Una Sesion Contigo

Capítulo 18

Aparecí en la plaza central de Somnus con el estómago revuelto. El mensaje de texto que le había dejado seguía parpadeando en la esquina de la pantalla. Alrededor de mi avatar, el caos del servidor principal seguía como si nada. Había cientos de jugadores corriendo de un lado a otro, con nombres fosforescentes flotando sobre sus cabezas. El chat de voz global era un dolor de cabeza. Era una nueva actualización en fase de prueba. Una mezcla ruidosa de risas, insultos en varios idiomas y música distorsionada, salida de micrófonos baratos, se oía por casi todo el servidor.

Busqué a Elisa en la lista de contactos, comprobé su estado en línea y caminé esquivando a un grupo de tipos vestidos de griegos. Saltaban sin sentido en medio de la calle virtual. La encontré esperándome cerca de la fuente del centro. Su avatar lucía el mismo vestido de flores, ese que tanto traigo en la cabeza al recordarla.

—Leí tu mensaje, Gabriel —soltó ella en cuanto me acerqué. Su voz digital sonaba apagada, limpia de todo el ruido del juego—. ¿Cómo estás?

—Hecho una mierda, a decir verdad —confesé, moviendo los dedos sobre el control para hacer que mi personaje agachara la cabeza—. Mi casa es un desastre. Mamá se volvió loca por culpa del alcohol y papá... bueno, parece que por fin se va a largar. Siento que todo se cae a pedazos y no sé cómo frenarlo.

Elisa guardó silencio un rato ante mi tristeza. Su avatar posó la mano en mi hombro. Mi cuerpo rememoró el tacto de su piel en el estadio. Sentía que la vida y los colores regresaban. Ya no habitaba un paisaje gris, infértil y sin esperanzas de volver a ser esa pradera hermosa donde jugaba y reía con mis papás.

—No puedes frenarlo, Gab. A veces las cosas tienen que romperse para arreglarse —murmuró con una madurez capaz de darme escalofríos—. Pero hoy no vamos a pensar en eso. Como todavía no podemos tener una cita de verdad en tu pueblo o en las calles de Nueva York, vamos a tenerla aquí. En mi ciudad.

Me quedé frío. ¿Una cita en Somnus? Bueno, no era la mejor de las ideas, pero con Elisa cualquier locura valía la pena. Es cierto eso de hacer cosas sin importar nada cuando estás con la persona correcta.

—Ven, muévete —animó ella, dándole la vuelta a su personaje.

La seguí a través del tumulto. Pasamos por el bulevar principal. Los servidores estaban a tope y la pantalla me daba pequeños tirones por la cantidad de texturas cargando a la vez. Entramos a la zona de ocio, un sector del mapa con pinta de ciudad moderna repleta de neones. Elisa me guio hasta la fachada de un enorme cine virtual. Pagamos con mi tarjeta de crédito, yo me ofrecí, y entramos a una sala donde proyectaban cortos de animación creados por la comunidad. A decir verdad, eran pésimos. La mayoría contenían escenas turbias, como si fueran creepypastas visuales. Nos sentamos en las últimas filas, viendo los píxeles moverse en la pantalla gigante mientras los avatares de otros jugadores entraban y salían haciendo ruido.

—Parece que nunca se van a callar —solté al ver a una pareja gay. De inmediato me acordé de Marc.

—¡Sssh! Mira, parece que va a empezar otra —me interrumpió con emoción.

En la pantalla vimos el título: Sonic.Exe CENSORED Full version Youtube Channel Sc0rpionKILL3R. Vaya fiasco. Desperdicié mi dinero.

Al salir del cine, entramos a una cafetería digital con estética de los años cincuenta. Había hileras de mesas ocupadas por clanes mafiosos enteros. Discutían a grito pelado por el chat de proximidad sus estrategias para dominar futuros servidores. La mayoría no parecían tener más de trece años. Nos acomodamos en una esquina apartada. Elisa pidió dos malteadas virtuales. Solo servían para ver una animación de nuestros personajes absorbiendo el líquido con un popote.

—Es extraño —comenté, escuchando los murmullos distorsionados del fondo—. Hace unas horas estábamos en el partido y ahora estamos aquí, tomando cosas que no existen después de ver un terrible creepypasta.

—Disfrútalo, tonto —pidió ella con esa risita capaz de avivar mi corazón—. Es nuestro espacio seguro.

Sí, Somnus se convirtió en el único puente entre ella y yo. La única manera de comprobar su existencia, de escucharla y de confirmar su apoyo incondicional.

Paseamos un rato más hasta llegar a la plaza central. Compartimos historias para unirnos más. Su infancia, su paso por la escuela, experiencias aterradoras, y cómo descubrió la verdad sobre Miguel, su hermano mayor.

El tema de Miguel resultaba extraño. Jhofiel tuvo otras mujeres en el pasado y una de ellas dio a luz a Miguel. El magnate no lo reconoció hasta el nacimiento de Elisa, cuando necesitó a una persona de extrema confianza para cuidarla. Entonces contrató a su propio hijo y lo trató como a un empleado más. Por suerte, Miguel sí quiso a Elisa como a su verdadera hermana.

—Desde que tengo uso de razón, Miguel ha sido un hombre maduro en todos los aspectos. Mucho más maduro en comparación a mi padre —comentó Elisa con un deje de tristeza en la voz—. Jhofiel fue un buen papá por un tiempo. Pero la locura de perder a mi madre lo consumió y se obsesionó conmigo cuando me diagnosticaron leucemia.

—¿Pero en qué sentido se obsesionó? Miguel no me ha contado esos detalles.

—Gabriel, es mejor dejar eso para otro día. —Esquivó la pregunta—. Solo disfrutemos este momento.




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