Capítulo 2
June
—Qué tal tu primer día? –preguntó Grace en el grupo de WhatsApp.
—Un espanto –respondí agregando el emoji de la carita de frustración.
—Noooo!!! Por queeé?!!! –respondió ella.
—Seguro no fue el guapetón de tu jefe. Aunque sea para deleitarte la vista ja ja –intervino Hazel, agregando un emoji divertido.
—Ay chicas, no sé ni por dónde empezar. El domingo les cuento.
Ninguna de las dos replicó a este último comentario, pero ellas tenían sus vidas muy ocupadas -Hazel con la escuela y Grace con sus clases en preparatoria, que al fin había conseguido, y con la organización de su boda-, así que deduje que me responderían más tarde.
Decidí tomar una ducha e irme a la cama, ya que el estrés emocional me había agotado; sin embargo, en cuanto me puse el pijama llamaron al portero.
Grace y Hazel venían con dos pizzas y refrescos para que cenáramos juntas, charla incluída.
—¡Cuéntanos! –dijo Grace en cuanto nos sentamos a cenar en la cocina–. ¿Qué sucedió?
–Un día horrible, chicas. No sé si lograré durar en este trabajo, y ustedes saben ¡cuánto lo necesito!
—¡¿Pero qué tan “horrible”, June?! –preguntó Hazel.
—Miren. Hoy llegué temprano -bastante antes de las ocho- y me puse a explorar el software de gestión de proyectos para ir aprendiendo; mi plan era ir temprano todas las mañanas para tomarme el tiempo de conocer todo el manejo de la oficina del Director de Operaciones: revisar correos viejos, reuniones…
—Ve al grano, amiga, que no entendemos nada del manejo de una empresa –interrumpió Hazel, en tanto Grace escuchaba con atención.
—En fin –continué–, en eso estaba cuando entró mi jefe.
—¡Bien! ¡A eso quería que llegaras! –exclamó Hazel divertida, en su obsesión por relacionarlo todo con un posible romance.
—¡Pues ahí comenzó mi tormento! Al llegar me miró con espanto y luego se dirigió a su despacho como una tromba, ¡sin saludar!
—¡No lo puedo creer de Noah! –exclamó Grace–. ¡Él es tan amable y simpático!
—Será contigo, cariño, porque este sujeto que hoy arruinó mi día no lo es.
»Más tarde ¡me llamó a su oficina para reprenderme! ¡Sólo porque hablé con un compañero de trabajo me acusó de coquetear con él!
—¡Es un idiota! –exclamó Hazel–. ¿Y tú qué le dijiste? Conociéndote no creo que te quedaras callada.
—Le dije que me sentía insultada, que por esta vez lo dejaba pasar y que la próxima lo piense mejor antes de ofenderme.
Mis amigas abrieron la boca sorprendidas.
—Ya sé, me desubiqué, ¡pero es que me ganó la ira! ¡¿Por qué tenía que tratarme así?! Después me arrepentí y pensé en pedirle perdón, pero enseguida decidí no hacerlo. ¡De verdad no tenía ningún derecho!
—¡Tienes razón! –exclamó Hazel.
—¡No puedo creerlo! –agregó Grace con gesto confundido–. Hablaré con él, June. ¡No te conoce y no puede asumir de ti algo que no eres!
—¡No, por favor! ¡No quiero que le hables de mí! Asumirá que no puedo defenderme sola el muy infeliz. Créeme que si vuelve a hacerse el idiota lo mandaré a los mil demonios antes de renunciar.
»Después ustedes me ayudan con la renta –concluí riendo.
* * *
Noah
—¡Hola, June! ¡Qué alegría verte!
Si el oído no me engañaba, era la voz de mi sobrino saludando a mi secretaria.
¿De qué me estaba perdiendo? ¿Él la conocía?
—Hola, Aaron. ¡Igualmente!
Definitivamente se conocían; aún así, cuando entró a mi despacho decidí que no debía interesarme así que no le pregunté.
—Buen día, tío.
—Hola, sobrino, ¿qué te trae por aquí?
—Te quería informar que el hormigonado del bloque C se nos va a retrasar dos días por las últimas heladas.
—Sí, las heladas tardías nos retrasaron todos los proyectos. Está bien, tú manéjalo, sólo infórmale a mi secretaria para que lo registre.
—De acuerdo –dijo, y agregó antes de salir de mi despacho–. Por cierto, me alegra que June esté aquí, ella es brillante y buena persona.
¡¿También él?!
Recién empezaba y ya me había hartado tanta ponderación a la pelirroja. “Veremos qué tan buena es”, pensé.
—Señorita Harper, venga –la llamé a través del intercomunicador, dispuesto a probar su eficiencia.
Cinco segundos después golpeaba la puerta de mi despacho.
—Organice mi agenda de lo que queda de la semana –le ordené en cuanto entró–, y ya que llevamos dos días de retraso, sugiérame qué debo priorizar Luego envíelo a mi correo. ¡Ah! Me acompañará a las 10 a la reunión con proveedores.