Una sola noche

capitulo 7: 24 horas antes: chaco

La limosina avanza por la ciudad, el tráfico y las luces parecen moverse en cámara lenta. Leonardo Fernández ajusta su corbata, su sonrisa medida cubriendo la violencia contenida detrás de sus ojos. Frente a su familia, frente al mundo, es impecable. Encantador. Inofensivo. Pero sabe que es solo una máscara.

Mientras observa a su esposa reír con los niños, su mente no está allí. Recuerda las palabras de Emiliano:

El miedo es lo único que mantiene vivo a un hombre inteligente.

—Entonces por eso vos estás vivo —escupe Emiliano—. Porque sos un cobarde con poder.

.”El pensamiento le atraviesa como un filo. Por un instante, la sonrisa se quiebra, y siente el frío familiar de la verdad: el miedo está siempre presente, escondido detrás de la máscara que todos adoran. Sin él, no existiría. Sin su poder, no sería nada. Vivir con miedo, ser temido, ser respetado… todo se mezcla en un mismo pensamiento oscuro.

“Vivir con miedo… sí, lo tengo. Pero es lo que me mantiene vivo. El poder es mi escudo. El mundo no puede tocarme. Y si alguien intenta, pagará caro.”

Llega al edificio, saludando a todos con cortesía. La máscara vuelve, perfecta. Nadie nota el temblor momentáneo de su humanidad escondida. Subiendo en su ascensor privado, su mirada recorre el piso, calculando movimientos, anticipando lo que hará, lo que verá. Cada gesto es un recordatorio: controlar es sobrevivir.

En su oficina, la soledad lo abraza. Se sienta, respira profundo y cierra los ojos. Vuelve a escuchar las palabras de Emiliano, el desafío que le lanzó, el desprecio en su voz. Un pequeño placer oscuro lo recorre: que alguien viva con miedo no lo hace débil; lo hace consciente de que el poder siempre prevalece.

Su mano se posa sobre el escritorio. Piensa en los sacrificios, en la sangre derramada, en la obediencia que exige y recibe. Todo tiene un precio. La violencia no es un acto; es un contrato silencioso con el mundo. Mientras su mente se sumerge en sus pensamientos, un detalle lo hace sonreír por primera vez: la certeza de que el plan está en marcha, y que nadie podrá detenerlo.

El sonido de la puerta rompe su concentración. Carter y Paolo, siempre atentos, esperan en el umbral. La sonrisa vuelve, cálida y controlada, mientras Leonardo se pone de pie, ajustando su traje.

El Jefe entra. Su presencia no necesita presentación. Con voz firme y medida, dice:

—Señor, alguien del cartel Juárez lo está buscando… El plan a comenzado.




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