—Es un pequeño bastante… particular —mencionó Annette una vez el menor de los Allen, Charles, se llevó a Victor y a Roy para el jardín.
Casandra suspiró tratando de comprenderlo.
—Puede ser —respondió, acomodando un mechón tras su oreja—. Al parecer, Victor es sensible de la vista. No estoy segura, sólo entiendo que no le gusta mi cabello porque brilla demasiado debido al sol. Por eso es un poco reacio conmigo… Quiero creer que no será para siempre —sonrió bajoneada mientras se sentaba en la cama—. Ha sufrido mucho, incluso es bastante distante con nosotros y sólo parece aceptar a Charlie. Se llevan muy bien.
Lady Gallagher no pudo evitar hacer una mueca de lástima por el niño, aunque confiaba que, con el cariño que todos pudieran brindarle, mejoraría pronto con el paso del tiempo. Ese hombre, Lord Crawford, había sido un demonio quizás hasta peor que Thomas…
“No. En realidad fueron muy similares” pensó con horror “Thomas quería deshacerse de Lilian de igual forma debido a su tartamudez. Si yo no hubiera intervenido…”
Annette apartó sus pensamientos mientras masajeaba su pecho para apaciguar las lágrimas. Le había sido inevitable comparar ambas situaciones porque Lilian casi fue arrebatada de su lado para ser llevada a un sitio tan aberrante como Bedlam. No lo habría podido soportar. Y estaba convencida de que, de haber estado la madre de ese niño todavía con vida, quizás Victor no hubiera sufrido como lo hizo durante estos últimos cuatro años…
Tal vez esa mujer habría soportado así como Annette lo hizo por sus hijos. Tal vez hubiera luchado por él…
Inhaló y exhaló profundo, tratando de apartar esa desagradable sensación que le quedaba en el pecho cada vez que alguna situación le recordaba a lo que ella vivió en su matrimonio y familia.
—Confiará en ustedes, querida. Sólo hay que darle tiempo —se sentó a su lado para cambiar el tema que le había afectado, tomando la mano pálida de la joven con dulzura—. Su padre me ha pedido que viniera a visitarla. Dígame, Cassie, ¿todo bien?
Casandra se mostró desanimada, aferrándose con fuerza a la mano de Annette.
—Así es. Es por el tema del que le escribí poco antes de la fiesta de Hazel, mi lady —confesó angustiada—. Es a la única a quién puedo recurrir por el momento porque sé que no me criticará, y no sé si mi abuela podrá entenderme. No quiero preocuparla con esto que me sucede.
—Oh, Cassie… No pasará eso, nadie te criticará.
—Sí habrá quién lo haga —la interrumpió—. Es mi segundo año de matrimonio y, bueno…, con James somos frecuentes con… nuestros deberes —se sonrojó al igual que la marquesa—. Usted me entiende —suspiró—. El asunto es que estoy sintiendo temor, mi lady, porque no pasa nada. Aún no somos padres… ¿y si yo soy el problema? —Annette trató de consolarla, pero Casandra continuó—. Si bien las circunstancias de Lilian impidieron que ella se preocupara por el tema en cierto tiempo, no tardó en tener a Anthony. Y después llegó Diane, ¡casi de inmediato! No sabe cuánto envidio a mi querida Lilian, ¿por qué ella pudo cumplir mi sueño y yo no, mi lady? —confesó desanimada, sintiéndose pésima amiga por esos sentimientos oscuros que surgían en su corazón.
—Mi niña —Annette la abrazó con dulzura, acariciándole el cabello rubio con paciencia—. Todo va de acuerdo a su tiempo y quizás el de ustedes todavía no llega. No debes preocuparte por ello todavía. El Sr. James la ama tal cómo usted es y, a mi juicio, no parece preocupado por el tema —Casandra asintió al encontrarle la razón—. Lilian y Andrew… —suspiró—, sólo llevan más tiempo casados. Ustedes apenas están comenzando, mi niña. Ni siquiera su esposo ha heredado el título todavía, y ser duquesa conlleva muchas responsabilidades. Lilian le podrá decir.
—Eso lo sé, Lady Allen me está ayudando a que pueda llevar esta casa como futura duquesa —confesó antes de relamerse los labios con ansiedad—. Admito que usted tiene razón, pero… no puedo evitar asustarme. Para mi madre fue difícil concebir. Mi abuela y mi padre me contaron eso en muchas ocasiones y yo, prácticamente, fui su milagro. Temo que me pueda suceder lo mismo… y nunca… poder cumplir mi sueño…
Annette se mantuvo en silencio por unos minutos, recordando a su querida amiga Agatha. Era verdad que a ella le fue difícil concebir, tanto que cuando se enteró de que Annette estaba esperando a Eric no pudo evitar sentir cierta melancolía, pero la marquesa nunca hubiera sabido la razón de no ser cuando se volvieron a encontrar, años más tarde, en un parque con la sorpresa de que ambas serían madres: Annette por segunda vez y Agatha, que estaba más temerosa, por primera vez. Fue allí que Annette se enteró que su querida amiga había sufrido la pérdida de un par de embarazos sumiéndose en la tristeza más profunda, por lo que la marquesa trató de consolarla para que la condesa no perdiera las esperanzas.
Todavía lo recordaba, era un día cálido, uno de esos días donde Thomas permitió que ella pudiera salir a pasear junto a un pequeño Eric, cuando Annette se encontró con Agatha sentada en una pequeña banca observando el paisaje. Por ende, tras reconocerla, permitió a su hijo jugar un poco mientras se acercaba para hacerle compañía a la condesa.
—... Ahora sabes la razón —Agatha parecía afligida tras contar su historia en un momento íntimo. Acarició su vientre tratando de no romper en llanto—. Temo perder a este niño también.
—Querida, todo saldrá bien —le sonrió Annette mientras le entregaba un pañuelo que siempre cargaba en su pequeño bolso—. Ya verás, sólo no pienses en estas cosas. La tristeza no te hará bien a ti ni a tu bebé.
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Editado: 30.05.2026