Una Soltera de Oro

Capítulo 5. Mi persona vitamina

Ya son las 2 a. m. y seguimos en nuestras andanzas. Ya no estamos en la cocina; estamos en el patio techado. Valeria está sentada a mi lado, muy concentrada buscando una canción en la TV. Estamos haciendo un karaoke de todas las canciones que recordamos; ya cantamos rancheras, baladas, rock, pop y ahora cantaremos las canciones más conocidas de las películas de Disney. Valeria las ama y se sabe un montón, así que comenzamos con colores en el viento de Pocahontas.

—"Te crees señor de todo territorio" —cantó Valeria, haciéndome reír—. "La tierra solo quieres poseer. Más toda roca, planta o criatura, viva está, tiene alma, es un ser…".

Ella siguió cantando y me di cuenta de que me tocaba el coro.

—"¿Escuchaste aullar los lobos a la Luna azul? ¿O has visto a un lince sonreír? ¿O unirte a la voz de las montañas? ¿Y colores en el viento descubrir? ¿Y colores en el viento descubrir?" —canté esforzándome al máximo por no sonar como un gato con hambre, pero igualmente hice reír a Valeria. La última parte nos tocaba cantarla juntas.

—"Si no entiendes qué hay aquí, solo es tierra para ti. Sin colores en el viento descubrir".

Terminamos la canción riéndonos y abrazándonos.

—Pocahontas fue la princesa de Disney más inteligente —le dije a Valeria, y esta asintió.

—Obvio, no se dejó engatusar por lo que le dijo el primer John —contestó Vale—. Claro, como vio que era una indígena, dijo: nada, a esta yo la engaño.

—Y resulta que fue la princesa más astuta; bueno, hasta le ganó a la Sirenita, hija de Poseidón —continué con mi discurso—. La Sirenita sí fue tonta en verdad, es más, no vamos a hablar de esa susodicha porque me molesta.

La risa de Valeria inundó el espacio y cambió de canción. Leí en la pantalla: "El ciclo sin fin" de El Rey León. Tengo años que no veo esa película y, en verdad, dudaba que recordara la letra, pero comenzó la música y mis recuerdos brotaron de lo más profundo y oscuro de mi subconsciente. Ese comienzo fue un paseo por mi niñez y comencé a leer. Valeria colocó la música original, no el karaoke, y las dos nos quedamos embobadas escuchándola y leyendo la letra:

“Desde el día que al mundo llegamos.

Y nos ciega el brillo del Sol.

Hay mucho más para ver, de lo que se puede ver.

Más para hacer de lo que da el vigor.

Son muchos más los tesoros.

De los que se podrán descubrir.

Más bajo la luz del Sol, jamás habrá distinción.

Grandes y chicos han de convivir.

En el ciclo sin fin.

Que nos mueve a todos.

Y aunque estemos solos.

Debemos buscar.

Hasta encontrar.

Nuestro gran legado.

En el ciclo, el ciclo sin fin…”

No voy a mentir: esa letra hizo que se me saliera una lágrima, y ni hablar de Valeria, estaba como una cascada. Eso es lo malo de estar borrachas, estamos muy susceptibles, pero no hay que negar que la letra es muy bella y representa el mundo entero. Vivimos en un ciclo sin fin; en este preciso momento alguien falleció, así mismo otra vida llegó a este mundo. No hay sol sin luna, no hay bueno sin malo, no hay vida sin muerte, todo está conectado en ese ciclo. Lo que nos queda es ser mejores en el pequeño soplo de tiempo que tenemos en esta tierra.

—Cuando era pequeña nunca había entendido esa canción, pero qué belleza, debería ser un himno nacional —habló Vale limpiándose las lágrimas—. Trato de cantarla muy seguido para que Jael se la vaya aprendiendo; me gusta que escuche estas canciones, siento que dejan un mensaje.

—Exacto, no es solo bulla. Claro, no digo que la bulla sea mala, porque a veces es necesaria, pero no vamos a negar que estas canciones son de películas para niños, pero su significado va mucho más allá.

Vale asintió, estando de acuerdo conmigo. Es la realidad, son poesía pura. Desde que conocí a Valeria supe de su fascinación por las canciones de las películas viejas de Disney. Tengo que ser sincera: al principio lo veía un poco tonto, porque lo vemos así, como simples canciones para niños, pero esa verdad no puede estar más alejada de la realidad. Solo hay que escuchar bien y podremos entender el mundo entero que rodea la canción.

Valeria colocó otra y la reconocí al instante. Recuerdo que ella la ponía cuando estaba embarazada de Jael. Valeria ama las películas de Tinkerbell; bueno, es una fanática de Disney, pero del antiguo. Cuando se enteró de que iba a tener a una niña, su obsesión por las hadas y sus músicas aumentó. Por eso esta letra sí me la sé, se llama las hadas reunirán, creo que es de la primera película de Tinkerbell.

No dejo de ver a Valeria, sé lo que esta canción significa para ella. Las lágrimas brotan por sus mejillas y la abrazo.

—"Siempre a ti mismo ser fiel" —cantamos las dos juntas esa parte final.

—Recuerdo que el embarazo de Jael fue tan complicado... movió todas mis emociones, no sabía si iba a ser una buena madre, los nervios me consumían… —Vale paró de hablar porque las lágrimas no la dejaban seguir—, pero esta canción era la única que le gustaba a Jael. La primera vez que la puse estaba en la tina, intentando relajarme porque ella no dejaba de moverse, y cuando la coloqué quedó paralizada, se dejó de mover, se relajó. A los días lo volví a intentar porque esa niña, cuando estaba en mi vientre, se creía futbolista, pero cuando escuchaba esa canción se quedaba súper quieta, y aún es así. Por eso la amo, me recuerda que tengo una pequeña hada.

—Eres una excelente madre y yo siempre supe que lo serías, Valeria —unimos nuestras cabezas.

—Tú has sido una gran ayuda siempre y eres la mejor tía de Jael, esa niña te ama —las dos reímos—. Eres la hermana que me regaló la vida, pero qué desgracia que nos digamos todas estas cosas bellas estando borrachas.

A este punto creo que nuestras risas se podían escuchar a varios metros de distancia.

—El alcohol nos da las fuerzas que no tenemos sobrias —Valeria abrió la boca sorprendida y me reprendió tontamente.




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