No todo empieza cuando algo ocurre.
A veces, empieza cuando decides de dejar de vivir en lo que ya pasó.
Han pasado dos años.
Dos años que me rompieron el corazón con un "no eres tú, soy yo". Dos años desde que aprendí lo que es depender emocionalmente de alguien que no se queda. Dos años desde que mi mejor amiga decidió que el dolor de otro era más importante que el mío... y me dejó sola cuando más la necesitaba.
No voy a mentir.
Me destruyó.
Hubo terapia, discusiones, recaídas, día sin comer, noches sin dormir y un hospital que todavía prefiero no recordar demasiado.
Un punto donde no sabía si estaba sanando o simplemente aprendiendo a fingir estar bien.
Pero eso ya no es lo importante.
Porque hoy... no soy la misma.
Camino por el pasillo del colegio con mi mochila colgando de un solo hombro, escuchando el ruido de siempre: risas, gritos, conversaciones que no me interesan.
Soy bajita, morena, delgada, —demasiado según algunas personas— sin mucho que resaltar en en el cuerpo, al menos no a lo típico que todos miran primero. Mi cabello es afrorizado, corto, indomable algunos días, perfecto otros... depende del humor del clima y del mío.
Mis ojos son marrones. Normales
Y eso está bien
Porque ya no necesito ser especial para nadie.
Salgo del colegio junto a Inés y Nilieh, que van hablando sin parar de algo que pasó en clase. Yo las escucho a medias, sonriendo de vez en cuando, pero sin meterme demasiado en la conversación.
—Sofía, tú estás en otra planeta —dice Inés empujándome suavemente
—Siempre —añade Nilieh entre risas
—No es verdad —respondo, aunque tampoco me esfuerzo mucho en defenderme
Caminamos como todos los días, por la misma calle, con el mismo sol cayendo sobre nuestras cabezas y la misma rutina que debería sentirse aburrida... pero no lo es del todo.
Porque ahora sé algo que antes no sabía: La tranquilidad también es una forma de paz.
Y justo cuando estoy pensando en eso...
Lo veo
No sé por qué lo noto. No se por qué entre tantas personas, es él el que llama mi atención.
Pero lo hace
Esta ahí, caminando en dirección contraria.
Alto, mucho más alto que yo.
De piel clara, contrastando con el sol que le da de frente. Su cabello es negro, rizado, un poco largo... pero no hasta los hombros, lo suficiente para que se vea desordenado de una forma que no parece descuidada.
Su cuerpo... es grande. No en mal sentido. Es ancho, fuerte, de esos que ocupan espacio sin pedir permiso. Un big boy, como dirían mis amigas.
Pero no es solo eso.
Es como camina.
Tranquilo, seguro, como si no tuviera que demostrar nada.
Mis ojos se quedan en él un segundo más de lo normal.
Y eso.... ya es demasiado.
Porque yo no hago eso, yo no me fijo en nadie.
Yo no me permito eso.
—Oigan... —dice Nilieh de repente, bajando la voz —.¿Vieron eso?
—¿A quién? —pregunta Ines, aunque ya sé que sí lo vio.
—Al chico... —responde Nilieh—. El alto, de cabello rizado.
Silencio
Siento cómo mis mejillas se calientan un poco.
—Ah... —dice Inés, alargando la palabra— . Sí lo vi.
—Está lindo —añade Nilieh, como si nada.
Yo no digo nada.
No puedo.
Porque en el momento en el que intento hablar... mis ojos vuelven a buscarlo.
Y ahí está otra vez.
Y por un segundo, muy pequeño, muy traicionero...
Siento algo.
No es fuerte, no es intenso.
Pero esta ahí.
Un pequeño tirón en el pecho, una curiosidad que no pedí; una sensación que creí haber apagado hace tiempo.
—Sofía... —dice Inés lentamente.
Mierda
—¿Qué? —respondo demasiado rápido.
—Tus ojos —dice Nilieh
—¿Qué tienen?
—Brillan.
Se me corta la respiración un segundo
—No digas estupideces —murmuro, mirando al frente.
Pero ya es tarde.
Porque también siento el calor subiendo por mis mejillas
—Te gusta —dice Nilieh, riéndose
—Que no.
—Sofía, por favor —dice Inés—. Te vimos la cara.
Aprieto los labios, intentando mantener la compostura.
—No me gusta —repito, más firme—. Solo lo vi. Ya.
Y en parte es verdad, solo lo vi.
Pero fue suficiente para que algo dentro de mí... se moviera.
Y no me gusta eso.
No me gusta no tener el control.
No me gusta sentir cosas que no planeé sentir.
No me gusta que alguien, sin siquiera conocer, me pueda provocar algo así.
Así que hago lo único que sé hacer: lo ignoro, sigo caminando y cambiando de tema.
Me río cuando ellas sigue molestando, pero no digo nada más al respecto.
Porque si lo digo... se vuelve real.
Y no estoy lista para eso.
No otra vez.
Pero mientras seguimos caminando, mientras el sol baja lentamente y la conversación cambia...
No puedo evitarlo mi mente vuelve a él a su forma de caminar, a su cabello, a esa tranquilidad que parecía tan... diferente.
Y por primera vez en mucho tiempo no pienso en el pasado, no pienso en lo que me hicieron, no pienso en lo que perdí.
Pienso en algo que no entiendo, algo que no quiero....
Pero tampoco puedo ignorar del todo. Y eso es lo que más me asusta.
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NOTA DE LA AUTORA: holaaaaaa mis bebesuquix, cómo se encuentran el día de hoy? Esperó que bien.
Espero ojalá lo disfruten tanto como yo al escribirlo.
Y si Sofía te recordó a ti en algún momento... no estás sola. Y comenta qué te pareció este capitulo💖🌷
✿¿Será que el destino los vuelve a poner frente a frente?