Una sola noche

capitulo 5: 24 horas antes: luis

Luis toma su maletín y sale de la oficina. Enciende un cigarrillo y camina por un pasillo que parece eterno. Las luces se apagan detrás de él una por una.

Llama al ascensor y espera en silencio.

Mientras el tiempo pasa, piensa en lo que hará después de esto. Es su última misión. Quiere volver con su familia… y quizá encontrar a alguien que lo quiera como es. Aunque en el fondo sabe que eso es casi imposible.

Click.

El ascensor llega.

Dentro vuelve a sonar esa canción tranquila que siempre lo relaja. Luis cierra los ojos por unos segundos.

Recuerda el ejército.

Recuerda a sus compañeros, a los que murieron en sus brazos, a las noches interminables bajo la lluvia y el barro. Recuerda las explosiones, los gritos… y el silencio después de cada batalla.

Otro click lo devuelve al presente.

Sale del ascensor y camina hacia su auto. No tiene rumbo, ni un lugar al que realmente quiera ir.

Después de unos segundos de duda decide ir al bar más cercano.

El Club del Bajón.

El lugar tiene una vibra distinta: sucia, silenciosa, cargada de humo y madera húmeda.

Luis se sienta en la barra.

—Una cerveza —dice.

El cantinero asiente y se la deja enfrente.

Mientras observa el lugar nota que hay música en vivo. Una joven chica canta en el pequeño escenario.

La canción es lenta. Dulce. Familiar.

Es la canción favorita de su mejor amigo de la guerra.

Emilio.

Luis parpadea.

Y por un instante todo cambia.

El bar se oscurece. Las luces desaparecen y solo queda iluminado el escenario.

La chica ya no está.

En su lugar está Emilio.

Está cantando.

La voz de su amigo llena el lugar, fuerte y clara, como si los años no hubieran pasado.

Luis cierra los ojos.

Ya no está en el bar.

Está en la guerra.

Llueve. Hay explosiones. Gritos. Disparos.

Pero en medio de todo ese infierno, Emilio canta para levantar el ánimo de los soldados. Para hacerlos reír. Para recordarles que todavía son humanos.

Por un momento, el horror desaparece.

Luis siente esa paz fugaz que solo existía cuando Emilio estaba cerca.

Entonces abre los ojos.

Está otra vez en el bar.

La canción sigue sonando en su cabeza.

Una pequeña sonrisa aparece en su rostro por primera vez en horas.

Su teléfono vibra.

Mensaje del señor Dickens.

"Recuerda dormir temprano. Mañana será un día importante."

Luis observa el mensaje unos segundos más de lo normal.

Luego bloquea el teléfono y guarda el celular en el bolsillo.

Termina su cerveza y sale del bar.

El camino al motel es corto, pero su mente lo vuelve eterno.

No piensa en nada más que en llegar y descansar.

Cuando llega, ve a Francis entrando a su habitación con una mujer.

Luis no dice nada.

Abre su puerta, deja el maletín sobre la mesa y se sienta en la cama.

Observa el maletín unos segundos.

Luego se levanta, apaga las luces y se acuesta.

Mañana será un gran día, piensa.

Cierra los ojos.

Pero su mente no se apaga.

Esta vez no piensa en la guerra ni en su familia.

Tiene una sensación extraña.

Como si algo estuviera mal.

Como si la misión no fuera a salir como todos esperan.

La lluvia golpea contra la ventana.

Entonces escucha algo desde la habitación de al lado.

Gemidos.

Luis suspira, irritado.

Se levanta y golpea la puerta.

—Ey, Francis.

La puerta se abre unos segundos después.

—¿Qué pasa, amigo?

—Necesito dormir. Mañana tenemos trabajo.

Francis se ríe.

—Lo siento. Bajaré la intensidad… si sabes a lo que me refiero.

Luis no se ríe.

—Francis.

—Está bien, está bien. Ya se va.

Francis mira hacia dentro de la habitación.

—Sabrina, es hora de irte.

—Primero págame —responde una voz desde el baño.

Francis lanza unos billetes.

—Toma tu dinero y vete.

Sabrina sale de la habitación acomodándose la chaqueta. Pasa al lado de Luis y lo observa por un segundo más de lo normal, como si intentara recordarlo.

Luego sigue caminando por el pasillo.

En pocos minutos todo vuelve al silencio.

La noche pasa.

Y en un abrir y cerrar de ojos llega la mañana de la misión.

Luis toma su pistola, su abrigo de cuero impregnado de olor a cigarrillo y sale de la habitación.

Golpea la puerta de Francis.

Ambos miran sus teléfonos al mismo tiempo.

Un nuevo mensaje de Dickens.

"Antes de ir… pasen por el edificio."

Luis respira hondo.

Sabe que la noche que viene será larga.

Y peligrosa.




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