Una Perfecta Imperfección

CAPÍTULO III

La mochila pesaba más de lo normal ese día, o quizás era yo la que cargaba demasiado desde la mañana.

Salí de la granja con el tiempo justo, después de dejarle el medicamento a Margarita y recordarle tres veces a mi abuelo que no se olvidara de dárselo al mediodía. Él me despidió con un manotazo en el aire como si fuera una mosca molesta, lo cual significaba que había entendido perfectamente.

El camino hacia la escuela lo hacía casi siempre a pie. Eran nueve minutos si caminaba normal, siete si iba pensando en otra cosa y seis si llevaba frío. Ese día fueron seis.

El Instituto Técnico de Rosenfeld no era grande ni pretendía serlo. Un edificio de piedra gris con ventanas amplias, rodeado de pinos igual que todo en este pueblo, con un patio interior donde la gente se juntaba entre clases a tomar café malo de la máquina expendedora y a quejarse de los parciales. No tenía nada de glamoroso, pero era nuestro.

Entré por la puerta lateral de siempre y casi de inmediato escuché la voz de Scarlett.

—¡Llegas tardísimo! —exclamó desde el pasillo, caminando hacia mí con un café en cada mano y la mochila colgando de un solo hombro como si el equilibrio fuera opcional—. Te guardé uno, pero si sigues así un día me lo tomo yo sola y no me voy a arrepentir.

—Son dos minutos —respondí, tomando el café.

—En mi mundo eso es una eternidad. —Me lo dijo completamente en serio.

Nora apareció detrás de ella con paso tranquilo, revisando algo en su cuaderno mientras caminaba, con esa habilidad suya de hacer dos cosas a la vez sin tropezar.

—¿Cómo está Margarita? —preguntó sin levantar la vista.

—Mejor. Ya comió esta mañana.

—Bien. —Cerró el cuaderno—. ¿Tienes el resumen de la clase de ayer?

—En el teléfono. Te lo mando en el recreo.

Margot nos alcanzó en la puerta del salón con su expresión habitual, esa mezcla de seriedad y paciencia que solo ella lograba mantener rodeada de nosotras.

—El profesor Aldana adelantó el parcial —anunció, sin preámbulo ni disculpa.

Scarlett casi derramó su café.

—¿Para cuándo?

—Viernes.

—Margot, hoy es martes.

—Lo sé.

—¿Y me lo dices así, con esa calma?

—¿De qué serviría decírtelo con pánico?

Scarlett la miró fijamente por tres segundos y luego se giró hacia mí.

—A veces me pregunto cómo somos amigas.

—Yo también —dijo Margot, entrando al salón.

La primera clase era Sistemas de Producción Agrícola, y el profesor Herrera tenía esa costumbre de empezar exactamente a la hora, sin importar quién faltaba ni quién llegaba corriendo. Lo respetaba por eso, aunque esta mañana casi me cuesta el asiento.

Me senté junto a la ventana, que daba hacia el patio de pinos, y abrí el cuaderno mientras él comenzaba a hablar sobre rotación de cultivos y manejo de suelos en zonas de montaña. Era material que en parte ya conocía de la granja, pero escucharlo con fundamento técnico le daba un peso distinto. Mi abuelo hacía muchas cosas bien por intuición y años de experiencia, pero yo quería entender el porqué detrás de cada decisión.

Anoté más de lo necesario, como siempre.

Al terminar la clase, mientras guardaba el cuaderno, el profesor Herrera se acercó a mi mesa.

—Rosenberg, el proyecto de fin de semestre. ¿Ya tienes el tema definido?

—Estoy entre dos opciones todavía.

—No te quedes mucho tiempo entre dos opciones. Decide y trabaja. —Lo dijo sin dureza, más como consejo que como regaño—. Tienes buena base, no la desperdicies dudando.

Asentí y salí al pasillo donde Scarlett ya me esperaba recargada en la pared con cara de quien acaba de sobrevivir algo.

—Mi profesor de Tendencias en Turismo nos pidió una propuesta de ruta turística para la región —dijo—. Le voy a proponer una ruta de mercados locales y gastronomía de montaña.

—Eso suena bien.

—Suena perfecto. —Se irguió con orgullo—. Rosenfeld tiene material de sobra, solo hay que saber presentarlo.

La clase de inglés era la última del día y la compartíamos las cuatro, que era básicamente lo único que la hacía soportable para Scarlett, quien tenía una relación complicada con el idioma.

El profesor Vidal era joven, paciente y extremadamente optimista con respecto al progreso del grupo, lo cual era admirable dado el nivel general.

—Very good, Scarlett —dijo ese día, después de que ella respondiera una pregunta con una mezcla valiente de inglés, español y algo que probablemente era francés.

—Gracias, —respondió ella en español, completamente satisfecha.

Margot, sentada a su lado, cerró los ojos brevemente.

Nora y yo intercambiamos una mirada y miramos al frente antes de reírnos.

La clase avanzó entre ejercicios de comprensión lectora y una conversación guiada sobre descripciones de lugares. Cuando el profesor pidió que cada uno describiera su lugar favorito en inglés, el salón se llenó de un silencio incómodo y calculador.



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En el texto hay: enemiestolover, enemies to lovers.

Editado: 23.05.2026

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