Una Perfecta Imperfección

CAPÍTULO IV

Capítulo 4


Los sábados con Dimitri son mis favoritos.

No me lo ha dicho con palabras, porque Dimitri no dice muchas cosas con palabras, pero yo sé que a él también le gustan. Lo sé porque los sábados no se pone corbata. Y Dimitri sin corbata es Dimitri de buen humor, aunque su cara no lo diga.

Esta mañana desayunamos juntos en la mesa grande. Él tomó café y leyó cosas aburridas en su tableta, y yo comí mis tostadas con mermelada de fresa y le conté todo lo que pasó en el colegio esta semana. No sé si escuchó todo, pero asintió en los momentos correctos, que es lo que hace cuando sí está poniendo atención.

—¿Y puedo tener un conejo? —pregunté, aprovechando que estaba de buenas.

—No.

—¿Por qué?

—Porque ya tienes suficiente energía para los dos.

No entendí muy bien eso, pero sonó a que no.

Después del desayuno jugamos en la sala. Bueno, yo jugué y Dimitri estuvo sentado en el sofá revisando papeles, pero eso también cuenta porque estaba ahí. Le mostré mi dibujo nuevo, uno de una granja con animales de muchos colores, y lo miró durante más tiempo del que mira normalmente las cosas.

—¿Qué es eso? —preguntó, señalando un animal morado.

—Una vaca.

—Las vacas no son moradas.

—Las mías sí.

No dijo nada más. Creo que le pareció bien.

A las doce fuimos al comedor porque la señora que cocina en la mansión había preparado algo que olía muy rico desde las once. Yo ya había preguntado tres veces si estaba listo y las tres veces me dijeron que todavía no, lo cual me pareció una respuesta innecesariamente larga.

Dimitri me estaba cortando la carne cuando sonó el timbre.

Lo ignoramos las dos veces.

A la tercera, escuché pasos del mayordomo cruzando el pasillo y luego una voz.

Una voz que yo conozco muy bien.

Dejé el tenedor sobre el plato.

—No —dije.

Dimitri levantó la vista.

—¿Qué?

—Que no.

Antes de que pudiera explicarme, la puerta del comedor se abrió y ahí estaba ella. Violette. Con su abrigo blanco, su bolso brillante y esa sonrisa que usa cuando quiere que todo el mundo la mire.

—¡Dimitri! —dijo, como si fuera una sorpresa encontrarlo en su propia casa—. Pasé por aquí y pensé en saludarte. Espero no interrumpir.

Interrumpió.

Yo la estaba mirando fijo y ella me miró a mí dos segundos y luego apartó los ojos, que es lo que siempre hace. Como si yo fuera un mueble.

—Leni —dijo Dimitri en voz baja, con ese tono que significa "pórtate bien".

Me porté bien. Por ahora.

Violette se quedó a comer.

Nadie se lo pidió, pero se sentó igual, en la silla que está al lado de Dimitri, que es donde normalmente me siento yo cuando no estoy en mi lugar de siempre. Tuve que moverme un poco y no me gustó nada.

Habló todo el tiempo. De una fiesta a la que fue, de unas personas que yo no conozco, de un viaje que quería hacer. Dimitri respondía con palabras cortas, que es lo que hace cuando está escuchando a medias, pero Violette no parecía notarlo.

Yo comí en silencio y los observé.

En un momento, Violette puso su bolso sobre la silla vacía que estaba a su lado. Un bolso muy grande y muy brillante lleno de cosas tintineantes.

Lo miré.

Lo seguí mirando.

Era un bolso muy interesante.

—Leni —dijo Dimitri, sin levantar la vista del plato.

—No estoy haciendo nada.

—Ajá.

Tenía razón en desconfiar. Pero en ese momento de verdad no estaba haciendo nada, solo pensando.

Violette me preguntó cómo me llamaba, como si no lo supiera después de haberme visto cuatro veces.

—Leni —respondí.

—¡Qué nombre tan... original! —dijo, con esa voz de adulto que significa que no le gusta pero no lo va a decir.

—El tuyo también es original —respondí yo.

Sonrió.

—Gracias.

—No era un cumplido.

Dimitri tosió de repente. Creo que se le fue el agua por el lado malo.

Violette dejó de sonreír.

Yo seguí comiendo muy tranquila.

Cuando Violette se levantó a buscar algo en la cocina y dejó el bolso solo en la silla, yo fui muy tranquilamente, saqué su espejo brillante que estaba hasta arriba y lo guardé en el bolsillo de mi suéter.

Era pequeño. Cabía perfecto.

También saqué su lápiz de labios rojo, que era muy bonito, y lo puse dentro de mi vaso vacío tapado con la servilleta.

Eso lo encontraría más difícil.



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En el texto hay: enemiestolover, enemies to lovers.

Editado: 23.05.2026

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