Una Retorcida Historia Romantica

CAPITULO CINCO . ENCONTRAMOS OTRA UNA VICTIMA INOCENTE

CAPITULO CINCO

ENCONTRAMOS OTRA UNA VICTIMA INOCENTE

Ya habían sacado a mi padre en camilla hacia la unidad sanitaria móvil, así que salimos del estudio

caminábamos por el pasillo hacia la salida, para ir hacia la parte posterior de la habitación especial anti

ataque biológico, cuando de repente se escuchó un quejido que venía como de una puerta a unos paso del

estudio, fuimos a ver y encontramos a una chica amarrada y amordazada dentro de una habitación que

parecía un desván.

−Emilia−, gritaron dos voces al mismos tiempo, haciendo que Alexandra mirara hacia la otra persona que

hablo,

−quien es Emilia−, interrogué viendo que había llegado alguien más y se dirigió rápidamente a nuestro lado

que al parecer también conocía a la chica dentro del trastero,

−la conocen −, pregunté con rapidez,

−es mi hermanita desaparecida −, dijeron las voces simultáneamente de nuevo, ambos hombres se volvieron

a verse,con algo de fastidio familiar que expresaban cuando se encontraban donde no debían,

−tú que haces aquí −, le preguntó Alejandro al chico, luego le hiso la misma pregunta a su hermana,

−yo trabajo aquí−, respondieron los dos en simultaneo, haciendo aflorar la primera sonrisa a Alexandra,

−tú también que haces aquí, Emilia−, lo hicieron de nuevo, y casi me rio de lo graciosos que se veían los dos,

con cara de contrariedad, mientras ambos desataban a la chica, logrando así sacarla del armario de la

papelería donde la habían encerrado, volvimos hasta el estudio donde le dimos agua antes de que nos

tratada de decir lo que le había pasado y porque estaba encerrada.

−Emilia explícame porque estas en ésta casa −, de nuevo le preguntaron los dos hombres a la vez, creo que

ya me estaba acostumbrando a este caos fonético de familia,

−estoy aquí desde hace un poco más de dos años, después que mamá me corrió porque quede embarazada

−, ambos se vieron y luego solo Alejandro preguntó,

−como que cuando quedaste embarazada, mamá nunca dijo nada de un embarazo −, preguntó el

preocupado,

−eso es algo que aún no lo sé, solo sé que de repente me sentí rara y pasé unos días sintiéndome mal fui al

médico, me hicieron una prueba de embarazo resultando positiva −, gimió al recordarlo y lloró mas fuerte de

nuevo,

−así que gritaba y gritaba que nunca había estado con ningún hombre, pero nadie me creyó−, dijo en un

susurro, tratando de explicar de nuevo lo sucedido, aunque siguió llorando,

−eso fue lo mismo que me pasó a mí, quede embarazada y no se cuando ni como−, dijo Alexandra mirando

con simpatía a la chica,

Ella asintió, sintiendo que al fin alguien le creía a la primera vez lo que había gritado, pero en lo que la oyó

decir que le pasó lo mismo, no solo una, si no dos veces, comprendió que no era la única víctima de un

persona con complejo de científico loco en fase creativa,

−después de la prueba de embarazo regresé a la universidad, y un profesor que había visto un par de veces

en las clases de la doctora Montero, en especial algunas de sus clases sobre reproducción asistida, se me

acerco diciendo que me había oído decirle a mi compañera lo que me había pasado y que él si me creía, que

podía estar embarazada sin haber estado con nadie−, dijo respirando fuerte,

−cómo me dijo que, si me creía, cuando me dijo eso, yo rompí a llorar, tomando mi mano, me consolaba y me

decía que todo se iba a arreglar, hasta me ofreció traerme a su casa mientras me calmara, me dejó

quedarme en una habitación esa noche −, explicaba con seguridad, recordando lo que había pasado hacia un

poco más de dos años,

−al día siguiente me dio desayuno y me dijo que iría hablar con mis padres, para explicarle lo que me había

sucedido, cuando regreso me dijo que mi madre había dicho que ya no tenia hija y que no quería que volviera

a casa nunca más −, tratando de limpiar sus lágrimas, decía con la voz entrecortada por el llanto.

−Emilia, teníamos más de dos años buscándote, nunca nadie fue a casa, algunos chicos en la universidad

nos enseñaron fotografías tuyas en una playa con tus amigos, pero nunca supimos de un embarazo −, le

dijeron los hombres mientras miraban con mucha indignación dándose cuenta de lo que estaban

sospechando, y como los habían engañado a todos,

−Emilia, estuviste en esta casa antes de que ese hombre te trajera hoy aquí−, pregunto Alejandro, y yo




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