CAPITULO SEIS
DESENREDANDO EL ENREDO DE LOS EMBARAZOS
Ricardo siguió narrando lo que el sospechaba que estaba pasando y lo que pasó con los dos embarazos,
−hace algo mas de dos años estuve presente en una práctica de inseminación artificial del programa de
reproducción asistida, los donante y las pacientes supuestamente eran anónimos para quienes solo éramos
visitantes −, decía mirando a su hermano,
−tomé tu muestra de semen, la que habías guardado cuando te hiciste el tratamiento de quimio por la
leucemia que tuviste, y la otra muestra era del doctor Rafael Jhonson, que había donado voluntariamente sin
explicar mucho la razón −, dijo mirándonos,
−la doctora Montero era una de las pacientes, y mi hermana seguramente fue la otra de ese entonces, porque
supe lo del embarazo hace unos días investigando el historial de esos dos casos,
−te juro que en ese momento no sabía que era Emilia, solo que era la doctora a quien había reconocido
cuando estaba dormida en la camilla de quirófano esperando por las muestras−, la miró a ella diciéndole
rápidamente a ambos, disculpándose por lo que había pasado y que el estuviese involucrado,
− doctora Montero usted es la madre del hijo de Alejandro, hermano tú tienes un hijo con ella, ahora estoy
completamente seguro de que tu muestra fue la que se le inseminó a Alexandra y a Emilia fue la muestra
del hombre más inteligente del mundo, después de ella claro, pero eso lo se ahora−, le dijo tratando de que
no lo golpeara,
−es decir que tengo un hijo de la mujer que me gusta desde siempre y solo la toque una vez y ella no se
acuerda de eso−, murmuró tan bajo como frustrado se sentía pero con muchas ganas de matar a mucha
gente,
Repentinamente Emilia dijo,
−ese hombre dijo que les pondría una vacunas a los niños, pero no eran una vacunas, venían en una jeringas
con un liquido verde, a mi hijo le dio fiebre y entonces me lo quito y los encerró en ese cuarto que tiene una
puerta de madera y hierro, ahí dejó a los dos bebés, −, dijo llorando de nuevo,
−entonces ahí es donde tiene a mi hijo y a mi sobrino−, reflexiono Alejandro, su hijo un pequeño que está en
peligro,
−tráiganme a mi hijo, yo lo quiero mucho, aunque no se quién es su padre −, musitó y luego lloró y río de
nuevo al oír a los otros responder en simultaneo,
−nosotros sí sabemos quién es el padre−, dijeron los tres, volteando a verse,
−después discutimos todo este enredo, porqué ahora solo quiero sacar a mi hijo de esa habitación, ah, y
también paren esa costumbre ridícula de parecer ecos−, dijo ella,
−si que lo es, muy ridícula−, se escucho la voz de ambos y luego Alexandra, ordeno,
−no respondan más, ok, −, les dijo haciéndole una señal de pare con la mano, y luego le dijo a la joven que
seguía llorando,
− pasa doble llave Emilia y no le abras a nadie a menos que seamos alguno de nosotros tres−, decía
caminando hacia la salida del estudio, saliendo rápidamente al pasillo acompañada de los dos hombres.
Emilia no solo pasó la doble llave, empujó con todas sus fuerzas hasta la puerta cerrada un escritorio y un
estante y luego se sentó frente al maldito hombre que estaba inconsciente en el suelo, aunque parecía que
estaba haciéndose el dormido, se dijo ella acercándose lentamente con el atizador que había tomado de la
repisa de la chimenea,
−no me vayas a pegar con eso Emilia, suéltame por favor, déjame ir −le dijo tratando de convencerla,
−sueña con eso maldito loco −le gritó, propinándole un golpe en la otra rodilla que había estado sana,
−ahora trata de pararte para que veas donde te voy a golpear, por haberle inyectado esa cosa rara a mi hijo,
maldito usurpador de identidades, creyéndose científico y no llegas ni a aprendiz curandero, maldito fraude−,
le grito, golpeándolo de nuevo en la misma rodilla, haciendo que diera un alarido de dolor,
− esa es por mi idiota para que le duela más la rodilla−, le grito sentándose a esperar frente a él.