Una sola noche

capitulo 3: 48 horas antes: Francis

Francis llega a la ciudad demasiado temprano.

Se baja del colectivo con la mochila colgada de un solo hombro. Mira a ambos lados, como si hubiera algo que tuviera que reconocer. No reconoce nada. Eso lo pone más nervioso.

Camina sin rumbo fijo unas cuadras, se detiene, revisa el celular. Nada.
Vuelve a caminar.

El motel todavía no está listo. Se queda parado frente a la puerta unos segundos, indeciso, hasta que se va. Estar quieto lo desespera.

Termina entrando a un bar.

El bar es chico, oscuro, con olor a cerveza vieja y madera húmeda. Francis se sienta cerca de la ventana. Pide una cerveza aunque no tiene ganas. La deja frente a él sin tocarla.

Mira el reloj.
Lo guarda.
Lo vuelve a sacar.

La lluvia cae despacio, casi sin ganas.

Saca el celular. No hay mensajes.

—Dale… —murmura.

No sabe a quién se lo dice.

Va al baño. Se lava la cara. El espejo está rajado. Su reflejo aparece partido en dos. Se queda mirándose unos segundos.

—Calmate —se dice—. No es para tanto.

No se convence.

Vuelve a la mesa. Da un sorbo a la cerveza. Hace una mueca.

Francis siempre fue así.

Antes de cada trabajo se le aceleraba el cuerpo. No era miedo. Era otra cosa. Una ansiedad que no sabía dónde poner.

Cuando por fin puede entrar al motel, deja la mochila sobre la cama y se sienta. No revisa nada. No ordena nada. Se queda mirando la pared.

El celular vibra.

Edificio Libertad. A las ocho.

Francis responde al instante.

Ok.

Después piensa que tal vez respondió demasiado rápido.

Mira la hora.

Falta más de una hora.

Se levanta igual.

Llega al Edificio Libertad con demasiado tiempo de sobra.

Se queda fumando frente a la entrada, mirando a la gente pasar. Apaga el cigarrillo a la mitad y entra.

—Buenas tardes —dice la recepcionista—. ¿Nombre?

—Francis MacNold.

La mujer revisa la lista.

—Piso nueve. Habitación tres.

Francis asiente.

Sube por el ascensor. El pasillo está vacío. Silencioso. Camina hasta la puerta indicada y se detiene.

Mira el reloj.

Todavía falta.

Suspira. Se sienta en una silla contra la pared.

Es entonces cuando escucha pasos.

Un hombre camina por el pasillo con tranquilidad. Abrigo oscuro. Mirada firme. No parece apurado.

Se detiene frente a él.

—¿Usted es el jefe? —pregunta.

Francis parpadea, sorprendido.

—¿Qué? No, no… yo solo llegué antes.

El hombre lo mira un segundo más.

—Ah.

un gusto me llamo, Francis MacNold .

—Supongo que tengo un compañero murmura luis.

Francis traga saliva,como siempre nervioso.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.