Una Promesa entre Sombras (prejuicios #3)

CAPÍTULO 8

Annette Gallagher estaba al borde del colapso.

No recordaba lo que era descansar desde que se había casado hace bastantes años, puesto que, para cuando enviudó, su hijo mayor comenzó a ocupar su mente a todas horas que ya no sabía cuando podría relajarse sin pensar en que el estado anímico de Eric podría empeorar en cualquier momento. Si bien era cierto que había sido él quien decidió asistir a la velada de los Allen por voluntad propia, su preocupación no mermaba desde el minuto en que se percató que había desaparecido entre la multitud de invitados, temiendo que se hubiera marchado sin previo aviso porque, aun cuando los dos años anteriores se resumieron en rehabilitaciones, emociones fuertes, recaídas y un sin fin más de sucesos que eran difíciles de contar, todavía no podía estar segura de confiar en dejarlo solo por mucho tiempo sin que ella creyera que él decidiera cometer una locura.

Estaba angustiada. Su corazón latía desbocado debido al mal presentimiento que tenía desde que Eric decidió acompañarlos a aquella fiesta. Y lo que es todavía peor: ¡a un baile de máscaras organizado por los Allen!; si adivinar la identidad de una persona en un baile de cualquier familia ya era difícil, en aquel salón donde la mayoría de los invitados utilizaban las prendas más oscuras de sus armarios resultaba ser algo imposible de descubrir. Sólo rezaba que su hijo fuera un hombre sensato y no se metiera en problemas esa noche, o estaba segura que su corazón no resistiría y terminaría desmayada en cualquier minuto.

—¿Dónde estás, Eric? —susurró ansiosa mientras observaba a los caballeros que paseaban por el salón.

—Lady Gallagher, buenas noches —saludó una voz femenina con cortesía. Al voltear, Annette casi tropezó con sus propios pies al encontrarse con el Conde de Pembroke junto a su madre, que se abanicaba con elegancia— Ha pasado bastante tiempo desde que nos hemos visto por última vez, querida. ¿La vida en el campo le ha resultado agradable?

La abuela de Casandra Allen, Emilie Collins, había aceptado con gratitud la invitación a aquel extraño baile puesto que no daba para más con el aburrimiento que la agobiaba desde que su nieta se había casado y, para no abandonar a su hijo, decidió establecerse en Londres de manera permanente. Charló con varias damas presentes e incluso comentó con su hijo todos los detalles a los que su nieta, que había ayudado a Lady Allen, les prestó atención de manera minuciosa para que la velada tuviera la esencia de Lady Hazel, orgullosa y aliviada de saber que, con cada día que transcurría, la joven se hubiese integrado de manera satisfactoria a la familia Allen, quienes la habían recibido con los brazos abiertos y cuidaban de ella como si hubiese pertenecido allí desde, prácticamente, toda la vida; aún cuando era la única integrante que utilizaba el color en su día a día a diferencia del resto.

Sonreía encantada por disfrutar de aquella noche…, hasta que sus ojos viraron a un costado y descubrió que la mujer que caminaba ansiosa no era nadie más que Lady Annette Gallagher: la mujer a la que su único hijo ha amado en silencio en todo este tiempo.

Emilie podía ser una mujer bastante adelantada a su época para algunas cosas como también podría sentirse incómoda por otras, y era exactamente así cómo se encontraba en aquel momento, tanto que no pudo evitar tensarse con notoriedad al recordar el día en que su hijo, bastante afligido tras leer una carta que le había llegado, le confesó que albergaba sentimientos hacia dicha dama y cómo Agatha, en su lecho de muerte, lo alentó a perseguir su felicidad. No era como si Emilie repudiara a la marquesa, al contrario, desde el inicio consideró a Lady Gallagher una buena mujer, amable y de carácter dulce que siempre demostró su lealtad y verdadera amistad hacia Agatha; sin embargo, era precisamente por ello que no sabía qué pensar sobre los sentimientos que Frederick poseía por la que fue la amiga de su difunta esposa. Era aún más escandaloso cuando dichos sentimientos surgieron incluso antes de que contrajera matrimonio con Agatha, quien, en aquel entonces —y no dudaba que su nuera lo hubiera olvidado alguna vez— había estado irremediablemente enamorada de un joven americano que falleció de un día para otro, dejándola desamparada y sin salida en un matrimonio que tanto Lord Howard como el difunto Lord Collins organizaron por negocios. De sólo pensar en cuánto sufrió su hijo al callar durante tantos años, y luego con la culpabilidad por el accidente de Casandra a sus seis años, se le encogía el corazón, tan adolorido porque, incluso ahora, no sabía cómo aconsejar a su hijo para que pueda alcanzar su felicidad.

Si era honesta consigo misma, no podía dejar de sorprenderle aquella revelación de Frederick pese a que ya había pasado un par de años de aquella conversación, luego de que él hubiese recibido el rechazo de la dama a través de una carta. Y, aun así, no podía culparla. Ella entendía la situación de la marquesa con respecto a su hijo mayor, el que ignorase los sentimientos de Fred sino hasta que él se le confesó, y lo que significaba para la dama tomar el lugar que una vez le perteneció a Agatha. Debía ser angustiante, demasiado como para comprender el susto en sus ojos al momento de saludarla.

Emilie se mordió una mejilla, intentando sonreír con cortesía. Dios, sólo esperaba que esta situación no causara algún conflicto en los hijos de la marquesa ni en su nieta apenas se enteren de lo que ocurre con sus padres…

—B-Buenas noches, mi lady. Mi lord —realizó una pequeña reverencia antes de cruzar miradas con el conde, que la observó con una mezcla de melancolía y anhelo que no pudo, sino, dejarla aún más nerviosa de lo que se encontraba. Decidió regresar su atención hacia Emilie—. Lamento si no he podido visitarla, mi lady, pero la situación en mi hogar no me lo permitía. Aun así, debo decirle que mi estancia en el campo ha sido satisfactoria. La última vez que estuve allí fue para cuando mi hija recién se había casado, así que extrañaba ese cambio de aires. Debo admitir que Londres es bastante ruidoso…




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