Una Retorcida Historia Romantica

CAPITULO CUATRO . UNA HISTORIA QUE COMENZO CINCO AÑOS ATRAS

CAPITULO CUATRO

UNA HISTORIA QUE COMENZO CINCO AÑOS ATRAS

Cinco años atrás Alejandro Robles llegó al lugar de la cita, le pareció un lugar bastante peculiar para una cita

lo que en realidad era una entrevista para una posible asociación, solo acepto porque quien la hiso era la

doctora Alexandra Montero, quien le había despertado su interés desde una vez que asistió a un congreso

donde ella estaba exponiendo un estudio sobre una nueva generación de analgésicos intraoperatorios de

nueva generación, por eso había aceptado, sin imaginar que el lugar de la cita había sido modificado sin que

ni él ni ella se hubiesen imaginado la razón, así que se dispuso a entrar al lugar, viendo desde afuera a través

de los ventanales, que ella ya estaba sentada tomando lo que parecía ser un té, esperando por él.

No había cruzado la puerta de entrada cuando vió que dos hombre la levantaban de la mesa tomándola cada

uno de un brazo llevándola por el pasillo hacia el elevador, apresuró el paso y los siguió, entrando al elevador

después que ellos entraron, vio que estaba marcado el número cuatro, él marco el cinco, así que los otros

solo se quedaron quietos con la mujer que le interesaba con los ojos cerrados apoyada en el hombro de uno

de ellos,

−creo que no le sienta bien el alcohol, la llevaremos a su habitación −, dijeron como excusando que ella fuese

dormida, al llegar al piso cuatro, se despidieron y bajaron rápidamente, antes de cerrar las puertas oyó

cuando un preguntaba,

−cual número es−, dijo uno de ellos,

−la cuatrocientos siete−, respondió el otro,

El elevado subió al quinto piso y él se bajó y rápidamente caminó hacia las escaleras llegando a la puerta

indicada,

−que vamos a hacer con ella, ya está drogada−, se oyó una voz a través de la puerta,

−ya está por llegar, la persona que debía venir me escribió un mensaje, que la dejáramos aquí, y salgamos

que el llegaría en unos cinco minutos,

−ok, salgamos y dejemos la puerta sin seguro, ella no va a despertar, él té tenía un dosis alta, y mañana no

recordará absolutamente nada de lo que pase hoy −, dijo el otro,

Alejandro camino de regreso hasta la puerta que daba a las escaleras, la abrió y salió, dejando solo un

espacio para ver a los dos hombres salir y montarse en el elevador, esperó que se cerrara y luego caminó de

nuevo hacia la habitación, entro y vió a Alexandia completamente dormida, le tomo el pulso y revisó sus

pupilas, que estaba un poco reducidas de diámetro, lo que sea que le dieron apenas estaba haciendo efecto,

Inmediatamente tomo el teléfono de recepción y en forma cortante dijo a quien atendió,

−está habitación tiene demasiado olor a humedad y mi esposa se siente mal, se quedó dormida, cual está

libre en el mismo piso para cambiarla en este momento, antes de que llame a control sanitario −dijo con voz

molesta,

−enseguida le informo señor −, dijo la mujer asustada, unos segundos después le respondió,

−la cuatro cero dos esta libe, la puede tomar de inmediato esta sin seguro−, dijo asustada la voz de la

recepcionista,

−no quiero que nadie me moleste, como tampoco informen del cambio a nadie, entendido −, recalcó con voz

de orden, tomó la cartera de Alexandra y luego la levantó en brazos saliendo de la habitación y pasándole

seguro a la puerta para que no entrara nadie todavía, entro a la otra habitación, la deposito con gentileza en

la cama, la arropó con la cobija , tomó la llave electrónica y salió de la habitación, dirigiéndose al restaurante,

llegando junto cuando un mesonero retiraba la tasa y salía con ella en una bandeja dirigiéndose a la cocina,

fue tras él deteniéndolo,

−quien le llevó ese té a mi esposa −, miró a la cara al sorprendido chico,

−yo señor−, respondió asustado,

−ella lo solicitó −, preguntó al chico de nuevo,

−no señor, lo indicó la persona que venía a encontrarse con ella, solo que se retrasó y dijo que le llevaran el

té mientras él llegaba −, le contestó,

−quien lo preparó, tu−, preguntó de nuevo,

−no señor, uno de los ayudantes de la cocina, uno nuevo que empezó hoy, −le informó,

−me puedes decir cuál es−, le pregunto,

−claro señor, justo ese que viene saliendo con los manteles−, le dijo con rapidez,

−quiero esa taza, con ese contenido −, le dijo, sacando del bolsillo de su saco, una bolsa plástica con cierre




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