Una promesa por cumplir

Capitulo 5

Aidan

Me sentía miserable, la peor calaña. Saber por todo lo que han tenido que pasar, y haberla juzgado de esa manera, me hizo sentir la peor persona del mundo. Y lo peor era que no podía ir a buscarla: el dolor del costado me tenía inmóvil.

Mi desesperación aumentó cuando vi a la chica llegar sin su hermana, y no me atreví a preguntar. Caía la noche y, al ver que ella no regresaba, me dispuse a alistarme y salir a buscarla. Sus hermanos se habían opuesto diciendo que ella necesitaba estar sola, pero mi sentimiento de culpa y la angustia de no saber si le había pasado algo no me dejaban tranquilo.

—Le doy quince minutos —dice uno de los mocosos.

—Yo le doy media hora —le contesta su clon.

—¡Basta! —lo recrimina su hermana—. Es mejor que esperes, ella está bien. Además, tú no conoces el bosque y a esta hora salen los animales salvajes, y no tienes cómo defenderte —dice con tono de preocupación.

—Déjalo, que si se lo comen ya no sería nuestro problema —habla con ironía el mayor.

—Miren, sé que cometí un error y les pido perdón. —El chico se cruza de brazos y me mira con recelo—. No les he dado las gracias por haberme salvado, ni he sido agradecido con ustedes por lo que han hecho por mí. —Suspiro, bajando el rostro—. Me sentí muy mal por la forma en que viven y por eso me enfrenté a su hermana, sin saber por todo lo que habían pasado —susurro.

—Te dije que nosotros estamos bien como estamos —dice el chico, molesto.

—Lo sé, ahora lo sé.

—¿Prometes que cuando te vayas te olvidarás de nosotros? —pregunta alguien a mis espaldas, y siento tranquilidad al reconocer su voz. Me volteo y veo sus ojos hinchados, como si hubiera llorado toda la tarde, lo que me hace sentir peor.

—Yo…

—Ella me interrumpe y les hace una seña a sus hermanos. Ellos, sin decir nada, entran de nuevo a la casa y nos dejan completamente solos.

—¿Qué haces vestido así? —Me mira de pies a cabeza con extrañeza.

—Iba a buscarte. —Ella hace una mueca.

—¿Pretendías ser la carnada de los animales del bosque? —Pasa por mi lado y se sienta en uno de los escalones del porche.

—Quería ver que estuvieras bien.

—¿Por qué?

—Lamento todo lo que te dije… —Alza la mano para interrumpirme.

—¿Quién te lo contó? —Se ve molesta.

—Eh… nadie —digo, rascándome el cuello.

—No quiero la lástima de nadie. —Me observa, molesta.

—No siento lástima.

—Sí, claro —dice con sarcasmo.

—Mira, lamento todo lo que te dije. —Katia desvía la mirada hacia el oscuro bosque—. No debí juzgarte.

—No debiste —interrumpe.

—Lo sé —susurro.

—No quiero tu lástima.

—No te tengo lástima. —Katia me mira y enarca una ceja. Pongo los ojos en blanco—. Bueno, un poco. —Su expresión se vuelve más molesta—. No te enojes, todo lo que han tenido que pasar es una mierda. —Ella suaviza la expresión y vuelve la mirada al bosque.

—No ha sido fácil. —Suspira—. Dime algo: ¿tienes padres? —Ahora el que suspira soy yo.

—Sí.

—¿Te llevas bien con ellos?

—No lo sé.

—¿Cómo que no lo sabes? —Ignoro que me mira y sigo con la vista puesta en el bosque.

—No tengo mucha comunicación con ellos.

—¿Cómo es eso?

—No me gusta hablar de ese tema.

—¿Son malos padres? —La ignoro—. ¿Te maltrataban? ¿Abusaron de ti? —Abro los ojos, sorprendido, y la miro molesto.

—¿Cómo se te ocurre preguntar esas cosas? —Ella se encoge de hombros, restándole importancia.

—A veces pasa, ¿sabes?

—¿Tus padres abusaron de ti? —Ahora la que me mira molesta es ella.

—¿Cómo se te ocurre?

—A veces pasa —le devuelvo su respuesta, y solo la escucho gruñir.

—Ellos fueron muy buenos padres —susurra.

—Siento mucho su muerte.

—Yo también —susurra, bajando el rostro.

—Debió de ser difícil hacerte cargo de todo.

—¿Por qué no te llevas bien con los tuyos? —Katia cambia de tema.

—Te dije que no me gusta hablar de ellos.

—Pues si tú no hablas, yo tampoco. —Exhalo profundo.

—Está bien, te contaré. Hace mucho que ellos y yo no tenemos una buena relación.

—¿Por qué?

—Digamos que en parte es mi culpa.

—¿Por qué?

—No he sido un buen hijo.

—Ummm. —La miro con fastidio.

—¿"Ummm"? ¿Es lo único que se te ocurre decir?

—¿Qué quieres que te diga? La verdad es que no me sorprende en lo absoluto.

—¿Qué quieres decir? —Se encoge de hombros.

—Se nota que no eres buena persona.

—Auch, eso dolió.

—¿Qué quieres que te diga, si es la verdad?

—Me duele, pero es verdad. —Ella me mira extrañada—. Nunca he sido buena gente. —Ambos nos quedamos en silencio.

—A veces cometemos errores, pero aún hay tiempo para aprender y cambiar —dice.

—No lo creo.

—¿Por qué lo dices?

—He lastimado a mucha gente, y sobre todo a personas que valen mucho.

—Puedes empezar por pedirles perdón.

—¿Me perdonas?

—¡¿Qué?! —pregunta, sorprendida.

—Quiero empezar contigo… —susurro—. Y con tus hermanos. —Ninguno dice nada; solo nos miramos.

—Te perdono —murmura, mordiéndose los labios.

—Gracias. —Sonrío—. Por cierto, me llamo Aidan. —Extiendo la mano y ella la acepta.

—Katia.

—Lo sé.

—Rueda los ojos—. Tú lo sabes todo —me dice con sarcasmo, y ambos reímos.

Estuvimos conversando durante largo rato, sobre todo de nuestra infancia. Le pedí disculpas de nuevo a los chicos y me presenté, ya que aún no sabían mi nombre y siempre me decían "princesito", lo cual ya me tenía molesto. Pude conocer mejor a los chicos; me contaron varias anécdotas y reímos hasta tarde en la noche. Me di cuenta de que ellos son felices con la forma en que viven, y que lo único que les gustaría tener es un mejor baño, agua caliente y la despensa llena de dulces y helado. Pero han aprendido a vivir con poco y a ser felices.



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En el texto hay: familia, amor, promesas

Editado: 06.09.2024

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