¿Alguna vez has sentido que vives en tu propia película, pero no como la protagonista, sino como ese personaje que apenas aparece unos segundos en pantalla? 🎬✨
Bueno, esa soy yo: Kelly. Tengo once años, y mi vida es un completo desastre. 😅
En la escuela, soy "la alumna ejemplar". Sí, esa que siempre entrega las tareas, que nunca olvida un lápiz ✏️ y que saca buenas notas. Pero antes de que creas que mi vida es perfecta, déjame aclararte algo: no lo es.
Ser "ejemplar" no significa tener amigas a montones o que todos quieran invitarte a fiestas. Para nada. Soy la chica callada que siempre se sienta en la última fila, la que sabe todas las respuestas pero nunca levanta la mano. 🙃
Miren, amo a mis papás, de verdad, pero a veces siento que se pasan. Ellos esperan que sea perfecta. No importa lo que haga, siempre hay un "pero". ¿Te suena? 🤦♀️
Por ejemplo, saco un 8 en un examen, y en lugar de "¡bien hecho!", solo escucho:
— ¿Y por qué no fue un 9? 😤
Y si saco un 9, pues:
— Podrías haber sacado un 10. 😩
¡Es estresante!
Después de ese drama mental, les cuento cómo es un día cualquiera en mi escuela, con cosas con las que seguro se van a identificar.
La alarma suena a las 6:30 a. m., pero... ¿quién puede resistirse a esos cinco minutos extra, verdad? ⏰💤 Pues esos cinco minutos se convirtieron en media hora, y cuando reaccioné ya eran las 7. 😱
Salto de la cama, casi tropiezo con una silla y corro al baño. Me meto a la regadera 🚿 y dejo que el agua fría me despierte. Apenas alcanzo a lavarme el cabello y salgo corriendo, con gotas cayendo porque ni agarré la toalla bien. 😖
Frente al clóset no hay tiempo para pensar en qué me pongo. Agarro lo primero que encuentro: mis jeans favoritos y la sudadera limpia. 👖👕 Pongo mis tenis mientras trato de secarme el cabello con la toalla, pero queda medio mojado y con frizz. 😅
Intento peinarme, pero está todo esponjado. No hay tiempo para plancharlo, así que hago una coleta mal hecha. 🙆♀️
Mi mamá grita desde la cocina:
— ¡Kelly, apúrate! No quiero que llegues tarde otra vez.😠
Agarro mi mochila y bajo corriendo.
— ¡Ya estoy lista! —le digo mientras agarro una manzana 🍎.
Ella me mira con cejas levantadas y brazos cruzados.
— ¿Lista? Traes el cabello hecho un desastre y ni abotonaste bien la camisa. ¿Vas a salir así? 😒
— ¡Así se lleva, mamá! —le respondo mientras intento alisar la camisa.
— Claro... Parece que te caíste de la cama.
— ¿Metiste todo en tu mochila?
— ¡Sí, mamá! —aunque sigo buscando mis libros—
— Bueno, no salgas solo con esa manzana, come algo en la escuela, ¿sí?
— Sí, mamá. ¡Nos vemos!
Salgo apurada y ella grita:
— ¡No corras como loca! No quiero otro susto. 😤
Mientras camino a la escuela, siento las miradas curiosas de la gente. Intento ignorarlas, hasta que escucho una risa conocida. Es Annie, mi mejor amiga, con su sonrisa burlona. 😄
— ¡Kelly! ¿Qué onda con tu cabello? Parece que perdiste la pelea con la almohada.😂
— Es mi nueva tendencia: 'descuidado, pero cool'. ¿Te gusta?" —le respondo con sarcasmo.
— Uf, claro, un hit total. Aunque no puedo decir mucho, acuérdate cuando llegué con sandalias. —ríe.
— Cierto, fue épico. Pero hoy yo me llevo el premio al caos matutino.
—Hablando de caos, ¿sabes qué es lo peor? La primera clase es matemáticas, y ya sabes lo mal que me va con los números. La maestra es como un ser de otro planeta, súper exigente y aterradora. ¡Me da miedo hasta pedirle permiso para ir al baño! —añadió Annie con una mueca de preocupación.
Al abrir la puerta del aula de Matemáticas, me encontré con la mirada intensa de la profesora García, una mujer con lentes de montura gruesa y un entusiasmo desbordante por los números. Tomé asiento en mi lugar de siempre, en la esquina, tratando de pasar desapercibida.
El salón era un caos típico: unos platicaban como si estuvieran en el recreo, otros repasaban súper nerviosos, y claro, los de siempre alzando la mano para presumir que se saben todo. Yo ni loca hacía contacto visual con la profe. Porque sí, en cuanto lo haces, es como si dijeras: "¡Profe, elíjame para participar!"
Después de la clase de matemáticas , nos dirigimos a la clase de artes. La profesora Torres, una mujer creativa con el cabello teñido de colores vibrantes, nos esperaba en el taller. Annie y yo nos acomodamos en nuestras mesas, rodeadas de pinceles y lienzos.
—¡Chicas, hoy vamos a explorar la expresión artística a través de la pintura! Cada una de ustedes tomará un lienzo y expresará sus emociones a través del color y la forma. ¡A dejar volar la imaginación! —anunció la profesora Torres con entusiasmo.
Mientras mis compañeros se sumergían en el caos creativo, yo me quedé contemplando el lienzo en blanco.
Annie me miró con una sonrisa y agarró un pincel.
—Vamos, Kelly, ¿Qué colores te inspiran hoy? Tal vez un toque de azul sereno o un rosa suave.
—No sé, Annie. Nunca fui buena en esto de la expresión artística. Además, ¿Quién va a querer ver lo que pinte yo? —respondí con cierta resignación.
—¡Oh, vamos! No importa si eres buena o no. Lo importante es divertirse y expresar lo que sientes. Además, a lo mejor descubres un talento oculto —me animó Annie, escogiendo un pincel y sumergiéndolo en pintura verde.
Tomé el pincel, miré el lienzo y me sumergí en un mar de indecisión. ¿Qué colores podrían expresar mi timidez y esa sensación de ser invisible? Decidí comenzar con tonos suaves, como un gris apagado, pero al instante sentí que mi pintura carecía de vida. Mis pinceladas eran tímidas, como yo misma, y el lienzo seguía siendo un lienzo blanco con un toque de melancolía.
—¿Necesitas ayuda, Kelly? —preguntó Annie, notando mi lucha artística.
—No sé qué estoy haciendo. Quiero expresar algo, pero siento que no tengo nada que decir —confesé, sintiendo la presión del pincel en mi mano.
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Editado: 13.01.2026