

—¿Hugo irá hoy a la empresa? —preguntó ella.

—Lamentablemente.

Ella soltó una risa pequeña.

—Ayer dijo una grosería frente a mí.

Levanté apenas una ceja.

—¿Y tú la repetiste?

—…Tal vez.

—Fantástico.

El trayecto continuó entre el sonido suave de la lluvia y las voces lejanas de la ciudad que despertaba lentamente. Minutos después, el auto se detuvo frente al enorme edificio de la escuela. El chofer abrió la puerta y Leni giró antes de bajar.

—¿Irás por mí hoy?

—Si termino temprano.

—Eso no significa sí.

La observé unos segundos.

—Intentaré llegar temprano.

Ella pareció satisfecha con la respuesta y salió finalmente del auto, corriendo hacia la entrada de la escuela con su pequeña mochila rosada rebotando en su espalda. La puerta volvió a cerrarse.

—A VOLKOV Group, señor —habló el chofer.

Aflojé ligeramente el nudo de mi corbata mientras el auto retomaba el camino. El día apenas comenzaba y ya tenía demasiado trabajo esperándome.

El edificio de VOLKOV Group apareció entre la bruma unos minutos después, imponente y perfectamente iluminado a pesar del cielo gris de Noirvelle. El auto se detuvo frente a la entrada principal y, apenas bajé, uno de los empleados abrió las puertas de cristal automáticamente.

—Buenos días, señor Volkov.

Asentí apenas, caminando directamente hacia el elevador mientras el sonido de mis zapatos resonaba sobre el mármol brillante del lobby. Todo seguía exactamente igual: pantallas encendidas, personas apresuradas, llamadas constantes, trajes impecables y un silencio incómodo.

Las puertas del elevador se abrieron en el último piso y encontré a Rafael revisando algo en su tableta mientras tomaba café.

—Llegas tarde —comentó sin levantar la vista.

—Son tres minutos.

—Para ti eso ya es una tragedia.

Ignoré el comentario y entré a mi oficina. Los enormes ventanales dejaban ver toda Noirvelle cubierta por la tormenta. Rafael me siguió segundos después.

—La junta con inversionistas fue movida para las once. Pietro y Hugo llegarán en media hora… probablemente con resaca.

—Entonces no los dejes entrar hasta que parezcan personas funcionales.



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En el texto hay: enemiestolover, enemies to lovers.

Editado: 23.05.2026

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