CAPITULO TRES
MAS VICTIMAS MOLESTAS POR AMNESIA INDUCIDA
En otro lugar, no muy lejos, a la misma hora de los acontecimiento en la casa de la doctora Montero, otras
personas también fueron víctimas de un ataque farmacológico con producción de amnesia
−Es estoy la casa de Artemisa, como llegue aquí −, decía en voz fuerte la elegante mujer, que miraba a
ambos lados, como asegurándose de que no estaba equivocada,
−sí, esta es la casa de mi hija Artemisa −, subió los tres escalones de la entrada y tocó el timbre de la puerta,
oyó cuando alguien se acercaba a abrir, se escuchó el leve sonido de desbloqueo de la cerradura abriéndose
la puerta dándose cuenta de que percibió cada sonido que se produjo entre el momento que tocó el timbre y
se abrió la puerta, quedando una hermosa mujer viéndola extrañada,
−madre que haces aquí, no ibas a la empresa para ver por qué papá aun no te ha llamado, después que se
fue de viaje que está haciendo desde ayer, pensé que vendrías mañana a ayudar a Aria con su tejido −, le
dijo, abriendo por completo dejándola pasar,
−Anastasia, no era mañana que venias a ayudar a Aria, creo que tengo un lapsus mental −, dijo Felipe,
mirando extrañado a su suegra, aduciendo ser él fue quien se equivocó de día,
−no me están jugando una broma, verdad−, dijo ella rápidamente, más asustada aun, porque seguía
preguntándose como diablos llego sin darse cuenta a la casa de su hija,
−mamá, como crees, con esas cosas de la memoria no se juega, por lo menos en esta familia, somos algo
locos, pero no llegamos a ese tipo de bromas −, dijo Artemisa, empezando a preocuparse,
−bueno hijos, en verdad no sé cómo llegué aquí, lo último que recuerdo es que creo que era Roberto a quien
vi hoy saliendo de casa, pero cuando se acercó ni siquiera me dio tiempo de decir nada, solo me dijo,
Anastasia que tienes en la cara, déjame limpiarte, y me pasó su pañuelo por la cara, y luego me vi parada
frente a tu casa−, terminó diciendo ya preocupada,
−mamá que estás diciendo, te refieres a papá, Roberto tu esposo, ese Roberto, el no está de viaje −,
preguntó asustada,
−si hija, tu papá, o eso creí, pero lo más extraño es que no recuerdo que pasó desde que lo vi saliendo de la
casa y me paso la mano por la cara, y el momento que llegué aquí, −, dijo en casi un susurro, mientras
palidecía notablemente,
−mamá a qué hora saliste de casa−, porque papá estuvo aquí haces unos minutos, bueno o eso creo porque
ahora no estoy tan segura−, dijo ella, mirando su reloj sintiendo que algo se le escapaba de entender,
−pues eran las dos de la tarde, recuerda que quede en encontrarme con su asistente a las dos y media y
siempre me voy caminado esos minutos hasta la empresa −, dijo mirando ella también su reloj,
−son casi las tres, −, dijeron ambas,
−si exactamente cinco para las tres −, recalco Felipe,
−si lo viste a las dos frente a tu casa, y estuvo aquí casi a las dos y cuarto porque traía unos cuentos para mi
hija y no me dejó preguntarle cuando llegó, ahora son la tres de la tarde −, terminó en un susurro y casi
como si lo dijera para él,
−que hicimos en esos minutos antes de que tocaras el timbre y nosotros abriéramos la puerta−, se preguntó
Felipe asustado,
−ese hombre no era papá, a mí me dijo que averiguara que le pasaba a mi hermana, que se olvidaba de las
cosas y también toco mi cara y luego solo recuerdo que sonó el timbre−, dijo mirando a su madre, luego miró
hija sentada en el sillón al lado de la ventana donde se escondía detrás de la cortina, que ahora la tenía
levantada mientras me miraba, como que ella sabía algo,
−ese no era el abuelo y creo que los drogó, con las drogas que hace tía Alexandra, y se va a molestar mucho
la tia−, dijo de repente, haciendo que los tres adultos la mirasen asustándose cada vez más,
− el abuelo tiene dos días que no me llama, y el me llama todos los días, no por algo soy su nieta mayor−, dijo
ella con seguridad,
−Aria porque no me dijiste eso antes, si papá no te ha llamado, es porque ha pasado algo−, dijo buscando su
teléfono,
−donde está mi teléfono−, preguntó mirando hacia el sitio donde siempre lo conecta a cargarse, en una mesa
especialmente para colocar los teléfonos a cargar, justo en el pasillo que lleva a la cocina,
−ese hombre se los llevó, yo lo vi cuando lo hacía −dijo Aria, saliendo de detrás de las cortinas de la sala