•——————•°•✿•°•——————•
Kailan
Kailan se arrepentía de muchas cosas...
De haber terminado con Odeliah años atrás.
Quizás, la más persistente de todas. Un error que resonaba en sus días vacíos y en sus noches demasiado silenciosas.
De haberse quedado demasiado tiempo con alguien que no lo valía.
Buscando refugio en alguien, que no valía la pena ni el aliento que gastaba en criticarlo.
De actuar por impulso.
No era algo que hiciera seguido. Kailan solía ser paciente, incluso racional. Pero, ese detonante que solo activaba cuando alguien, lo empujaba más allá del límite de su ya escasa paciencia.. Y entonces decía o hacía cosas que después tenía que cargar como una culpa silenciosa.
Eso fue exactamente lo que había hecho Hilary.
Ella había sido un experimento fallido, un intento desesperado por borrar el eco de Odeliah. En su lugar, solo consiguió a alguien tóxica y engreída, cuya habilidad más peligrosa era la de torcer la realidad. Obviamente el resultado fue todo desastre: una mujer tóxica, posesiva, orgullosa hasta la crueldad. No duraron mucho, pero el daño persiste.
Hilary tenía ese talento peligroso de hacerle creer que todo era culpa suya.
Si discutían, era por él.
Si se distanciaba, era por él.
Si necesitaba espacio, era por él.
Si salía con sus amigos, también.
Se preguntaba, a menudo, por qué había aguantado tanto. La respuesta nunca llegaba, solo el regusto amargo de un después que fue aún peor: Hilary, dueña de la narrativa, había difundido entre todos que él era el obsesivo, el que la perseguía, cuando la realidad era exactamente al revés. Bloquearla había sido un alivio temporal, pero algunos venenos son persistentes.
El punto de quiebre llegó una tarde cualquiera, en una reunión para organizar una fiesta de fin de curso. Entre debates sobre quién llevaría la comida y las bebidas, la voz de Ethan, el nuevo novio de Hilary, cortó el aire con una punzada de burla:
—Dinos, Rain —dijo con una sonrisa cargada de burla—, ¿irás acompañado o solo como en todas las reuniones?
No era una mentira. Casi todos tenían pareja. Pero la pregunta estaba cargada de ese desdén que Ethan sabía irradiar, sobre todo si Hilary debía ser la protagonista. Y ella, como si esperara el guión, no tardó en intervenir con su voz dulce y venenosa
—Pero qué dices, cariño. Se nota que Rain no me ha superado.
Ahí estaba de nuevo. Ese tono de superioridad, como si fuera la única mujer del mundo.
Algo se quebró dentro de Kailan. El resentimiento, la frustración, el cansancio de ser el personaje de una historia que no había escrito, hirvieron a la vez. La respuesta le salió antes de que la razón pudiera detenerla
—Primero —dijo con absoluta seriedad—, ya no me importas, Hilary. Supéralo.
Hizo una pausa breve.
—Y segundo, sí, iré acompañado.
—¡¿Qué?! —exclamó el grupo casi al unísono.
—¿Desde cuándo tienes novia? —preguntó Edgar, su mejor amigo, desconcertado.
—¿Cómo se llama? —preguntó Hilary, clavándole la mirada.
Kailan, en silencio, le pidió perdón a Odeliah.
—Se llama Odeliah —dijo—. Y estamos juntos desde septiembre.
Mentir le quemó la garganta. El silencio que siguió fue espeso, incómodo, cargado de escepticismo. Hilary fue la primera en recomponerse, forzando una sonrisa que no logró iluminar sus ojos:
—¿Odeliah? —repitió lentamente—. No conozco a ninguna Odeliah.
Kailan sostuvo su mirada sin pestañear. Por dentro, el pecho le ardía.
—La conozco desde hace años. Estudiamos juntos —respondió con una calma ensayada—. Y estar con ella ha sido la mejor decisión que he tomado. Es tranquilo. La amo demasiado.
Ethan soltó una risa incómoda. Hilary no apartaba la vista de él, escudriñando, buscando una grieta.
—¿Y por qué no la trajiste hoy? —preguntó Ethan—. Digo... si existe.
—Kailan... —murmuró Edgar—. ¿Desde septiembre?
Él asintió. Demasiado rápido.
—Estudia en nuestra universidad, pero en otra facultad —añadió—. No suele salir mucho.
No era del todo mentira. Odeliah sí estaba ahí. Solo que apenas habían vuelto a hablar.
Hilary ladeó la cabeza, analizándolo.
—Qué raro —dijo—. Nunca la mencionaste.
—Porque no era asunto tuyo —respondió Kailan, esta vez con filo en la voz.
Eso fue lo que rompió el último hilo.
Hilary apretó los labios, claramente herida en su orgullo. No porque aún le importara él —o eso se repetía—, sino porque había perdido el control de la narrativa. Ya no era la mujer inolvidable.
—Bueno —intervino uno del grupo, incómodo—,entonces... ¿Confirmamos la fecha de la fiesta?
Editado: 28.02.2026