Una promesa por cumplir

Capitulo 4

Aidan

Veo cómo Katia sale corriendo y es el momento en que me arrepiento de haber abierto la boca. Sé que me excedí, pero es lamentable la forma en que viven estos chicos.

—¡No debiste decirle esas cosas a mi hermana! —Me sorprendo cuando el chico se me acerca y me empuja, sin importarle mis heridas.

—Ella es la que no tiene por qué hacer que ustedes vivan de esta forma —le declaro.

—¡Tú no sabes nada! —Mira a su hermana y le hace un gesto. Ella asiente, toma a los pequeños y se los lleva dentro de la casa, no sin antes dirigirme todos una mala cara—. No sabes por todo lo que hemos tenido que pasar ni todo lo que ha hecho mi hermana para que estemos juntos —dice mientras me golpea el pecho con el dedo—. Ella siempre ha pensado en nosotros. —Antes de que siga, tomo su dedo y lo aparto bruscamente de mi pecho.

—Cállate, niño, tú no sabes nada de la vida. —Paso por su lado cojeando y sosteniéndome la cintura; ese empujón ha lastimado mi herida.

—¡Ah, sí! ¡¿Y tú sabes mucho?! Aquí la única persona que no sabe nada sobre nuestra vida eres tú. —Lo ignoro y, cuando estoy subiendo las escaleras, siento que me jalan del brazo, haciéndome tropezar y caer sobre los escalones. Suelto un gemido de dolor.

—¡¿Acaso estás loco?! ¡Maldito mocoso, ¿no ves que estoy lastimado? —grito, y veo el rostro contraído del chico mientras cierra los puños.

—Aquí el único maldito eres tú —me señala con el dedo—. Me arrepiento de haberte sacado de ese río y no haberte dejado morir. —Pasa por mi lado y sube las escaleras. Su comentario me disgusta, así que tomo su pierna y hago que caiga a mi lado y, antes de que pueda reaccionar, lo agarro por el cuello.

—Mira, maldito mocoso —digo apretando los dientes—, yo no pedí que me salvaran… —Antes de que siga hablando, el mocoso me sorprende con un movimiento y me hace caer de espaldas sobre el barro, retorciéndome de dolor.

El chico se acerca y jala mi chaqueta para sentarme. Yo me sostengo los costados, pues me ha lastimado fuerte y he empezado a sangrar. Él le grita a su hermana y ella trae el botiquín. Trato de impedir que me toque, pero el dolor es muy fuerte, así que me dejo revisar la herida mientras veo la cara de terror del chico. Maldito muchacho: puede que sea un mocoso, pero sabe defenderse.

—Cuando mi hermana Katia cumplió 18 años —la chica hace una pausa para mirarme—, mis padres murieron en un accidente automovilístico. —Veo dolor en su mirada, que desvía hacia mi herida para seguir limpiando—. Mi hermana ya tenía todo listo para ir a la universidad, pero todo se vino abajo con la muerte de nuestros padres.

»Como ella no tenía trabajo ni teníamos un hogar propio, la asistencia social fue por nosotros y dijo que ella no estaba capacitada para cuidarnos, así que nos llevó a mis hermanos y a mí a un hogar de paso. Mi hermana hizo todo lo posible por conseguir trabajo y un lugar donde vivir, pero no teníamos más familia y los supuestos amigos que ella tenía, hasta su pareja de ese entonces, le terminaron cerrando la puerta en la cara. —Termina de limpiar la herida. El chico y ella me ayudan a subir unos escalones para sentarnos mientras me relata su historia.

—No había nadie que se hiciera responsable de cinco pequeños. Mi hermana Maggie tan solo tenía un año y los demás también éramos muy pequeños —veo cómo su mirada se pierde en el bosque, mientras yo me siento de lo peor—. La asistente social, al ver que pasaban los meses y mi hermana no conseguía nada, nos puso a mis hermanos y a mí en lista de adopción. Nosotros no entendíamos en ese momento qué era esa lista, hasta que empezaron a ir parejas a vernos, juntos y por separado. Cuando le comentamos a mi hermana lo que estaba pasando, se asustó mucho y tuvo una fuerte discusión con la directora del sitio, que le prohibió volver a vernos. Vimos cómo sacaban a nuestra hermana a la calle mientras ella se retorcía, gritando y llorando, tratando de evitarlo.

»Unos días después vimos a una pareja salir cargando a Maggie, prometiendo que en unos días se la llevarían con ellos, y fue entonces cuando Ben y yo entendimos que se la iban a llevar. Mi hermana, desde que la habían sacado, no dejaba de ir, y a los dos días ya dormía en la calle, junto a la reja, por miedo a que nos sacaran de ese lugar mientras ella no estaba. Mi hermano Ben logró contarle lo que pasaba y esa misma noche pudimos escapar todos juntos.

»Para resumir —hace una pausa, soltando un suspiro—, esa noche escapamos y tuvimos que pasar algunos días en refugios, cambiando nuestros nombres, mendigando y, a veces, robando. —Empiezan a descender lágrimas por su rostro mientras baja la mirada para ocultarlas—. Fue muy duro para nuestra hermana hacerse cargo de nosotros, y ella siempre se rebuscaba para que no pasáramos hambre y no nos pasara nada malo. Cuando nos quedábamos en los refugios, ni dormía: se sentaba junto a nuestra cama con un bate y cuidaba que ningún pervertido se nos acercara.

»Mi hermana estaba acusada de secuestro y de muchos delitos más cuando huimos y llegamos a este pueblo. Conocimos a un buen hombre que nos dio este lugar, al que convertimos en nuestro hogar. —La chica se levanta y se para frente a mí—. Te puedo jurar que somos felices aquí. No tenemos lujos, pero vivimos cómodos, somos libres y, lo más importante, estamos todos juntos —me da la espalda para perder la mirada en el bosque—. Si de verdad quieres agradecernos por haberte salvado la vida, cuando te vayas de este lugar lo olvidarás, olvidarás que existimos, seguirás con tu vida de príncipe y dejarás que vivamos en libertad. —Sin decir más, se va por el mismo camino que tomó su hermana, dejándome con un nudo en la garganta y el corazón destrozado, sintiéndome la peor persona del mundo.



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En el texto hay: familia, amor, promesas

Editado: 06.09.2024

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