NARRA VICTORIA.
Me desperté y vi la hora, note que eran las 23:00.
Vi a Elizabeth y Lexi recostadas a un lado en la cama en dónde estaba durmiendo. Del otro lado, en la otra cama estaban; Naím, Dyland y Víctor.
Por otro lado, Alexander estaba sentado durmiendo en una silla.
Me levanté despacio para no despertarlos y salí de la habitación, caminé por los pasillos. Sentía que necesitaba tiempo a solas, sin embargo empecé a escuchar pisadas detrás de mí.
—Hola señorita —Me saludo Daimhin.
—Buenas noches —murmure.
Él sonrió y habló de nuevo.
—Señorita, necesito que me acompañe. Su abuelo desea verla.
—Mi abuelo... —repeti susurrando.
Él asintió.
—Guieme en él, por favor.
Comenzó a caminar, y yo lo seguí despacio.
Al cabo de varios minutos él se detuvo en frente de una puerta, la tocó una vez para hablar.
—La señorita Victoria está aquí.
Espero unos segundos, sin embargo no escucharon nada al otro lados.
—Pase, él la esta esperando —Hizo un gesto con la mano para moverse a un lado.
Respire hondo, tome la manija de la puerta y luego la giré para abrir la puerta y entrar. Puede ver un hombre acostado en una cama y la suave luz de una lámpara que ilumina el lugar.
—Victoria, hijita. Ven pasa —hablaba con voz suave y casi inaudible.
—Hola abuelo, a pasado mucho tiempo —Trate de sonreír.
—Si mucho tiempo, has crecido mucho. Recuerdo cuando eras pequeña y te sentabas a mi lado a escuchar mis locas historias.
Me acerque y me senté a su lado. —Eran historias muy interesantes.
—Me dijeron que estabas enferma... y me preocupé.
—No fue nada, ya estoy mejor —Sonreí.
—Me gustaría decir lo mismo, pero mirame... estoy muriendo.
—Abuelo.
—Victoria es cierto, ya casi no me queda tiempo y por eso pedí que vinieran. Quería despedirme de todos ustedes, y también quería disculparme.
—¿Disculparte?, ¿por qué abuelo?
—No fui un buen abuelo, y menos un buen padre —Se lamentó.
—Eres el mejor abuelo que alguien puede tener.
—Eres la única que piensa eso —Tomo mi mano para sonreír.
—Eso no es cierto, los chicos también piensan lo mismo.
Él solo reía.
—Abuelo, se que no es el mejor momento, pero... ¿quería preguntarte si sabes algo de mi padre?
—Tu madre, ¿no te a dicho nada?
Negué.
—Querida, tienes que preguntarle eso a ella. Es la que te puede responder alguna duda sobre a tu padre.
—Lo sé, pero...
—Se que estas enojada con tu madre, con tus primos y tíos, pero por favor trata de hablar con ellos y arreglar cualquier malentendido.
—...
—Por favor, no me gusta verte sola y enemistad con... tu familia.
Suspire. —Está bien abuelo, voy a tratar.
Asintió levemente. —También, quería darte algo... Podrías sacar de la mesa que esta a mi lado izquierdo un diario.. y una pequeña caja.
Me levanté y me acerque.
—¿Qué quiere que haga con esto? —pregunte teniendo los objetos en mi mano.
—Son para ti... el diario es de tu mamá. Ella escribió muchas cosas acerca de tu padre, y creo que te van a servir... en la caja.
La abrí.
—El anillo que esta ahí... es tuyo. Es algo que en la familia de tu padre... se le dan a los hijos. Me lo dio hace mucho.
Lo mire confundida. —¿Mi padre?
—El sabía que algo le iba a suceder, así que un día me visito... Me lo entrego, dijo que cuando cumplieras cierta edad te lo entregara.
—…
—Ya lo iba a dar en tu cumpleaños... pero falta todavía un mes... y no creo que pueda dártelo, así que te lo entrego ahora.
Me arrodilló al lado de su cama. —Abuelo, perdón por no haber venido antes a visitarte —Mi voz se entre corto.
—No te preocupes, los días que estuviste aquí conmigo... fueron los mejores... además, tengo mis bellos recuerdos... y para mi son más que suficiente.
—Te voy a extrañar —susurré empezando a llorando.
Empecé a recordar todo lo que había vivido junto a mis abuelos; cuando íbamos al jardín a hacer un picnic, o cuando simplemente iba a ver y cuidar las flores con mi abuelo.
A veces íbamos al bosque de caminata, o tratábamos de cocinar, nos nos salía bien y la cocina quedaba casi quemándose y mi abuela nos regañaba, pero antes de hacerlo el le tomaba en brazos y corría para que ella no nos alcanzará.
—Victoria, siempre voy a estar contigo — Acarició mi cabeza.
—Pero me voy a quedar sola.
—Nunca vas a estar sola, tienes a tu madre y a tus primos.
—Pero...
—Pequeña... ellos te quieren, y sea lo que haya pasó antes... Tienes que perdonar y superarlo, para que puedas avanzar.
Lo miré y simplemente asentí.
~ ~ ~
—Victoria, despierta.
Escuché que alguien me llamaba y me desperté un poco somnolienta.
—¿Madre? —dije al tratar de reconocer a la persona que me había despertado, era Elizabeth—. Perdón Elizabeth, ¿qué sucede?
Recordé que estaba al lado de mi abuelo, me levanto rápido... y lo miré.
—Abuelo...
—Victoria, él ya...
No pudo terminar de decirlo, pero yo lo entendía.
—Gracias, abuelo —lo mire por última vez.
Él estaba con los ojos cerrados, sin embargo tenía un leve sonrisa. Recogí lo que me había dado y salí de la habitación, afuera note que estaban todos.
Al pasar a su lado solo me miraban, sin embargo no les dije nada y caminé, lo hice hasta salir de la casa.
—Victoria, espera —Lexi venía detrás de mi—. ¿Estás bien?
—Si, ya estoy bien.
—Me tenías preocupada, no despertabas y después desapareciste.
—Quería ir ver a mi abuelo, ¿cuanto tiempo estuve...?
—Dos días.
—...
-
—Alexander nos contó lo que pasó, disculpame por no haber estado ahí —hablaba algo triste.
—No te preocupes, fue mi culpa por perderme.
—Por eso estabas tan nerviosa.
—…
—Debí saberlo.
—Deja de pensar en eso, ya pasó.
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Editado: 06.07.2026