Capítulo 4
Dos semanas después
June
—Calma, Grace, créeme que Ethan no se va a fugar –le decía a mi amiga en tanto recogía su cabello en un bonito peinado–. A lo sumo vendrá a buscarte y te verá antes de lo que corresponde.
Hazel rió mientras la maquillaba.
—No te preocupes, lo sacaremos de tiro antes de que te vea.
Cuando Hazel y yo terminamos nuestro trabajo, Margaret la ayudó a ponerse el vestido y luego yo me encargué de asegurar el velo de novia.
Grace estaba bellísima. Su vestido blanco entallado en la cintura, caía desde sus caderas con una leve amplitud hasta el suelo. Era sencillo, al igual que ella, sobrio y elegante.
Todas estábamos tan emocionadas como si nos casáramos las cuatro, por lo que casi fracasamos en nuestro intento por calmar los nervios de nuestra amiga.
Las hijas de Ethan eran unas niñas encantadoras y estaban emocionadísimas al igual que nosotras. Y es que adoraban a Grace y en pocos minutos ésta se convertiría oficialmente en su mamá sustituta.
Cuando nuestra amiga estuvo lista, tomé mi móvil y le avisé al violinista que daríamos comienzo a la ceremonia, entonces salimos con Hazel y nos dirigimos por el lateral izquierdo a ocupar nuestro lugar en el altar.
Si bien era un momento sobrecogedor, sentí ganas de reír al ver los ojos desorbitados de mi jefe al verme.
Sabía que esto sucedería, ya que él no tenía idea de mi relación con Grace, y esperaba que no fuera a perjudicarme en el trabajo.
* * *
Noah
—¡Cálmense los dos! –les ordené a mi hermano y a mi sobrino, que eran un manojo de nervios, y a los que tuve que ayudar con la corbata porque ellos no lograban un nudo decente.
»Tu novia te verá increíblemente guapo y correrá a ti ni bien te vea –le dije a Ethan–, y tú –agregué dirigiéndome a Aaron– no te preocupes que tu padre al fin va a ser feliz.
—¿Qué hay de ti? –preguntó mi hermano–. ¿Cuándo nos presentarás a Kate?
—Kate ya fue. Estoy oficialmente soltero.
—¡¿En serio?! ¿Y a dónde vas todas las noches?
—La cantinera del hotel Pines es muy buena compañía –le dije riendo–, ¡y con mucha experiencia! ¡La recomiendo! –agregué dirigiéndome a mi sobrino.
—¡No le metas esas ideas al chico! –me reprendió Ethan–. Deja que Aaron haga su propio camino. ¡Y tú ya deja de andar buscando “consuelo”, en su lugar busca a tu alma gemela! Créeme que vale la pena.
—Tú te llevas a la mejor, hermano. Dudo que haya otra por ahí.
Él guardó silencio, en tanto yo terminaba de acomodar el ramillete de flores en la chaqueta de los tres, antes de salir del cuarto para dirigirnos al altar.
Tras una larga espera, en la que apliqué mil formas de calmar los nervios de mi hermano -desde las palabras de aliento hasta el apretón de hombro-, al fin entraron las damas de honor, lo que significaba que en pocos minutos saldría la novia.
Pero…
«¿Era esa mi secretaria?»
Enfoqué la vista achicando y agrandando los ojos para verla mejor. Y no es que me hallara lejos ni que yo tuviera un problema en la vista, sino que se veía distinta. Con ese fascinante cabello rojo («¿dije fascinante? Quise decir “salvaje”») recogido con elegancia en la nuca, ese toque sutil de maquillaje y ese vestido largo que realzaba su figura, estaba muy lejos de su apariencia sobria de oficina, sino que parecía ella la novia.
Apreté fuertemente los ojos y sacudí la cabeza, para luego volver a mirarla.
«Sí, es ella –pensé–. Pero… ¿qué hace aquí? ¿Acaso es amiga de Grace?... ¡Vaya sorpresa!»
Una vez terminada la ceremonia, todos nos dirigimos al sector de los jardines donde estaban dispuestas las mesas para el banquete.
Como por supuesto tanto las amigas de Grace como Aaron y yo formábamos parte del séquito nupcial, compartimos mesa. Fue entonces que descubrí otras facetas de la personalidad de mi secretaria. Seguía siendo seria y directa, pero también descubrí cuán amable y cariñosa era con sus amigas, y, algo sorprendente: era capaz de sonreír… ¡y qué linda era su sonrisa!
De pronto me descubrí espiando cada gesto, cada palabra, cada risa suya, y me sentí patético. ¿Qué hacía un soltero cuarentón espiando los gestos y el comportamiento de una joven de… quizás unos veintipocos?
Aún así, y sabiendo que era mi única oportunidad, decidí que por esa noche olvidaría que era su jefe y probaría si aún conservaba mis dotes de conquistador.
Cuando la pareja de novios abrió el baile, me puse de pie, me dirigí hacia mi secretaria y le tendí mi mano rogando que aceptara tomarla.
—La invito para el intercambio –le dije con una sonrisa que intenté que me saliera entre amable y seductora.
Ella me miró levantando las cejas y poniéndose seria de repente, me dejó con la mano tendida por un momento que me pareció eterno, y luego la tomó poniéndose de pie.