CAPITULO NUEVE
DONDE ESTAN NUESTROS OTROS NIETOS
Apenas la abuela había pronunciado esas palabras, Alejandro entro en la habitación acompañado de
Alexandra y ambos cargando cada uno a uno de sus hijos, quien después de llamar la atención a su hermano
los saludo a ellos,
− padres aquí están, que bueno que llegaron −, dijo Alejandro, quien ya había atravesado la habitación y
llegado a su lado con un bebe como de cuatro años en sus brazos y más atrás venia una mujer guapísima
con otro niño más pequeño, también muy apretado a sus brazos,
La mujer mayor, quedó viendo a los dos pequeños, sus ojos iban de un niño a otro, luego miraba a su esposo,
con lágrimas saliendo a ríos de sus ojos al ver a sus otros nietos,
−oh por dios, oh por dios, Ambos son idénticos a Alejandro−, decía con un gemido, entre risa y llanto, estaba
tan emocionada y asustada al mismo tiempo,
−son mis nietos, tengo tres nietos−, se reía mientras se acercaba a su hijo que también lloraba y reía como
ella,
−no cabe ninguna duda son nuestros nietos−, dijeron los dos abuelos en un dúo perfecto, lo que hiso reír a
Alexandra,
−ya se de dónde viene ese armónico estilo polifónico −, comentó muy bajito, pensando que esta familia era
como que muy peculiar, tenían de todo, un genio loco, un científico peleonero, una tía guerrera pero que
lloraba mucho y unos abuelos que se notaba que serían abuelos muy consentidores,
−estoy tan feliz de haber recuperado a mi hija, que creía perdida y no solo eso que también llegaron tres
regalos más que geniales −, dijo la abuela.
−Alejandro, porque no me dijiste que me tenias a mis nietos escondidos, me he perdido muchas cumpleaños,
navidades y disfraces de Halloween −, le reprocho con ternura,
−yo también me enteré hoy, también me perdí todo eso−, dijeron en cuarteto el resto de la familia, y no me
quedo más que reírme a carcajadas en serio,
−perdón, perdón, no me estoy riendo de ustedes, es que la polifonía es genial, como si la hubiesen ensayado,
−es que pensamos lo mismo al mismo tiempo−, respondieron los cinco de una vez,
Esta vez sí que nos reímos todos, las carcajadas retumbaban en el pequeño espacio, que por fin se veía mas
tranquilo, hasta mi padre, que se había levantado con cuidado, estaba parado en la puerta mirando la escena,
estaba riéndose también,
−Alejandro se te olvidaron los modales, porque no nos presentas a nuestra nuera −, dijeron los abuelos de
mis hijos al dúo que ya me estoy acostumbrando a oír, haciendo que el atlético y rudo hombre que se hacia
pasar por agente encubierto se pusiera rojo como un tomate cuando fue enfrentado por sus padres.
−madre, padre, −casi gritó un gemido en el llamado de la atención a sus padres, luego le dijo mas con voz
mas baja,
−todavía no se lo he pedido y si me rechaza cuando lo haga será por culpa de los dos, va a creer que mi
familia esta loca −, terminó diciéndole en casi un murmullo,
Esta vez fue Alexandra quien se puso roja, mientras su padre se reía de la situación, ya que parecía una
película genero comedia de los años ochenta,
−y cuando se lo vas a pedir, vas a esperar que alguien se te adelante y me quite a mis nietos−, lo regañaron
otra vez el dúo respetable de abuelos polifónicos,
Esta vez fueron los dos quienes enrojecieron juntos, mientras los hermanos de él se reían y el padre de ella
pensaba que solo su hija se conseguiría una familia política como esa, solo que su familia, tampoco era la
mas seria del mundo, había cada caso mas particular que el otro, cavilaba en el momento que la puerta se
volvió abrir de forma nada tranquila, dándole la razón a lo que dominaba sus pensamientos.