CAPITULO OCHO
TENEMOS TRES NIETOS
En ese momento se volvió abrir la puerta con mucha energia, ya el lugar parecía la entrada del banco cuando
está a minutos de cerrar las puertas, entraron dos personas mayores, pero muy bien conservadas,
−ahí está la niña −, dijeron ambos personajes, los que se parecían mucho a otras personas que tenían la
mismo condición inconsciente de parecerse eco,
−mamá, papá −, dijeron Emilia y Ricardo en forma simultánea,
−Emilia, hija, al fin te encontramos −, dijeron ambos, caminado hacia ella, abrazándola con fuerza, llorando con ella,
−mi niña estas bien, te hemos buscado por todas parte−, le decía abrazándola y besándola en la frente,
− es verdad lo que dijo Ricardo, tenemos un nieto, por dios, no lo podía creer cuando Ricardo me llamó −, le
decía abrazándola y besando su cabeza con ternura, cada padre a un lado de ella,
−mamá, papá, perdón, no pude decirles donde estaba, me mintieron diciéndome que no querían verme, me
tenían incomunicada,
−él es mi nieto, verdad que si, dios que guapo es, se parece a él, − dijo la madre todavía llorando, mirando a
Rafael que se había retirado un poco para no interrumpir el momento,
−lamento tanto por lo que pasaste, embarazada y sola hija, pero ya no lo estarás más, ni tu ni mi nieto,
nuestro nieto −, decía emocionada mirando a su esposo, quien también tenia los ojos brillantes del llanto,
−gracias por cuidar a mi hija y a mi nieto−, dijo ella a Rafael, quien asintió esperanzado con que aceptaran
que el frecuentara a su hijo y a su madre,
−uno de tus nieto mamá, tienes dos más, y Alejandro es el padre−, dijo el joven tío con una sonrisa de
satisfacción,
−Alejandro tiene dos hijos que no conocemos −, preguntaron a dúo sus padres incrédulos y emocionados,
−es una historia muy retorcida mamá, papá, luego se la contaremos toda−, dijo Ricardo con la voz más
satisfecha del mundo, al saber que tenía, no uno, si no tres sobrinos, además de que participó en la más
retorcida historia de romances de sus hermanos.
−luego nos contaran con detalles, por ahora solo quiero que se recupere rápido y conocer a los otros, donde
están −, preguntó ansiosa de conocer a sus otros nietos.
−están ahí dentro, ya deben haberlos oído, ustedes no son nada silenciosos −, los reprendió con cariño,
−Ricardo respeta a nuestros padres −, lo regañó Alejandro, saliendo del otro consultorio con un niño en sus
brazos y un poco más atrás lo acompañaba Alexandra con el otro bebé en sus brazos, mirando a la pareja
que los veían con los ojos emocionados.