Una virgen para el jeque.

Capítulo 29: Bodas y traiciones

Las semanas siguientes transcurrieron con una intensidad festiva que Al-Zahiri no había conocido en generaciones: los talleres textiles de la ciudad vieja trabajaban a un ritmo febril confeccionando pañuelos conmemorativos con la estrella de ocho puntas que, sin que nadie lo hubiera planeado oficialmente, se había convertido en el símbolo espontáneo de aquella nueva era; los jardines de palacio se llenaban cada tarde de floristas y decoradores preparando la ceremonia que se celebraría en apenas diez días; y Farida, con la ayuda de tres aprendices que había contratado a toda prisa, trabajaba desde el amanecer hasta bien entrada la noche en el vestido de novia más ambicioso que había diseñado en toda su carrera.

Amara, en medio de aquel torbellino de preparativos, apenas encontraba tiempo para respirar, dividida entre las pruebas de vestuario, las sesiones de protocolo con la Sultana —quien insistía, con una paciencia inagotable, en prepararla para cada matiz de la vida cortesana que se avecinaba— y los momentos, cada vez más escasos pero más preciados, que lograba robarle a la agenda para estar a solas con Khalil.

—Nunca imaginé que planear una boda fuera más agotador que enfrentar un chantaje —bromeó una tarde, dejándose caer en uno de los sillones de la terraza privada de Khalil, todavía con alfileres prendidos en el dobladillo del vestido de prueba.

—Espera a la recepción diplomática de mañana —respondió él, sirviéndole una copa de agua de azahar con una sonrisa cansada que reflejaba su propio agotamiento—. Cuarenta embajadores, cada uno con su propio protocolo de saludo. Mi madre lleva dos días repasando conmigo el orden exacto de precedencia.

Amara rió, un sonido ligero que contrastaba, agradablemente, con la tensión que había definido cada aspecto de su vida durante los meses anteriores.

—¿Sabes qué es lo más extraño de todo esto? —dijo, apoyando la cabeza contra el respaldo del sillón—. Que en medio de tanto protocolo, de tanta ceremonia, esta es la primera vez en semanas que puedo pensar en el futuro sin sentir que algo terrible está a punto de suceder.

Khalil se sentó junto a ella, tomando su mano con una ternura que ya no necesitaba palabras adicionales para expresarse.

—Yo también lo siento —dijo—. Creo que, después de todo lo que hemos atravesado, mereces estos días de tranquilidad relativa antes de la boda.

Ninguno de los dos podía saber, en aquel momento de calma compartida, que aquella tranquilidad relativa estaba a punto de sufrir una última sacudida, procedente de un lugar que ninguno de ellos había considerado como una amenaza.

***

Fue dos días antes de la boda cuando Yusuf, con una expresión que Khalil reconoció de inmediato como la de alguien que trae noticias que preferiría no tener que dar, solicitó una reunión urgente en el despacho privado.

—Hemos recibido información sobre Nasir Idrissi —dijo, cerrando la puerta tras de sí con un cuidado que sugería la gravedad de lo que estaba a punto de compartir—. Nuestros contactos en el país donde se refugió confirman que ha estado en contacto, durante las últimas semanas, con un periodista de investigación internacional. Le ha estado vendiendo información.

—¿Qué tipo de información? —preguntó Khalil, con una tensión inmediata.

—Detalles sobre la operación completa de vigilancia que realizó para Rashid. Incluye grabaciones de audio de conversaciones privadas de tu madre, documentación sobre cómo obtuvieron acceso a los registros médicos de Adam, y algo más, Khalil. —Yusuf hizo una pausa, claramente incómodo con lo que venía—. Menciona haber grabado, sin que ustedes lo supieran, parte de la conversación que sostuvieron tú y Amara la noche que decidieron ir juntos al desierto por primera vez.

Khalil sintió que la sangre se le helaba.

—¿Qué exactamente grabó?

—No lo sabemos con certeza, pero el periodista con quien está en contacto trabaja para una publicación conocida por su sensacionalismo. Si Nasir vende esa grabación, y contiene algo que pueda tergiversarse, podríamos enfrentar un escándalo justo antes de la boda, en el peor momento posible.

Khalil se pasó una mano por el rostro, sintiendo que, después de semanas de creer que lo peor había quedado atrás, una nueva amenaza surgía precisamente cuando menos la esperaban.

—Necesitamos hablar con Amara —dijo finalmente—. No voy a ocultarle esto, Yusuf. Ya aprendimos, de la manera más dura posible, que los secretos solo generan más daño.

***

Amara recibió la noticia con una calma que sorprendió incluso a Khalil, una serenidad forjada, evidentemente, en las múltiples crisis que ya habían enfrentado juntos.

—¿Qué podemos hacer? —preguntó, sin ningún rastro del pánico que quizás habría sentido semanas atrás.

—Yusuf está negociando, a través de intermediarios, para intentar comprar el silencio del periodista antes de que publique nada —explicó Khalil—. Pero no puedo prometerte que funcione. Nasir podría, simplemente, decidir que el dinero de la exclusiva vale más que cualquier acuerdo de discreción.

Amara consideró la situación durante un largo momento, con la misma claridad de pensamiento que la había caracterizado en cada crisis anterior.

—¿Y si, en lugar de intentar comprar su silencio, nos adelantamos otra vez? —propuso—. Como hicimos con lo de Adam. Como hicimos con lo de Tariq. Cada vez que hemos intentado ocultar algo, ha terminado explotando de la peor manera. Pero cada vez que decidimos contar la verdad nosotros mismos, controlamos la narrativa.

Khalil la miró con una admiración renovada, comprendiendo, una vez más, la sabiduría profunda que se escondía tras la aparente sencillez de aquella mujer que había entrado en su vida de la manera más inesperada posible.

—¿Qué sugieres exactamente?

—Sugiero que, en lugar de temer lo que esa grabación pueda revelar, publiquemos nosotros mismos, de manera controlada, la verdadera historia de esa noche en el desierto. No los detalles íntimos, por supuesto, pero sí la esencia: que fue la noche en que decidimos confiar el uno en el otro, a pesar de todos los riesgos. Si Nasir intenta vender algo después de eso, ya no tendrá ningún impacto real, porque nosotros mismos habremos contado la verdad primero.




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