Under My Wings

45-. Entre la espada y la pared

Tirado en el suelo, sentí cómo el dolor de cabeza crecía gradualmente hasta volverse casi insoportable; al mismo tiempo que, haciendo acopio de todas mis fuerzas, intentaba reincorporarme. Sin embargo, aún no tenía la energía suficiente para lograrlo, por lo que mis brazos no aguantaron la presión y caí de bruces.

Estaba demasiado debilitado como para moverme, o peor aún, para perseguir a mi otro yo, aunque eso no impidió que hiciera un segundo intento fallido de levantarme.

—Vaya que eres un idiota, Chris —espetó una bastante conocida para mí—. Me decepcionas.

Quise responderle, pero él se me adelantó.

—Te lo advertí varias veces, y aun así decidiste liberarlo. Digas lo que digas, esto es tu culpa.

—¿Igmis? —murmuré, girando mi cuerpo para poder verlo mejor—. ¿Eres tú?

Al hacer esto, noté que ya no estaba en el cuarto de baño, sino en medio del extenso pasillo blanco que había visitado anteriormente. Pero esta vez no tenía ninguna puerta, solamente interminables paredes blancas.

—¿Sabes? Debería dejarte allí agonizando para que aprendas la lección —gruñó, mirándome con desdén.

—Por favor, ayúdame.

—¿Estás hablando en serio? Tú mismo te lo buscaste —levantó la barbilla y se cruzó de brazos —, ¿o no recuerdas cuando decidiste quitarle el bozal a ese bastardo? Porque yo sí lo recuerdo muy bien.

—Igmis, te lo suplico, ayúdame.

—No lo creo, Taylor, ahora estás por tu cuenta —levantó su dedo medio hacia mí—. Veamos si tu amigo te presta algo de poder.

—¡Olvídate de mí y hazlo por ella! —grité con lágrimas en los ojos—. Sé que no hacerte caso fue una estupidez, pero ahora necesito tu ayuda.

—Qué ironía, me pides que salve a la chica que ha causado todo esto —soltó una carcajada—. Olvídalo, de no ser por ella, quizá todo seguiría como antes.

—Por favor, es lo único que te pido, déjame salvarla.

—¿Para qué? ¿No entiendes que ella solo te trae problemas?

—Porque a pesar de todo lo que pueda ocurrir, me siento feliz cuando estoy con ella —esbocé una sonrisa agridulce—. Jamás había sentido eso por alguien.

—Parece que a los humanos les gusta complicarlo todo —pasó los dedos por una de sus alas—. Sería mucho más sencillo abandonarla a su suerte, después de todo, ella también es un Volavek y puede defenderse por sí sola.

—Sé que no entiendes mis motivos, pero te lo pido una vez más —apreté la mandíbula al decir esto—. Ayúdame.

—Maldita sea, Chris, ¿alguna vez te han dicho que eres uno de los seres más tercos que han habitado la tierra?

—Muy a menudo —murmuré—. ¿Lo harás?

—Soy parte de ti, y sé lo mucho que te afectaría perderla —afirmó—. Así que te ayudaré a recuperarla, aunque solo será por esta ocasión, no te acostumbres.

—Gracias, muchas...

—No me agradezcas, tan solo asegúrate de que no se repita —espetó, antes de convertirse en una enorme llamarada y desaparecer.

En un parpadeo, volví a estar en el suelo del cuarto de baño. No obstante, ahora sentía cómo un gran poder se acumulaba en el centro de mi abdomen. Mi cuerpo absorbió aquella energía, y en cuestión de segundos, estaba bastante repuesto como para reincorporarme de un salto y correr hacia la ventana.

Me quité la camiseta de un tirón, y lleno de adrenalina, salté de cabeza hacia el vacío. Sentí el frío viento nocturno durante la caída, y estando a unos pocos metros del pavimento, mis alas se materializaron para, de esta manera, volver a elevarme con rapidez.

A medida que ascendía, apreté la mandíbula, y comencé a escrutar la zona con la mirada, sin obtener ningún resultado importante. Aun así, decidí guiarme por mi instinto y volar en dirección al bosque.

Luego de avanzar unos cuantos kilómetros, distinguí la silueta del otro Chris sosteniendo el cuerpo inconsciente de Eve en sus brazos. Tan rápido como pude, intenté aproximarme hacia ellos, pero al parecer, este notó mi presencia y decidió aumentar la velocidad de vuelo.

—Demonios —maldije, tratando de seguirles el paso.




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