—Les presento a Victor —mencionó Hazel con voz monótona al señalar a la criatura que estaba a su lado.
Al día siguiente, después de la gran venganza de Vladimir Allen, Morgana reunió a la familia en el salón principal para presentar al nuevo integrante que, inesperadamente, había llegado para vivir con ellos en aquella casa llena de locos. Casandra estaba ansiosa; James permanecía con dolor de cabeza debido a la borrachera de la noche anterior, por lo que no dejaba de masajear su sien; y Charles, tan imprudente, no podía dejar de ver al niño que su hermana rescató con la boca abierta del asombro, olvidando por completo la educación que se le había brindado. Victor, el supuesto niño muerto de hace unos cuatro años, lucía un poco más bajo que el resto de pequeños de su misma edad y, además, estaba tan flacucho como James lo estuvo cuando regresó de la guerra que rápidamente comprendió el porqué su madre pasó la tarde anterior encerrada en una habitación cuidándolo, tanto que le prohibieron ir a visitarlo apenas se enteró de su existencia tras ver al médico de la familia rondando por la casa.
—¡Vaya! —exclamó Charlie con genuino asombro— No sabía que habías decidido tener un hijo, Hazel.
La joven frunció el ceño con irritación.
—No seas tonto, Charlie —dijo entredientes—. Él es sólo hijo de Ian, nada más. Por evidentes razones debe quedarse aquí de ahora en adelante —le dijo en referencia a que ella, como se casó con el padre de la criatura, pasó a ser su tutora sin saberlo—. Al menos hasta que se convierta en adulto.
Charlie, que asintió a la explicación volviendo sus ojos al niño que evitaba mirarlos, sólo se preguntó quién fue la pobre mujer que tuvo que dar a luz a un hijo de ese aburrido y malvado hombre, sintiendo lástima por tan pobre alma en desgracia que cayó en las garras del vizconde.
James no dijo ni una sola palabra, tan sólo se cruzó de brazos al fruncir el ceño analizando al pequeño renacuajo que permanecía demasiado cerca de Hazel. Recordó la conversación de anoche al estar en aquel club y, al ser testigo de su comportamiento, entendió a su padre cuando les comentó que, incluso para él, Victor era un niño peculiar: su postura demostraba que no conocía de etiquetas, por lo que estaba encogido de hombros demostrando su incomodidad al estar rodeado de personas; entrelazaba sus dedos de manera inquieta a la vez que se balanceaba sobre sus pies y, lo más característico, evitaba hacer contacto visual prefiriendo prestar atención a otras cosas, como los muebles, paredes o incluso en cómo Roy jugaba sobre la alfombra sin tomar en cuenta la reunión familiar. Pero Lord Allen tenía razón, si bien no era normal —y podría ser debido al aislamiento en el que vivió por cuatro años—, no era razón para cometer tal crueldad ni mucho menos a un niño tan pequeño como él.
Si bien todavía podía sentir el putrefacto olor de la tumba, se alegró de colaborar en la venganza que su padre planeó. Ian Crawford no merecía ser recordado.
—Hazel, no seas grosera. Menos frente al niño —regañó su madre, quien estaba sentada preparando una taza de té mientras dejaba que ellos se conocieran. A su lado, Vladimir se quejaba en silencio debido a la resaca por haber bebido tanto, por lo que Morgana se encargaba de atenderlo— Bebe esto, amor mío. Aliviará tu tortura.
—No, déjalo —rechazó Vladimir que mantenía los ojos cerrados mientras se acomodaba en el sillón con la cabeza apoyada en el respaldo—. Este dolor solo me recuerda la increíble noche que pasé —se rió con suavidad—. Fue asqueroso, pero ese malnacido se lo merecía.
Nadie pudo contradecirlo, no después de saber la barbaridad que cometió el vizconde.
—Yo si lo necesito, madre —extendió una mano James a lo que Morgana le entregó la taza que su hijo saboreó—. Mucho mejor, no quiero que por culpa de este estado, Roy vuelva a impedir que yo duerma junto a mi esposa, ¿qué se cree?.
—Su perro guardián —le recordó Charlie.
—Y tú me lo has obsequiado, cariño —agregó Casandra antes de sonreír con una mezcla de dulzura y emoción hacia donde creía que estaba la criatura—. ¡Es un placer conocerte por fin, Victor! Me llamo Casandra, pero puedes decirme Cassie. Soy la esposa de James —el aludido alzó la mano para que el jovencito supiera a quién se refería. La Sra. Allen, sin dejar de sonreír, se inclinó a su lado y preguntó en voz baja— Charlie, ¿puedes describirlo?
Mientras el muchacho le respondía en susurro, Victor, que había escuchado, no pudo evitar sentir curiosidad debido a esa extraña pregunta por lo que levantó poco a poco la mirada para encontrarse con la única dama de toda la casa que vestía algo de color, pues ese día utilizaba un vestido verde pastel que destacaba con la decoración oscura del salón, pero no era eso lo más llamativo, sino que ella no lo veía directamente y, para su espanto, poseía ese horroroso color de cabello que ahora mismo brillaba demasiado gracias a la luz solar que se filtraba por una de las ventanas. Apartó la mirada con una mueca, sin querer acercarse a ella cuando la Sra. Allen le extendió la mano con intenciones de saludarlo y conocerlo.
—Mocoso, no seas maleducado —regañó Hazel en cuanto fue testigo del descarado rechazo—. Sé que no te gusta que te toquen, a mí tampoco me gusta, pero Casandra es una excepción porque es la única manera de poder conocerte.
—Hazel, no lo… —intentó decir una avergonzada Cass cuando, en eso, Victor decidió explicarse.
—No quiero, porque ella me molesta —todos en el salón se sorprendieron mientras que la rubia, que hasta hace un momento estaba encantada, se mostró confundida por el rechazo del niño.
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Editado: 30.05.2026