Una virgen para el jeque.

Capítulo 20: La trampa de Rashid.

Rashid despertó aquel jueves con la misma sensación de control absoluto que había cultivado, meticulosamente, durante cada etapa de su estrategia contra Khalil, pero esa mañana, mientras revisaba los informes que sus contactos le habían hecho llegar durante la noche, sintió por primera vez en semanas que algo en el terreno empezaba a moverse de manera que no lograba anticipar completamente.

—Hay movimiento inusual en palacio —le informó su asesor de confianza, entrando al despacho con una carpeta bajo el brazo—. Tariq Al-Shami solicitó formalmente una audiencia extraordinaria ante el Consejo para esta misma tarde. El motivo declarado es "asuntos financieros urgentes relacionados con la administración de fondos reales".

Rashid sintió que el estómago se le tensaba, comprendiendo de inmediato que aquella formulación cuidadosamente vaga escondía, casi con certeza, la presentación formal de las pruebas que llevaba semanas sospechando que Khalil y su madre reunían en su contra.

—Necesitamos actuar antes de esa audiencia —dijo, levantándose con una urgencia que contrastaba con la calma calculada que había mantenido durante toda la crisis—. ¿Qué sabemos exactamente sobre el contenido de esa presentación?

—Nuestras fuentes dentro del ministerio de finanzas no han podido confirmar los detalles específicos, pero el hecho de que Al-Shami solicite una audiencia extraordinaria, combinado con la reciente firma de un testimonio por parte de Fahad Al-Rashidi, sugiere que finalmente han reunido pruebas suficientes contra usted.

Rashid caminó hacia la ventana de su despacho, con la mente trabajando a toda velocidad, calculando las distintas opciones disponibles con la misma precisión metódica que había aplicado a cada decisión de su estrategia durante meses, aunque ahora, por primera vez, sentía que el margen de maniobra se había reducido considerablemente más de lo que estaba dispuesto a admitir.

—Entonces necesitamos adelantarnos —dijo finalmente, con una determinación fría que reflejaba la magnitud de la amenaza que sentía cernirse sobre él—. Si van a presentar pruebas financieras contra mí esta tarde, necesito contar con algo lo suficientemente devastador como para neutralizar cualquier credibilidad que ese testimonio pudiera tener.

—¿Se refiere a la información sobre el hijo ilegítimo del difunto rey?

Rashid se volvió hacia su asesor, con una sonrisa que carecía por completo de cualquier calidez, la expresión calculadora de un hombre dispuesto a desplegar, finalmente, el arma más poderosa que había estado guardando en reserva.

—Exactamente. Si presento esa información ante el Consejo, en el mismo momento en que Al-Shami intenta exponer mis supuestas irregularidades financieras, generaré la confusión suficiente como para desviar completamente la atención hacia una crisis de legitimidad mucho más grave que cualquier acusación de corrupción. —Rashid se sirvió una copa a pesar de lo temprano de la hora, con una tensión apenas disimulada bajo su fachada habitual de control absoluto—. Además, si logro plantear con suficiente convicción que Adam Nasser tiene un derecho de sucesión superior al de Khalil, el Consejo se verá obligado a suspender cualquier decisión sobre mi propia situación hasta que resuelvan primero esa cuestión mucho más fundamental.

—Es un movimiento arriesgado —advirtió el asesor—. Si se descubre que usted obtuvo esa información de manera ilegal, investigando registros financieros privados sin autorización...

—El riesgo de no actuar es considerablemente mayor —interrumpió Rashid, con una firmeza que no dejaba lugar a más objeciones—. Prepara todo lo necesario. Quiero presentarme ante el Consejo antes de que Al-Shami tenga oportunidad de exponer su testimonio. Necesito ser yo quien controle la narrativa desde el primer momento.

***

En palacio, ajenos todavía a la contraofensiva que Rashid preparaba con tanta urgencia, Khalil y su madre repasaban, por última vez antes de la audiencia programada, cada detalle de la presentación que Tariq había preparado con meticuloso cuidado durante las últimas semanas.

—El testimonio de Fahad, combinado con los estados financieros que hemos reunido, debería ser suficiente para demostrar, de manera irrefutable, el patrón sistemático de malversación —explicaba Tariq, repasando los documentos ordenados cuidadosamente sobre la mesa de la biblioteca privada—. He preparado también una cronología detallada de las transferencias, vinculándolas directamente con las propiedades adquiridas por Rashid durante los últimos dos años.

—¿Y respecto a Adam? —preguntó Khalil, con una tensión evidente ante aquella dimensión adicional de la crisis que todavía no habían resuelto completamente cómo abordar—. ¿Deberíamos mencionarlo hoy, o esperar hasta tener una respuesta más clara de su parte?

La Sultana consideró aquella pregunta con la misma seriedad estratégica que había aplicado a cada decisión durante aquellas semanas complicadas, sopesando los riesgos de cada posible curso de acción.

—Creo que deberíamos esperar —dijo finalmente—. Presentar la existencia de Adam antes de que él mismo haya decidido cómo desea proceder sería, además de precipitado, una falta de respeto hacia su propia autonomía sobre una situación que, después de todo, le concierne directamente a él más que a nadie. Concentrémonos hoy en exponer la corrupción de Rashid. Si él decide, de todas formas, revelar la existencia de Adam como contraataque, entonces evaluaremos cómo proceder en ese momento.

Khalil asintió, aunque una inquietud persistente lo acompañaba mientras se preparaba para aquella audiencia crucial, consciente de que, a pesar de toda la planificación cuidadosa, existían variables que ninguno de ellos podía controlar completamente, especialmente considerando la capacidad demostrada de Rashid para anticiparse, de maneras sorprendentes, a cada uno de sus movimientos estratégicos.

***




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